Las guerras silenciadas

Durante meses estuvimos atentos a los avances del conflicto originado por la invasión de Rusia a Ucrania. Putin y Zelensky se convirtieron en los personajes más mediáticos del mundo, quienes aparecían todos los días en las noticias internacionales, debido a la crueldad del conflicto. Sin embargo, durante los últimos ocho meses la atención se ha desviado hacia la franja de Gaza, donde el gobierno de Netanyahu está cometiendo un genocidio contra los civiles palestinos. En esta guerra, Israel parece incapaz de derrotar al grupo terrorista Hamás y en su frustración está cobrando la vida de niños en sus escuelas, de ancianos en sus albergues, de enfermos en los hospitales y de familias inocentes en sus casas.

Mientras el mundo observa por televisión la crudeza de la guerra en estos dos escenarios, en otras regiones del mundo los conflictos son igual o peor de sangrientos, con la diferencia que no son cubiertos por los medios de comunicación occidentales, en un hecho de discriminación que a casi nadie le disgusta, muy seguramente porque la mayoría ocurre en el continente africano.

Para las grandes cadenas de televisión y los más destacados periódicos, la guerra en Burkina Faso tiene muy poca relevancia, a pesar de la presencia allí de Al Qaeda y el Estado Islámico y los miles de muertos que se cuentan cada año.

Lo que ocurre en Somalia es marginal en las noticias. Allí la crueldad de las acciones del movimiento islámico Al Shabaad, que lucha por derrocar un gobierno que tiene el respaldo de la Unión Africana, apenas sí figura en reportes de organizaciones humanitarias.

Naciones Unidas, con sus evidentes limitaciones políticas, se resigna a publicar datos estadísticos sobre la guerra en Sudán, donde casi siete millones de personas han tenido que emigrar y alrededor de 25 millones de personas están sitiadas por el hambre, como parte de una estrategia de guerra de grupos paramilitares que buscan derrocar al gobierno.

También en Myanmar, Nigeria y Siria la guerra es implacable y duradera, sin que haya reportes de los grandes medios de comunicación, debido a que sus dueños y los periodistas han silenciado el horror de los conflictos en esos países, que se han vuelto recurrentes durante las últimas cinco décadas.

Un poco más de atención tiene la guerra en Yemen, muy seguramente porque Estados Unidos, Reino Unido, Arabia Saudita e Israel intentan infructuosamente, desde hace una década, retomar el poder que ostentan los hutíes en Saná, la capital de este país, cuya población es cercana a los 40 millones de personas.

El cubrimiento periodístico de la guerra responde a la dinámica del marketing, pues es mucho más impactante desde el punto de vista de la comunicación occidental difundir las dramáticas escenas de familias huyendo de la guerra en Palestina; de madres y padres llorando la muerte de sus hijos en Ucrania; y de niños huérfanos deambulando por ciudades destruidas; que contar una historia ya repetida de militares y sediciosos africanos degollando y mutilando a sus víctimas.

@humbertotobon

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