El “centro” desenmascarado

Por JORGE SENIOR

El centro político no existe.  Hay ideologías de izquierda y de derecha, pero no de centro.  En el espectro político ese término geométrico sirve de prefijo para referirse a la centroizquierda y la centroderecha.  Algunos partidos, como Alianza Verde en Colombia, intentan montarse a caballo del centro geométrico, integrando un ala de centroizquierda y un ala de centroderecha.  Por esa razón sufren tensiones internas y están expuestos a una escisión.  De hecho, la Alianza Verde está fracturada y en cualquier momento puede reventarse.

En Colombia, la centroizquierda está actualmente representada por el Pacto Histórico y la centroderecha por la “coalición de la esperanza”.  Es evidente que congresistas como Inti Asprilla y Katherine Miranda o líderes verdes como Camilo Romero, entre otros, no encajan allí, pues son de centroizquierda.  Estas tensiones internas de los verdes llevaron a que temporalmente este grupo político se apartara de la coalición.  El asunto es sencillo de resolver si no fuese por los cálculos políticos: la centroizquierda de los verdes debe sumarse al Pacto Histórico y el ala derecha, que hoy maneja el pudín burocrático de la capital y su mermelada, podría sumarse tranquilamente a la coalición. 

Esta coalición de centroderecha que contiene al MOIR, al resucitado Nuevo Liberalismo que pretende obtener réditos de un mártir y al inane Sergio Fajardo, quiere repetir la fallida estrategia de 2018 basada en una doble mentira: que Petro es un extremista y que ellos son centristas.  Pero el centro no existe, ellos son centroderechistas, así como Petro es centroizquierdista.  Ambos sectores son moderados a su modo, ambos alejados de los extremistas.

Esta estrategia fue usada con éxito en Estados Unidos: vendieron la idea de que Bernie Sanders era un extremista y así Biden pudo posar de centrista entre dos extremos: el de Bernie y el de Trump.  Eso lo señalé claramente aquí en El Unicornio en 2020 en una columna titulada La falsa polarización

Hace poco el profesor Paulo César Sepúlveda Zuluaga, más conocido por su famoso perfil de Twitter, “La falacia del día”, desenmascaró con mayor contundencia y detalle esa jugadita del supuesto “centro” en una excelente entrada de su blog, bajo el título “La falacia tibia” que se puede leer aquí. En este escrito utiliza el arsenal de la teoría de la argumentación para dejar en evidencia la jugarreta sistemática de personajes como Claudia López, Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Álvaro Forero Tascón, Fernando Posada, los periodistas Nacho Gómez y Daniel Coronell, entre otros tibios.  El profesor Sepúlveda va desnudando el discurso de estos personajes y mostrando las falacias con las cuales engañan y confunden al público.  Y no sólo eso, también queda en evidencia que esas falacias no son casuales sino que obedecen a una campaña sistemática en la mira de las elecciones de 2022.  Es una estrategia de campaña electoral que elude el debate de ideas, la confrontación programática.  De esta manera el nivel de la deliberación pública desciende a lo rastrero.    

Por estos días cae en paracaídas en la escena política otro personaje de centroderecha, el exministro Alejandro Gaviria, a quien suelo llamar Gaviria 2.0 por su sintonía con el patriarca César Gaviria que hace tres décadas nos dio la bienvenida al futuro, un futuro que nos quedamos esperando.  Con sus nombres grecorromanos este par es cualquier cosa menos renovación de la política.  Ambos son liberales, lo cual es bueno, pero ambos son neoliberales y eso es fatal.  Gaviria 2.0 puede posar de ateo y académico, pero por debajo de ese barniz es un político de toda la vida y un tecnócrata neoliberal, jamás un humanista, como quedó claro en el caso de Camila Abuabara y en múltiples declaraciones donde pone lo económico por encima de la vida humana.  Con ese  criterio inhumano, plenamente coherente con el neoliberalismo, Gaviria 2.0 manejó el sistema de salud en el gobierno Santos.  Por cierto, en esos aspectos de política económica y social, Santos es lo mismo que Uribe.  De allí que Hernando Gómez Buendía en su reciente libro de 800 páginas (reseña) titulado Entre la independencia y la pandemia, considera la contradicción Santos – Uribe como una falsa polarización.

Algunos quieren ver polarización en todo, dándole una connotación negativa.  En realidad lo que revelan es su antidemocrática aversión al debate de ideas y a las diferencias políticas e ideológicas.  Están acostumbrados desde el Frente Nacional a que los candidatos representen las mismas ideas aunque se disfracen con distinto color.  Un auténtico demócrata, por el contrario, se alegra por la pluralidad, las diferencias y los contrastes.

Por ejemplo, que en una contienda electoral estén enfrentados un hombre blanco de la élite paisa, como Gaviria, y una mujer negra de la Colombia profunda, como Francia Márquez, es algo muy saludable –en ambos sentidos- para la precaria democracia colombiana.  Es un magnífico contraste: el político tecnócrata neoliberal y la líder social, étnica y ambiental, el que representa a los de arriba y la que representa a los de abajo. 

El lema de Gaviria es copia del otro Gaviria.  El vocero del pasado dice que Colombia tiene futuro.  Eso sólo puede ser cierto si hay un verdadero cambio, es decir, si gente como Francia Márquez puede gobernar.  El lema de Francia es Soy porque somos.  ¡Qué bella expresión del sentido comunitario! Todo lo contrario a la ideología neoliberal que exacerba el individualismo y socava la comunidad.  Yo sí creo que Colombia tiene futuro, pues tengo la esperanza viva de que Francia, y lo que ella representa, serán parte del próximo gobierno y que nuestro país será de verdad un Estado social de derecho con alternancia.

@jsenior2020

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