La superioridad ética del M-19

Por JORGE SENIOR

El informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición es un documento de gran trascendencia para Colombia. Es el resultado de un trabajo serio de varios años, investigando y recopilando testimonios a lo largo y ancho del territorio. Es un material que da voz a las víctimas del conflicto armado colombiano. En conjunto ocupa varios volúmenes y componentes, y tiene formato multimedia, por lo que puede consultarse en el siguiente enlace.  En un acto público fue entregado al presidente electo, Gustavo Petro, mientras que el presidente saliente, Iván Duque decidió no asistir con el pretexto de un viaje. 

La realidad es que no sólo Duque, sino todo el uribismo mediático y trinador han rechazado el documento sin haberlo leído, recurriendo a pseudoargumentos falaces. Lo tildan de sesgado, cuando en realidad es un trabajo que recoge los testimonios de las víctimas de todos los actores armados del conflicto posterior a 1960. El documento es ecuánime y en el análisis es crítico, tanto de los paramilitares y las fuerzas del Estado como de las guerrillas de todos los pelambres.  Precisamente su virtud es que le da a cada actor lo que merece. Eso es lo que el fascismo azul, con su cabeza uribista, no aceptan, pues su versión amañada de la historia de la guerra interna queda desenmascarada cuando se ponen en evidencia los crímenes de Estado, las alianzas de las fuerzas armadas con los paramilitares, y la financiación por sectores de las élites, todo lo que ellos quieren ocultar. No se atreven a reconocer que el trabajo también pone en evidencia la degradación en que incurrieron ciertos grupos guerrilleros, especialmente desde los años noventa.

Cuando el Presidente Petro recibió el documento, anunció que también sería publicado masivamente en forma de libros en su gobierno, para que en cada hogar y en cada escuela se pudiera leer y estudiar la cruda descripción de nuestra conflictiva historia. Soy de la opinión de que en el nuevo gobierno se recupere la enseñanza de la historia en los colegios y, en ese contexto, el trascendental informe de la Comisión de la Verdad debe ingresar como material de estudio.  Por mi parte ya inicié la lectura de la parte del informe que se titula Hallazgos y recomendaciones. Es la parte más analítica, con datos estadísticos y elaboraciones teóricas, arriesgando interpretaciones y evaluaciones críticas. Todo este esfuerzo investigativo complementa la gran obra del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) durante la dirección del científico Gonzalo Sánchez, en especial el informe general titulado ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad (2013).

Permítanme una digresión: es una grata noticia la renuncia esta semana de Darío Acevedo, nombrado por Duque en la dirección del CNMH: ¡Qué labor tan nefasta y destructiva hizo este sujeto!  Estoy seguro que Petro nombrará a alguien idóneo en ese cargo, como por ejemplo Darío Villamizar o el mismo Gonzalo Sánchez, expertos en esa rama de las ciencias sociales que en nuestro país ha recibido el nombre de “violentología”.

Continúo. El estudio de la literatura científica sobre el conflicto armado posterior a 1960, como el mencionado ¡Basta ya!, me ha llevado a sustentar la tesis de la superioridad ética del M-19 con respecto a otros actores armados, ya sean otras guerrillas, los paramilitares o las fuerzas armadas del Estado colombiano. En el trasfondo está, desde luego, el debate sobre la legitimidad de la lucha armada en determinados contextos. La guerra es de por sí un escenario de crueldad y sufrimiento, de violencia y muerte, pero hay grados. Por eso se habla de la humanización de la guerra (aunque no debemos olvidar que la violencia es muy propia del autodenominado Homo Sapiens) y también por ello se ha desarrollado a lo largo de varias décadas el Derecho Internacional Humanitario (DIH).

Mi tesis se basa en el análisis cualitativo y cuantitativo de los hechos, especialmente en las cifras referidas a las conductas que conllevan violación de los DDHH o del DIH, muchas veces agravadas por la sevicia: masacres o asesinatos de civiles o de combatientes en estado de indefensión, fusilamientos, desapariciones forzadas, “falsos positivos”, mutilaciones y descuartizamientos, torturas, vejaciones, violaciones sexuales, reclutamiento forzado, reclutamiento de menores de 15 años, secuestros, “pescas milagrosas”, toma de rehenes, detenciones arbitrarias, extorsiones, robo de ganado, despojo de tierras, minas quiebrapatas, bombardeos de civiles, armas prohibidas, desplazamientos forzados, daño a bienes públicos y al ambiente.

De ese análisis de casos y cifras se desprende que el M-19 no incurrió en la inmensa mayoría de esas prácticas execrables. Sí incurrió en secuestro y extorsión selectivos como forma de financiación (pero representa menos del 1% de los casos). Realizó dos sonoros casos políticos de toma de rehenes que merecen análisis detallado (ver el libro sobre el Palacio de Justicia titulado Prohibido olvidar de Gustavo Petro y Maureen Maya). Y en sus inicios cometió la infamia de asesinar a José Raquel Mercado tras un supuesto juicio por traición y corrupción; esa culpa marcó al movimiento y lo abocó a la autocrítica para erradicar ese tipo de acción vil.    

En una ponencia que escribí sobre el periplo histórico del M-19 hago un análisis del código ético de esta organización que era más política que militar, aunque sea recordada por algunas acciones militares espectaculares.  En términos generales el M-19 fue fiel a su propio código ético, algo que no pueden decir otros grupos ni el Estado. Cuando la guerra sucia se disparó en la segunda mitad de los años 80, el Eme fue capaz de entender que se venía la imparable degradación de la guerra y supo abandonar a tiempo el camino de las armas. Cuando entró a la legalidad fue premiado por el pueblo colombiano con la lista más votada a la Asamblea Nacional Constituyente.

Dos aclaraciones finales. Primero, antes de 1960 los partidos liberal y conservador ensangrentaron la patria durante más de un siglo, con una violencia peor que la del conflicto reciente. En particular, el partido conservador fue el actor político más violento de la historia republicana de Colombia. Desde el Frente Nacional las FFAA profesionalizadas asumieron la representación bélica del bipartidismo. Segundo, admito que una breve columna no permite la sustentación de la tesis con profundidad y con datos. Esa tarea la asumo en un artículo académico que estoy elaborando o en cualquier debate oral donde me inviten.

@jsenior2020

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