El compromiso de Gabo con la excelencia

En esta segunda entrega (de tres), hablamos con un experto en literatura, el maestro José Sosa.

—Yo diría que la mayor virtud de García Márquez fue ser una persona cálida, un tipo profundamente inspirador en su trato con los demás, y afable. Una buena persona, en sentido simple; que lo llevaba a ser demagogo, en cierto sentido. Cuando decía «lo único que yo hice fue contar los cuentos que me contaba mi mamá; yo no soy ningún genio», mostraba esa profesión de humildad que a él le interesaba presentar como ejemplo de que todos podemos ser capaces de cosas significativas, de dar lo mejor de sí y ser muy buenos en su oficio, cualquiera que sea este, así como el hijo del telegrafista pudo ganar un premio Nobel.

Otra parte que siempre referencian sus amigos es su calidez y su consideración; incluso sus amigos profundamente de derechas, y hasta monárquicos, como Álvaro Mutis, que no ahorraban elogios sobre este aspecto de su personalidad. Gabo contaba con una enorme inteligencia emocional, con gran capacidad y disposición para ponerse en el lugar del otro, principio fundamental de la escritura literaria; si uno no aprende a ponerse en el lugar del otro, pues no va a poder escribir literatura jamás.

Hay que destacar su compromiso y su determinación profesional; su convicción por dar la lucha por vivir de la literatura en un mundo en que eso es terriblemente difícil. Él quiso hacer su vida y ganarse todos sus pesos a punta de su talento para escribir, y esa determinación lo llevó a un compromiso ético enorme, que es la diferencia entre el escritor joven de 27 años de La hojarasca y el de Cien años de soledad a sus 40. En esos 13 años logra desplegar un nivel, una calidad, un registro, un prodigio, un talento, que alcanzan su punto máximo en El otoño del patriarca. Eso se hace a punto de compromiso, inteligencia y horas y horas de lecturas, de escrituras, de pruebas. Ese compromiso por hacer las cosas lo mejor posible, esa determinación por lograr algo mejor viene de una profunda insatisfacción, que incorpora un matiz político: nadie que esté contento con el mundo va a ser un disidente político. Esa disidencia, esa insatisfacción y determinación por lograr realmente la mejor versión es lo que más celebro de él, porque hay mucho bobo que logra dos versos buenos y está convencido de que puede echarse a dormir en sus laureles; mucho bobo que se dedica a escribir y está convencido de que eso no tiene nada que ver con ponerse a estudiar y a leer con juicio a los grandes escritores, sino que mi diosito lo hizo así, talentoso.

@PunoArdila

Tomado de Vanguardia

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