Tríptico de Juanpis: la crudeza de la vida real

Por HERMANN SÁENZ PRIETO

El cambio de rumbo narrativo que de un tiempo para acá han tomado los videos de Alejandro Riaño con su personaje Juanpis González, demuestran que antes que como humorista, quiere actuar como retratista de una realidad social que muchos prefieren mantener oculta. Por ejemplo, que en solo Bogotá hay casi 10.000 habitantes de calle. Y nos pone a mirar lo que no queríamos ver, al mendigo que se alimenta de los restos de la langosta que Juanpis no se alcanzó a comer entera, porque no le cupo.

Eso no produce risa, pero sí pone a pensar en serio.

Son tres las más recientes producciones que se enmarcan dentro de esa línea narrativa de la crudeza social, con un trabajo de producción cinematográfica de alto nivel en actuación, libretos, escenografía y demás, a cargo de Riaño Producciones.

Comenzando por el video Gente de bien: Juanpis pone el dedo en la llaga con el caso del soldado que enfrentado a una protesta se ve obligado a atacar a los manifestantes, pero siente que va en contra de sus principios.

Luego siguió sorprendiendo con Los invisibles, donde Alejandro pareciera querer decir no más humor, el palo no está para esas cucharas, y empieza a actuar en clara reminiscencia de otro que también nos hacía reír llorando: Jaime Garzón.

En Los Invisibles acude a los contrastes de clase social, el campesino de bajos recursos que se baña a totumadas mientras el millonario Juanpis se sumerge en su jacuzzi. Y la indiferencia de estos, los ricos de este país, frente a la situación económica de los pobres cada vez más pobres. El campesino que solo quiere que le paguen lo que le deben, el millonario que se molesta porque el pobre le cobra lo que le debe y tanto necesita.

En diez minutos Riaño logra conmovernos con historias cero ficción, lo que pasa todos los días frente a nuestros ojos: la falta de empatía de los que más tienen con los que casi nada tienen. Esto, en últimas, es lo que nos ha convertido en uno de los países más desiguales del mundo.

Los subterráneos de Riaño Producciones.

Cuando aún no nos habíamos repuesto del jab de izquierda lanzado al mentón con el video anterior, dispara un uppercut demoledor al rostro de su público con Los subterráneos. Allí Riaño se sumerge en la vida de los habitantes de la calle, por un lado, y en la inveterada indiferencia de los acaudalados, por el otro. Después de que Juanpis y su mujer medio-se-comen dos langostas porque ya están ahítos de tanta comida, el indigente encuentra en la bolsa de la basura del restaurante esos restos y se da un banquete, para luego sumergirse de nuevo en la dura vida que lleva bajo las alcantarillas de la gran ciudad. Ocho minutos son suficientes para volver a tocar el alma y cuestionarnos en torno a si será que aún estando nosotros lejos de ser ricos, pudiéramos hacer algo por esos habitantes de la calle.

Una manera de conocer el efecto de estos videos, de impecable producción, es mediante la lectura de los comentarios hechos por la gente en el canal de Youtube. Allí se percibe que a una gran mayoría le llegó el mensaje, incluso más de uno -y una- confiesa que no pudo contener las lágrimas.

Juanpis en estos tres videos se convierte definitivamente en el malo del paseo. Es un brusco sacudón a la conciencia del país en forma de tríptico, para que la gente reaccione. Lo mismo que de algún modo había intentado Jaime Garzón a través de sus personajes, digamos que Riaño lo acoge y trata de preservar su legado.

Para Alejandro Riaño no hay mayor precisión que la crudeza de la vida real.

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