Joe Biden, de espaldas al uribismo

Por SANDRA GARCÍA

En 2016 Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, con su lema “First America”, y desarrolló un plan de gobierno nacionalista que afectó la política latinoamericana. Durante su periodo la ultra derecha avanzó con fuerza, ocupando varias presidencias: Piñera (Chile 2018), Mario Benítez (Paraguay 2018), Nayib Bukele (Salvador 2019), Louis Pou (Urugay 2020) y Guillermo Lasso (Ecuador 2021).

Iván Duque fue elegido en 2018, dando continuidad a la ultra derecha uribista. Y en Brasil, increíblemente, subió Jair Bolsonaro un años después, “casualmente” países vecinos de Venezuela. Duque de inmediato empezó su política pro-Trump, implementando el infructuoso cerco diplomático, militarizando la frontera, rompiendo relaciones comerciales y apoyando a Guaidó como supuesto presidente interino.

Favor con favor se paga, reza el dicho popular. En 2020 para las elecciones de presidencia del BID (Banco de desarrollo Interamericano) Colombia en cabeza de Iván Duque empieza su injerencia política en Estados Unidos y vota por Mauricio Clever -candidato de Trump- el cual incumplía los requisitos para el cargo, pues no era latinoamericano ni tenía suficiente preparación. Trump apoyaba al entonces reo de la justicia Álvaro Uribe, mientras el Centro Democrático hacía campaña en Florida a favor de su reelección, acusando a Biden de ser “castrochavista” y amigo de la izquierda suramericana.

El arribismo uribista apostó todo por la reelección de Trump, destruyendo la neutralidad       haciendo caso omiso a las advertencias sobre las consecuencias legales y el peligro para las relaciones entre los dos países si ganaba el demócrata Biden, ya que su partido ha sido crítico de la política colombiana en derechos humanos y comercio. Como buenos evasores de las leyes y la constitución, continuaron su proselitismo abanderado por María Fernanda Cabal y Juan David Vélez.

Biden ganó la presidencia, una mala noticia para el uribismo que se desmoronaba en la política nacional gracias a la pésima gestión de Duque. Ahora su imagen era cuestionada, su proselitismo lo destacó como amigo de Trump, pero enemigo de la democracia norteamericana. Uribe trató de aliviar el error reconociendo el triunfo de Biden, mientras Duque utilizaba los medios locales para maquillar la fracturada relación.

El estallido social del 28 de abril, no solo expuso el inconformismo y cansancio del pueblo frente al gobierno uribista, ni la brutal violencia paraestatal del estado, también el rechazo de Biden.

Biden le dio la espalda al uribismo, desde su posesión en 2020 no hubo una sola reunión entre el mandatario e Iván Duque, algo jamás visto en la política colombiana. Una llamada 6 meses después rompió el silencio, Biden fue claro apoyaba a los manifestantes y cuestionaba la violencia estatal. Marta Lucía Ramírez tratando de remediar el alejamiento político y calmar los cuestionamientos, logra un acercamiento con el secretario de Estado Antony Blinken el 20 de octubre, pero no consigue una reunión presidencial. Por el contrario, Gustavo Bolívar y Alexander López Amaya, fueron recibidos por el congresista McGovern (presidente de la comisión de derechos humanos) quien revisaba pruebas de abuso policial en el paro y el 02 de Julio las víctimas y ONGS fueron escuchadas en el congreso estadounidense.

¿La guerra como acercamiento? El 24 de febrero se desató la guerra entre Ucrania y Rusia, Biden necesitaba unificar el continente a su favor, así que el 7 de marzo recurre al mandatario que más le sirve en ese propósito, Nicolás Maduro. Él sabe que debe negociar el bloqueo económico a cambio de petróleo y tumbar el show del “cerco diplomático”.  Trece meses después de su nombramiento, Biden se reúne con Duque para hablar del ingreso de Colombia como miembro no oficial de la OTAN. El gobierno de Duque calificó este encuentro como un éxito de “fuertes lazos” entre los dos países, pero evidentemente la razón de esta reunión era estrategia.

Duque el mitómano no aprendió, sigue interfiriendo en las elecciones de Colombia de manera inconstitucional, niega las cifras de la ONU sobre el aumento de la violencia y la pobreza en su mandato, autoglorificó su cerco diplomático y terminó de enterrar al uribismo y a su candidato, hoy para la opinión internacional Uribe es un “desaparecido” en la escena política del país.  

¿Cuál era la necesidad del uribismo para arriesgar de ese modo su relación con los demócratas? Algún día lo sabremos. Por ahora, baste decir que el uribismo se dio su estocada final y que la opinión internacional tiene puesto sus ojos en las elecciones, frente a un posible fraude en el país antidemocrático de Iván Duque.

@ladytron26

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