No llorar -todavía- sobre la leche no derramada

Por JORGE GÓMEZ PINILLA

Tomado de El Espectador

Si nos diera por parodiar el famoso Manifiesto de Marx y Engels, diríamos que tras el triunfo del 29-M un fantasma recorre las filas del Pacto Histórico: el fantasma del desaliento. ¿Por qué la paradoja? Porque las matemáticas no mienten: los votos por Rodolfo Hernández (5.953.209) son de personas apasionadas que no se moverán un milímetro de ahí, y los de Federico (5.058.010) igual se irían en avalancha por el santandereano. Y la diferencia frente a los que obtuvo Gustavo Petro (8.527.768) es exactamente de casi dos millones y medio de votos.

Olga Gayón, periodista colombiana residente en Bruselas, se hace esta pregunta en columna para su muro de Facebook: “¿Cómo puede ser que la izquierda colombiana haya sacado la mayor votación en 200 años y se sienta derrotada?”. Como ella misma acota, dicha desazón puede obedecer a que “muchos votantes estaban convencidos de que Petro y Francia ganarían en la primera contienda. Por tanto, ya hablan de haber perdido las elecciones”.

En columna del 4 de mayo manifesté que Petro la tenía fácil siempre y cuando “el petrismo busque un acercamiento sincero, cálido y afectuoso con las huestes de Sergio Fajardo, ahora que ha quedado más que comprobada su absoluta imposibilidad matemática o probabilística de pasar a segunda vuelta”. (Ver columna). No es hora de señalar responsabilidades sobre lo que pudo haber sido y no fue, pero todo indica que la tarea sigue pendiente, pues muchos de los votantes de Fajardo -en cifras cercanas a millones- se fueron hacia Rodolfo, no con Petro.

Este es, en esencia, el motivo por el cual el anhelado triunfo definitivo en primera vuelta de las fuerzas que propenden por un cambio de fondo no se obtuvo. Porque pareciera haber entre el “centro exquisito” una especie de aversión o refinado rechazo contra Petro, que conduce a que así compartan las tesis progresistas del Pacto Histórico, a Petro no se lo resisten.

Como dijo con notable sarcasmo Luis Carlos Jacobsen, «A mí del candidato me vale 5 su programa, no me importa si es corrupto, si gana con votos comprados, si es un hampón, un grosero, si es misógino, si le gusta Hitler, si no le conozco propuestas, nada. Solo me importa que NO gane Petro».  ¿Es una posición egoísta o un prurito de corte clasista (o racista)? Lo uno y/o lo otro. (Ver trino).

Ahora bien, justo el lunes en horas de la mañana tuve ocasión de leer la columna de Gayón ya citada, y la sentí como una ráfaga de optimismo que renovó la esperanza en una verdadera transformación para Colombia. (Ver columna).

Es por ello que hoy he querido ceder una buena parte de este espacio de opinión a la apreciada colega, porque ahí es posible apreciar desde el otro lado de la moneda que nada se ha perdido, y constituye a su vez el relevo escritural que yo necesitaba para dejar de llorar sobre el cántaro de leche que todavía no se ha derramado.

La columna de Olga Gayón comienza por referirse a “la falta del hábito de ganar de la izquierda colombiana” y continúa así:

“Esta primera vuelta para Gustavo Petro y Francia Márquez ha sido un éxito rotundo. Las dos vueltas se han hecho para competir, y tanto los candidatos como sus electores deben prepararse para luchar por la presidencia en las dos rondas. En estas elecciones el gran derrotado ha sido el uribismo, representante de la más cruel extrema derecha en Colombia. Por tanto, la izquierda y todos los demócratas colombianos deberían estar celebrando el hundimiento de la influencia política más nefasta de Colombia en el último siglo.

La política se basa en la posibilidad de lograr acuerdos y consensos entre partes divergentes. Gustavo Petro y Francia Márquez deben comenzar a dialogar con las fuerzas políticas y económicas, con los grupos de poder y presión tradicionales. Hoy la izquierda hace política con mayúsculas, hasta conseguir una votación estratosférica. Ahora, ha llegado el momento de consensuar para ampliar el espectro de electores. Petro y Márquez tendrán que aprender a ceder, al igual que lo deben hacer esos centros de poder tan arraigados en la clase dominante.

De otro lado, los mismos votantes tendrán que esforzarse en hacer una campaña positiva, que llame al verdadero cambio en Colombia. No pueden enfocarse solamente en atacar a Rodolfo Hernández, el pequeño Trump tropical, por cierto muy vulnerable por sus ideas fascistas y misóginas. Todas las baterías deben funcionar en positivo para ilusionar a los millones de colombianos que se abstuvieron de votar en esta primera vuelta, y a los que votaron por otros candidatos pero no quieren que Colombia caiga aún más bajo. 

Petro, Márquez y diez millones de votantes pueden conseguir el cambio. Para ello hay que centrarse en la oportunidad que tendrán los colombianos de lograr ese cambio, no en descalificar a un hombre que ya está descalificado y que los colombianos saben que no tiene talla de estadista, y ni siquiera es buena persona.

Hoy la tarea consiste en darle la vuelta a ese 52% alcanzado por los dos candidatos de la extrema derecha. Hay que ilusionar a millones y millones con el cambio, recordar a cada segundo que Gustavo Petro ganó con más del 40% de la votación y más de 12 puntos por encima del segundo. En la actitud de los dirigentes del Pacto Histórico y de votantes estará prácticamente el resultado de las elecciones del 19 de junio.

Ellos deciden”.

Post Scriptum: Queda uno súpito, atónito, estupefacto al constatar que hace tres años Rodolfo dijo de cierto rival político suyo que “lo han manoseado más que a una prostituta de Puerto Wilches”, y ganó en Puerto Wilches. Y de Vichada no sabía que existía ese departamento, menos recordaba su capital, y allá también arrasó en votación. ¿Pueblo masoquista? Ni idea. Pero bien primitivo y fácilmente manipulable, sin duda.

@Jorgomezpinilla

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