Una historia milenaria en territorio colombiano

Por JORGE SENIOR

El antropólogo y arqueólogo bogotano Carl Henrik Langebaek acaba de publicar un extraordinario libro titulado Antes de Colombia: los primeros 14.000 años.  Es tal vez el único texto que intenta hacer una síntesis del conocimiento actual sobre la larga historia del Homo Sapiens en el territorio de lo que hoy es Colombia. 

A finales de la edad de hielo una corriente migratoria procedente de Asia nororiental ingresó al continente que hoy llamamos América y, tras el cambio climático que marca el fin del Pleistoceno y el inicio del Holoceno, quedó aislada del resto de la humanidad.  Fueron los primeros humanos en pisar este continente y venían acompañados de perros, descendientes de lobos que fueron domesticados en Asia hace más de 28.000 años. 

En los siguientes siglos, en forma relativamente rápida se expandieron de Norte a Sur, se dispersaron y diversificaron, generando múltiples etnias, lenguas y culturas.  Este fenómeno coincide con la extinción de la megafauna en el Nuevo Mundo, pero no se sabe hasta dónde incidieron los humanos en ello.

Investigar la historia del poblamiento milenario del territorio colombiano es más difícil que hacerlo en Mesoamérica o en los Andes centrales, donde existieron grandes civilizaciones.  Primero, porque aquí no hubo ciudades ni poderosos Estados o Imperios con alta densidad demográfica y megaconstrucciones en piedra, al estilo de las pirámides mayas o mexicas, o las ciudades incas.  Lo más notorio fueron las estatuas de San Agustín en el Alto Magdalena, las terrazas y caminos de los Tayronas, los hipogeos de Tierradentro, los camellones de La Mojana y otras zonas, el observatorio solar de El Infiernito, el arte rupestre en La Lindosa y Chiribiquete.  Y segundo, porque el trópico rompe los paradigmas de la evolución social en el Viejo Mundo.  Las sociedades del norte de Suramérica se insertaron en un medio natural muy diferente a Eurasia y también distinto al de otras zonas de nuestro continente ubicadas fuera de la zona intertropical.

El conocimiento del pasado milenario del territorio sigue siendo bastante precario a pesar de los avances recientes.  Desde el holoceno temprano los pequeños grupos de cazadores–recolectores lograron ocupar la mayor parte del territorio pero con niveles bajos de densidad.  El trabajo antropológico con indígenas actuales nos muestra tres grandes familias lingüísticas: Karib, Arawak y Chibcha.  Por cierto, al parecer los chibchas no son de origen andino, sino centromericano, y los Karib no vienen del Caribe sino de los Llanos de la Orinoquia. Pero lo interesante es que el estudio lingüístico y genético muestra que los pueblos originarios ocuparon parches de territorios entremezclados, formando un complejo mosaico y no grandes zonas homogéneas.  Por tanto descubrir un pasado bajo tierra regado por todo el territorio es un reto gigantesco.  Y cuando se encuentran restos arqueológicos, se trata de muestras tan pequeñas y fragmentarias que sobre ellas no es posible hacer inferencias que nos brinden una síntesis generalizadora.

Langebaek es crítico de las interpretaciones simplistas de algunos colegas suyos, como la visión lineal del progreso y las explicaciones basadas de manera casi exclusiva en variaciones ambientales.  También evalúa negativamente la mirada anacrónica de sus colegas incapaces de quitarse las gafas modernas para entender a las sociedades diversas en sus propios términos.  Sin embargo, el panorama de 14.000 años sí nos muestra progreso, pero en rutas insospechadas y sin desembocar en el tipo de sociedad que llamamos “civilización”.

Las sociedades de cazadores – recolectores avanzaron en el conocimiento de centenares de plantas propias de un medio megadiverso y cambiante.  En contraste, los procesos civilizatorios “clásicos” en otras partes del mundo se concentraron en cada vez menos plantas y a veces en el monocultivo. En el holoceno medio, múltiples grupos intervinieron los bosques, transportando semillas y frutos, favoreciendo la multiplicación de ciertas plantas, luego domesticando algunas.  El territorio de lo que hoy es Colombia y Venezuela fue uno de los puntos del planeta donde se inventó la agricultura de manera autónoma, por ejemplo con la mandioca, pero fue un proceso lento, gradual, no lineal.  El maíz traído de Mesoamérica fue transformado y adaptado a los entornos andinos, amazónicos y del litoral norte.  Asimismo, la papa llegó del sur.  Algunos grupos llegarían a intensificar la agricultura y sedentarizarse relativamente en aldeas en los últimos tres mil años, pero nunca hubo una revolución agraria ni urbana.  Sin embargo, las enfermedades infecciosas -como la tuberculosis- se vieron favorecidas. La cerámica también apareció en el holoceno medio, quizás empezando en la Costa Norte y se diversificó por el territorio.

Este lento proceso de cultura agraria pero sin ganadería llevó en algunos pueblos a una mayor diferenciación social en el holoceno tardío, en contraste con las sociedades más igualitarias de los cazadores – recolectores.  Sin embargo, la jerarquización de las sociedades agrarias era más una cuestión simbólica que de acumulación de riquezas o apropiación de excedentes producidos por otros.  La lógica de acumulación y concentración de riqueza material y de tributación no se desarrolló en este territorio, ni siquiera en los cacicazgos, según Langebaek.  La circulación de objetos, ofrendas y alimentos obedecía a una lógica distinta al cálculo económico y tenía que ver más bien con costumbres y rituales propios de las cosmovisiones indígenas.  Esto incluye la metalurgia que también se desarrolla en el holoceno tardío. 

Todo esto era incomprensible para los españoles que en sus crónicas muestran perplejidad o equívocos en la interpretación de lo que veían.  Lo mismo aplica para fenómenos como violencia, esclavitud, sacrificios humanos, canibalismo, festividades y división sexual del trabajo.  

El contacto intercontinental hace poco más de 500 años fue un choque cultural inevitable, aun a pesar de que a ambos lados del océano predominaba el pensamiento mágico.  Los conquistadores no era modernos, eran europeos pobres que fueron lanzados como carne de cañón por una maquinaria de acumulación que ya se había consolidado culturalmente en Europa y que llevaría a un nuevo tipo de sociedad: el capitalismo.            

@jsenior2020

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