Petro, Maduro y la negociación de Monómeros

Por JORGE SENIOR

En la campaña electoral y en las comisiones de empalme entre el gobierno saliente y el entrante apareció un tema que sorprendió al país: la alianza de Iván Duque y Juan Guaidó frente a la situación de Venezuela terminó afectando los precios de los productos agrícolas en Colombia y, por ende, la canasta familiar y el bolsillo de los colombianos.  La conexión de la geopolítica y la inflación surge del hecho de que Duque entregó la empresa Monómeros a los compinches de Guaidó sin tener en cuenta que esta empresa productora de fertilizantes tiene un peso muy importante en el mercado interno.

Monómeros se convirtió así en una ficha clave de la partida de ajedrez que el nuevo gobierno tendrá que jugar en su política económica. Así lo entendió Gustavo Petro desde que era candidato. Un ejemplo del impacto de esta rama de la producción de insumos agrícolas en la macroeconomía lo evidencia Bolivia, que hoy tiene la inflación más baja del mundo y uno de sus “secretos” es la autosuficiencia en la producción de urea y amoníaco.

La empresa Monómeros Colombo-Venezolanos -su nombre original- surge en 1967 de una alianza binacional en la cual el Estado colombiano a través del IFI y Ecopetrol es dueño del 47% y el Estado venezolano a través de Pequiven, filial de PDVSA, es dueña de otro 47%, mientras el restante 6% es capital holandés que también aporta know how. Con esta fórmula ganadora funcionó con gran éxito durante décadas con su planta principal localizada estratégicamente en la ciudad de Barranquilla.  Hasta que llegó Uribe, siempre Uribe, y empezó el desastre.  El gobierno de Uribe no sólo representa el orden conservador en su versión del siglo XXI, también encarna el neoliberalismo con su afán privatizador y su errónea política de obtener algunos recursos vendiendo el patrimonio de la nación, así se trate de una empresa exitosa que genera ganancias y que es estratégica para la seguridad y la soberanía alimentaria.

El gobierno Uribe puso en venta a Monómeros y el gobierno venezolano, en ese momento boyante bajo el mandato de Chávez, la compró.  El Estado venezolano también adquirió en ese entonces la parte holandesa y Pequiven quedó como dueña absoluta, con el 100% de las acciones.  Hasta que llegó el inefable Iván Duque a la presidencia y de manera irresponsable involucró a Colombia en los asuntos venezolanos, poniéndose del lado de la oposición al régimen y rompiendo relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro.

Siguiendo un libreto que convirtió la geopolítica en payasada, Guaidó empezó a fungir como supuesto “presidente” y representante del Estado venezolano.  El gobierno de Duque y Martha Lucía Ramírez reconoció a ese seudopresidente, y así Guaidó sacó a la junta directiva de Monómeros e impuso a su gente.  A partir de ese momento la empresa empezó a decaer debido a los malos manejos, los costos financieros crecieron sospechosamente mientras la producción descendía.  Colombia empezó a importar más y más fertilizantes, haciéndose dependiente del mercado internacional.  Con la guerra entre Rusia y Ucrania los precios internacionales se dispararon, los costos de la agricultura colombiana se elevaron en consecuencia y nuestro bolsillo empezó a sufrir los efectos de las jugadas de Duque, guiadas por la ideología y no por el interés de hacer una política económica responsable en función de los intereses de los colombianos.  Hoy tenemos la inflación más alta en lo que va del siglo XXI y uno de los factores determinantes es el que estamos comentando.

Al entrar el gobierno Petro y restablecerse las relaciones con Venezuela, la costosísima cúpula de unos 23 venezolanos de la banda de Guaidó que maneja la empresa sabe que sus horas están contadas. No tienen sentido de pertenencia con Monómeros y menos con Barranquilla o Colombia.  Estos personajes tienen órdenes de captura en Venezuela (ver aquí) y seguramente ya tienen listo su plan de fuga.  La situación es peligrosa para esta empresa, que genera 600 empleos directos y mil empleos indirectos, pues el mercado de proveedores está “escamoso”, como solemos decir cuando alguien desconfía. 

Es urgente resolver esta especie de interinidad y estabilizar a la empresa que, afortunadamente, cuenta con personal barranquillero de alta calidad.  Petro lo sabe y quiere que la empresa funcione a máxima capacidad en sus tres líneas de producción para suplir el mercado interno y contribuir a contener la inflación. Nombró al barranquillero Armando Benedetti como embajador en el país vecino, sin duda con la misión prioritaria de resolver este asunto.  Está en curso una negociación de gobierno a gobierno.

¿Qué debe negociar Petro?

Lo ideal es que Colombia pueda comprar acciones y vuelva a ser codueña de la empresa, así sea con un porcentaje inferior al que tuvo en su edad de oro.  Esto le permitirá incidir y lograr transparencia en el manejo de la empresa.  Hay que extinguir la corrupción y disminuir los exagerados costos de la alta dirección de origen venezolano, que caracterizaron el período bajo el dominio de Guaidó. Es clave tener personal colombiano en la nueva cúpula empresarial. Y obviamente, se necesita una conducción idónea con visión e inteligencia, lo que no ha tenido en los últimos años.

Lo segundo es lograr en la negociación que Venezuela asegure una cadena de suministros a costos especiales muy favorables, por ejemplo de urea.  Monómeros necesita inversión, repotenciar la planta, actualizar la tecnología. Elaborar fertilizantes simples o de mezclas es insuficiente para las necesidades de la agricultura colombiana y los ambiciosos planes del gobierno Petro. Es necesario recuperar la transformación química para la producción de fertilizantes más complejos, con mayor eficiencia.

Monómeros es una empresa entrañable en Barranquilla, pues además de generar empleo, a lo largo de más de medio siglo ha apoyado la cultura, donado becas y ejecutado obras sociales, especialmente en su entorno del barrio Las Flores. Con mucho cariño recuerdo que Monómeros donó el dinero para adquirir el primer aparato proyector del Planetario de Barranquilla, una historia que pueden leer en este enlace.

@jsenior2020

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