Petro y la conciliación de clases: ¿seguiremos el camino de Perú?

Por DIEGO OTERO PRADA

Latinoamérica siempre ha sido una región caliente, zona de golpes de Estado, dictaduras, intervenciones de Estados Unidos y de conflictos sin resolver.

En las últimas décadas las fuerzas progresistas han sido objeto de arremetidas furiosas por la derecha y el imperio.  Golpe sangriento en el Chile de Allende, derrocamiento de Fernando Lugo en Paraguay, de Manuel Zelaya en Honduras, la destitución de Evo Morales en Bolivia, de Dilma Rousseff en Brasil, la traición de Lenin Moreno en Ecuador, el triunfo de la derecha en Uruguay, las arremetidas contra Cuba, Nicaragua y Venezuela y hace pocas semanas golpe de Estado contra Pedro Castillo en Perú. Hoy el partido judicial quiere proscribir a Cristina de Kirchner, Xiomara Castro de Honduras está siendo hostigada, la derecha mexicana y española atacan irracionalmente a López Obrador y Luis Arce de Bolivia está sufriendo golpes de la extrema derecha del departamento de Santa Cruz.

La derecha y el imperio se mueven, de ahí que no hay que bajar la guardia y creer que porque se hacen acuerdos con ella no pasará nada. El imperio nunca descansará de tener gobiernos títeres, más cuando se encuentra en la época de la decadencia, que es más peligroso.

De ahí que es necesario ver que pasa en Colombia con el gobierno del presidente Gustavo Petro, caracterizado como una conciliación de clases.

Composición del gabinete ministerial

Un primer paso en el análisis es ver cómo se encuentra organizado el gobierno a nivel de ministerios.

El ministro Hacienda está en manos del liberal samperista Augusto Ocampo, coordinador del programa de Sergio Fajardo, un economista muy decente y preparado pero con una orientación neoclásica conservadora. Para este análisis se considera fajardista.

Se tiene como ministro del interior a Alfonso Prada, de corte santista.

Mauricio Lizcano director del Departamento Administrativo de la Presidencia-DAPRE, pereirano, viene del partido de la U, de derecha.

La ministra de Agricultura, Cecilia López Montaño, gran persona y mujer ilustre, es liberal samperista, que afirma no ser de izquierda, que ha estado en diversos gobiernos de distinto origen ideológico, quién promovió el acuerdo con el derechista Lafaurie, que en cualquier momento mostrará quién es.

El ministro de Educación es Alejandro Gaviria, quien apoyaba a Fajardo, es de corte neoliberal.

En el ministerio de Comercio Exterior, Germán Umaña Mendoza, según parece venía vinculado al Polo Democrático.

La ministra de Vivienda, Catalina Velasco, que se dice es liberal, en realidad es purasangre de Gustavo Petro.

La ministra de Medio Ambiente, Susana Muhammad, es purasangre también de Petro.

La ministra de Deportes, María Isabel Urrutia, campeona de peso, es del Partido de U, muy importante como deportista, pero ignorante del Estado y de las funciones administrativas.

El ministro de Justicia, Néstor Osuna Patiño, es liberal, dicen que progresista.

El ministro de Transporte, Guillermo Reyes, del Partido Conservador.

El ministro de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva Durán, es amigo de la Paz, pero es un conservador puro.

El ministro de Defensa, Iván Velázquez, un defensor de los derechos humanos, muy tímido, independiente, petrista, no representa a ningún partido.

La ministra de Salud, Carolina Corcho, petrista.

La ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, una ignorante de los temas energéticos-mineros, es cuota de la vicepresidente, hija de su asesor.

La ministra de las TIC, Mery Gutiérrez Cabezas, del partido de  la U

El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Arturo Luna, desconocido, supuestamente petrista.

Las ministras de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, y de Cultura, Patricia Ariza, vienen del Partido Comunista, que no representa más del 1% de los votos, sin ninguna importancia hoy en día.

En total se tienen tres liberales (Néstor Osuna, Catalina Velasco y Cecilia López), dos conservadores (Álvaro Leyva y Guillermo Reyes), dos del Partido de la U (María Isabel Urrutia y Mery Gutiérrez Cabezas), dos fajardistas (José Antonio Ocampo y Alejandro Gaviria) y un santista (Alfonso Prada), para diez representantes de partidos tradicionales y del sistema.

De los ocho restantes, dos vienen del partido Comunista (Patricia Ariza y Gloria Inés Ramírez), uno del Polo Democrático (Germán Umaña), una de la Vicepresidencia (Irene Vélez) y cuatro petristas (Carolina Corcho, Susana Muhammad, Iván Velázquez y Arturo Luna.)

A lo anterior se añade el director del DAPRE que proviene del Partido de la U.

Otro cargo importante es del director del Departamento Nacional de Planeación, el economista Jorge Iván González, quien estuvo con Fajardo, que es un hombre académico bien preparado y progresista. Es un profesional independiente.

Un gabinete que no da garantías de cambio

Es un gabinete que incluye mayoría de representantes del sistema oligárquico colombiano, de partidos de derecha clientelistas y corruptos que han estado en el gobierno en los últimos siglos. Esto no significa que algunos de los representantes de estos partidos sean corruptos y clientelistas, caso de los ministros de Hacienda y Agricultura.

