Trochas y fusiles: la guerrilla como un acto de fe

Por YESS TEHERÁN

-¿Qué es ser colombiano?
-No sé -le respondí-. Es un acto de fe.
Jorge Luis Borges

Días atrás, después de recorrer una de las pocas librerías de mi ciudad en busca de un libro que me ayudara a salir del atasco que me había producido la lectura reciente de una novela, me decidí por Trochas y fusiles de Alfredo Molano. 

Al comenzar la lectura tuve dos certezas: lo poco que conozco de los territorios de Colombia diferentes al que habito, y la ignorancia aun mayor de este conflicto armado que promete nunca acabar.

Con la primera certeza supe que, a pesar de la conciencia que tenemos como colombianos de la biodiversidad de nuestro país, muy fuerte desde aquella Real Expedición Botánica promovida por Mutis en 1783 de la que tanto nos hablan en la escuela, son pocas las oportunidades que tenemos de recorrerlo, de caminarlo.

«Esta larga crónica de Alfredo Molano nos acerca al lado humano de personas se articularon bajo un vínculo que podría entenderse como un acto de fe… revolucionaria».

La biodiversidad de fauna y flora es un símbolo importante de nuestro imaginario colectivo, hace parte de nosotros como nación. Alfredo Molano nos acerca a ese territorio, no sólo por la selva y las trochas imposibles, sino por los pueblos, páramos y ríos. Sigue con su mula el susurro de las personas, el día a día en el campo.

En cuanto a la segunda certeza, hago parte de una mayoría desinformada, que sabe poco y lo poco que sabe no es tomado de las mejores fuentes: la prensa nacional, la escuela, ninguna de las dos lo muestra en su esencia real ni se atreve a abordarlo. Ni siquiera la universidad, donde la información que se transmite sobre las regiones que componen nuestro territorio no es siempre la que se espera de un centro de formación superior.

Las FARC son un grupo guerrillero que desde su fundación en los años 60’s sufrió tantas transformaciones y metamorfosis, que terminó desdibujado en el narcotráfico. Sin embargo, en esta larga pero atrayente crónica Alfredo Molano nos acerca al lado humano de las personas que integraron estas fuerzas, articuladas o integradas bajo un vínculo que bien podría entenderse como un acto de fe… revolucionaria.

Los personajes que transitan las trochas de este libro habitaron en el sueño de un país mejor para todos: querían para sus familias y para los pueblos que ayudaron a fundar, un territorio que no fuera alcanzado por la violencia a la que intentaban resistirse, preferían o anhelaban un territorio ajeno a los conflictos sociales y lleno de cultivos, donde pudieran compartir sus cuitas y sus propias alegrías.

Intentaron variadas alternativas para evadir un destino distinto al de los fusiles, pero la violencia, como el fuego, consume vorazmente los territorios. Pese a los diálogos de La Habana que quisieron apagar este incendio de balas, la intención no halló eco en la contraparte.

El libro-crónica de Molano, más allá de ser un testimonio en el tiempo de las trochas y los fusiles, es un relato centrado en la fe revolucionaria que mueve a colombianos (porque también lo son) que perdieron todo, menos la esperanza, y hoy siguen transitando por caminos que conduzcan a la única utopía que los puede salvar: la paz.

@barcelonasilvo1

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