Daniel Mendoza contra Álvaro Uribe (no al revés)

Por GERMÁN AYALA OSORIO

De la disputa jurídica entre el creador de la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal, y el expresidente Álvaro Uribe Vélez, se pueden hacer varias reflexiones.

Si bien el fallo la Corte Constitucional a través de la Sentencia T 242 de 2022 conmina al guionista y creador de la serie a rectificar afirmaciones que señalan al sub judice expresidente como responsable de la comisión de graves delitos, en el mismo texto se protege el derecho a la libre expresión, en la medida en que la serie podrá seguir exponiéndose, pese a la solicitud expresa del abogado de Uribe de sacarla de circulación. Esa pretensión, claramente contraria a todo principio democrático, fue negada por la Corte Constitucional. Habrá que ver qué deciden los magistrados ante la acción de nulidad interpuesta por Mendoza Leal.

Mientras se agotan los términos de la solicitud del director y creador de Matarife, es importante reflexionar sobre asuntos que rodean el caso, más allá de disputas legales. El primer asunto tiene que ver con la construcción social de la verdad. Y en este confluyen las libertades de prensa y de opinión, como sus factores principales. Las investigaciones y publicaciones de periodistas como Gonzalo Guillén y Julián Martínez han permitido que una parte de la sociedad se quite el velo mediático que por años cubrió el tenebroso pasado de Uribe Vélez. Ello constituye un avance enorme en términos democráticos y madurez social de una sociedad que por años vivió de las mentiras construidas por medios masivos uribistas como RCN, El Tiempo de Sarmiento Angulo, El Colombiano y la revista Semana de los Gilinski.

Así las cosas, con las narrativas que circulan de tiempo atrás en torno a la vida pública del imputado 1087985, se logró que esa construcción social de la verdad confirmara que Álvaro Uribe no es el político probo que periodistas y medios recrearon mediante una narrativa que desconoció las investigaciones de los colegas que no tragaron entero, y con la que fue posible ponerle un teflón a la imagen de una deidad que con el tiempo fue perdiendo seguidores y adoradores.

El segundo aspecto tiene que ver con la generación de opinión pública desde medios alternativos y redes sociales. Los efectos positivos que en materia electoral deja la serie Matarife quizás no estén aún cuantificados, pero son evidentes. A lo anterior se suma el papel de la academia en el develamiento de la verdad en torno a la vida de Uribe. Desde las investigaciones realizadas por Claudia López Hernández y Ariel Ávila, los debates que la primera lideró contra el exgobernador de Antioquia por sus vínculos con los paramilitares, pasando por los debates que el hoy presidente electo realizó en el Congreso, y por las mismas relaciones perniciosas con esas estructuras criminales, siendo congresista. Y súmenle el trabajo silencioso que cientos de profesores de colegios y universidades han realizado para quitarle la máscara al exmandatario.

Sea como fuere, hay que saludar los alcances de la tutela, a pesar de lo ordenado por el alto tribunal en lo que toca a la rectificación que le tocaría hacer a Mendoza Leal. De igual manera, se debe celebrar que hoy existe una opinión pública que se consolida gracias a los medios alternativos y a las redes sociales, en particular Twitter. La construcción social de la verdad es una realidad y es posible porque ella misma es un proceso autogestionado de la información y de la verdad socialmente aceptada.

Es tan fuerte y real ese proceso de construcción social de la verdad, que pasa por encima de los fallos judiciales que aún están pendientes en torno a la responsabilidad penal y política del imputado, sobre los crímenes que de tiempo atrás se le endilgan. Que la justicia haya sido inferior a la tarea de procesar y vencerlo en juicio, es un factor que termina legitimando las opiniones y la verdad socialmente construida a su alrededor. Lleguen o no las condenas, para millones de colombianos Álvaro Uribe es culpable de muchos de los delitos que Mendoza Leal le atribuye en la serie Matarife.

Ojalá en la revisión que hará el alto tribunal, se reconozca que existe una construcción social de la verdad que no solo descalifica a Uribe, sino que ya lo condenó. En todo caso, las opiniones que sobre dicho sujeto sub judice se lancen en público están amparadas, porque brotan de la sabiduría popular, alimentada por los periodistas y realizadores que optaron por hacer lo que les correspondía: aportar a la verdad histórica, a la verdad social.

@germanayalaosor

* Imagen de portada, tomada de Infobae

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