¿Creen lectores que con este gabinete se puede ir hacia un cambio profundo? Mi respuesta es no.

Tenemos semejanzas con lo de Pedro Castillo en Perú. Allá se tiene al fujimorismo y en Colombia al uribismo, por fuera del gobierno, haciéndole una oposición virulenta al gobierno. También está en la oposición el partido Cambio Radical, de orientación derechista.

El resto de la derecha está en el gabinete, una derecha defensora del sistema, amiga del imperio, cuyos partidos defienden al sistema elitista colombiano y representan el clientelismo y la corrupción de 212 años de independencia.

El poder judicial, como en Perú, es corrupto. Los medios de comunicación defienden los intereses de la oligarquía y el imperio. Las fuerzas armadas y de policía, aunque se hizo una poda, siguen influenciadas por el uribismo, el imperio y la derecha.

No hay un partido de izquierda. El Pacto Histórico es una mezcolanza de intereses muy variados, de grupos y personas sin una ideología clara y común.  Colombia Humana es Petro, no tiene ninguna organización. Forman parte del Pacto Histórico clientelistas como Roy Barreras y Armando Benedetti, y una multitud de partiditos y personalidades sin fuerza electoral propia. No es un partido, es una montonera sin cohesión ideológica.

El gabinete es lo mismo, una suma que no suma, de gente de derecha, de neoliberales, de supuestos progresistas, de individualidades amigas de Petro. No tiene coherencia. No se ve que haya un salto cualitativo con el pasado.

Lo bueno y lo malo del gobierno

Ya van cuatro meses y medio del Gobierno y ya podemos hacer una caracterización preliminar del mismo. Hay puntos positivos y algunos negativos.

Entre los puntos positivos:

1. Hay un ambiente de tranquilidad, de libertad, a nadie se persigue, no hay represión.

2. Hay un nuevo proceso de paz que, si se logra, favorecerá al país en todo sentido.

3. Hay una nueva política internacional, que se refleja en el restablecimiento de las relaciones con Venezuela y en el rechazo al golpe de Estado en Perú.

4. Se aprobó una reforma tributaria que debe mejorar la distribución del ingreso, a pesar de que se excluyeron temas importantes y se introdujeron algunos artículos dudosos en cuanto a los efectos sobre los estratos bajos.

5.  Hay indicios de una política laboral más positiva.

6. Se plantean cambios en el sistema de salud como ir hacia una salud preventiva.

7. Hay voluntad de atender las reclamaciones del campo, pero faltan hechos concretos.

Entre los puntos negativos se tienen:

  1. Una política energética desastrosa.
  2. La administración todavía no arranca, hay mucha desorganización y continúan funcionarios importantes que vienen de la administración de Iván Duque.
  3. La administración departamental continúa en manos de los partidos tradicionales, y por supuesto de uribistas y duquistas.
  4.  El cambio no se ve, todavía hay mucha retórica.
  5. Continúa el clientelismo y el nepotismo.
  6. El presidente a veces confunde con sus trinos, ya que no es consistente y quiere pontificar de todo.
  7. Sigue la privatización de Ecopetrol, con una junta directiva que sigue las normas de la OCDE, sin presencia del ministerio de Minas y Energía y dirigida por un privado.
  8. Continúa la política neoliberal de precios de los combustibles que viene de los gobiernos de Uribe y Santos. Sigue el Fondo de Estabilización de los Combustibles aprobado en 2007 por Uribe, cuando otra ley del Plan de Desarrollo lo puede acabar.

Difícil un cambio profundo con los partidos del sistema en el gobierno

En Colombia se habla de gobernabilidad para justificar la entrega de tanto poder a los partidos tradicionales, lo cual es en realidad una conciliación de clases, que como muestran los ejemplos de Perú, Chile y Brasil pueden conducir al regreso de la derecha o a la paralización de los gobiernos.

La derecha ya lo ha mostrado, nunca va a ceder en nada, no permite mínimos cambios, es hoy subversiva, apela al odio, al miedo, las mentiras, las calumnias y cuenta con el apoyo de las fuerzas armadas, del imperio, el partido judicial, la derecha internacional y los organismos financieros y multilaterales.

Hay que estar en máxima alerta y confiar en la movilización popular. Prepararla, no esperar a lo último para solicitar el apoyo de las organizaciones obreras, campesinas, de los estudiantes, de los profesores, de los intelectuales.

Las caídas de Pedro Castillo, Evo Morales, Allende, Zelaya y otros tienen mucho que ver con que se confiaron en estas alianzas con las derechas. Ellas esperan y cuando los presidentes comienzan a tomar mecidas reales de cambios, lanzan el zarpazo.

Conclusiones

El gobierno de Gustavo Petro no es revolucionario ni de izquierda, sino de tipo reformista liberal. No plantea una posición anticapitalista, sino implementar una versión de capitalismo social.

Esta interpretación es totalmente contraria a lo que dice la derecha y muchos analistas, y aún partidarios del presidente que lo califican de izquierdista. Para la extrema derecha es comunista.

La pregunta es si esto es lo que querían los 11 millones de colombianos que votaron por Gustavo Petro, o si deseaban un cambio más profundo del sistema socioeconómico colombiano.

@DiegoOteroP

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