Francia Márquez y la fuerza de su lucha ancestral

Por GERMÁN AYALA OSORIO

Irrumpió Francia Márquez Mina en el escenario político electoral con una fuerza capaz de perturbar la tranquilidad de amplios sectores de la sociedad colombiana que practican activamente el racismo, mientras otros tantos lo validan en un vergonzoso silencio.

Si la bella e inteligente Francia Márquez se convierte en vicepresidenta, los amigos de la discriminación, la segregación y el purismo racial la pasarán muy mal durante los cuatro años de gobierno. Podría ser diferente si entran en el proceso de aceptar que han cometido el grave error de estigmatizar y excluir a cientos de miles de hermanos de sangre. Y es así, porque ellos mismos tienen sangre negra e indígena. Somos el resultado de un largo y violento proceso de mestizaje, del que millones aún se avergüenzan.

Los vimos disparando y maldiciendo a los miembros de la Minga Indígena que llegaron a Cali a respaldar a los jóvenes que se levantaron en lo que se llamó el estallido social. Esos mismos que agredieron física y verbalmente a los indígenas Nasa, odian a mujeres como Francia Márquez. Niegan ser racistas, porque aplauden a rabiar a los deportistas afros, en particular a los futbolistas. También, porque admiran su “tumbao y la sabrosura al bailar”. Pero hasta ahí. Ver a uno de ellos en el poder les resulta inaceptable, porque siguen anclados en el pasado, en las instituciones esclavistas. Imagino, entonces, el malestar, la rabia y la desazón que los embargará si Márquez Mina, junto a Gustavo Petro, llegan a la Casa de Nariño.

Aquellos «blancos», ricos, educados y con propiedades se quedaron en ese mundo binario de los estereotipos. Lo negro y lo indígena al decir de María Emma Wills (2002) se entiende como lo opuesto a lo blanco… A las poblaciones indígenas o negras las élites las inventan como perezosas, faltas de aptitudes para acumular, proclives a asumirse en hábitos disolutos y en permanente estado de embriaguez»(p.68).

Márquez Mina es ejemplo de la lucha ancestral negra. Es un símbolo de resistencia y dignidad para campesinos, afros e indígenas. La defensa de su territorio y las territorialidades allí surgidas, hacen aún más grandes los caminos que han de seguir recorriendo sus hermanos de lucha.  Su irrupción en la política electoral debe servir de parte aguas para repensar el modelo de desarrollo agro extractivo que impuso esa racionalidad blanca moderna que todavía opera bajo las lógicas esclavistas de la Mita y la Encomienda.

Los pueblos afros de Colombia están en la obligación de asumir las luchas ambientales y territoriales de Márquez Mina como un ejemplo a seguir. No hay tiempo para diferencias y sobresaltos.

El abrazo ancestral que envía Francia Márquez es para todas y todos. Y eso incluye, por supuesto, a los que creyéndose blancos desdicen del mestizaje del que son hijos. Ojalá Márquez Mina lidere el proceso que nos lleve a aceptarnos como hijos de un valioso y hermoso mestizaje. El tiempo de los vergonzantes raciales ya pasó. Sus miedos y vergüenzas serán arrastradas por la fuerza ciclónica de una mujer negra cuya dignidad, lucha y sapiencia llegaron para hacerse costumbre. 

@germanayalaosor

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