Esta es la peor crisis desde que hay estadísticas sobre desempleo

Por DIEGO OTERO PRADA

La cifra del desempleo de enero de 17,3 por ciento es escalofriante. En realidad es más alta, pues más un millón de personas dejaron de buscar empleo, o sea que debe estar superior al 20 por ciento.

Un cambio de modelo significa que el Estado vuelva a tener un papel clave en la inversión pública y en el gasto social para promover el crecimiento y el empleo.

Esta tasa de desempleo tan alta no se veía desde la crisis de 1999, cuando alcanzó el 20 por ciento. Pero teniendo en cuenta que hoy deben estar por encima de este dato, se puede decir que es la peor crisis desde que hay estadística sobre desempleo.

Por donde se mire, los indicadores de empleo son muy preocupantes. La tasa de ocupación nacional fue de 49,8 por ciento en enero, por debajo de 50 por ciento, algo que no se veía desde hace 30 o más años. Y la tasa de participación global de 60 por ciento estuvo por debajo de 65 por ciento, que ha sido lo normal.

Lo más grave es que la tasa de desocupación de las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue del 19,5 por ciento, la de ocupación de 51,5 por ciento y la tasa global de participación de 63,4%.

También el desempleo en centros poblados y rurales subió en el trimestre noviembre 2020 a enero 2021 al 7,5 por ciento, cuando lo norma eran tasas por debajo del 6,0 por ciento.

Los ocupados disminuyeron en 1.577 miles y los desocupados aumentaron en 755 miles. Los inactivos crecieron en 498 miles y los subempleados en 357 miles.

El desempleó bajó en todas las actividades, excepto en información y comunicaciones y explotación de minas y canteras. La caída fue alta en alojamiento y servicios de comida, actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios y en industria manufacturera. Cayó, también, en administración pública y defensa, educación y atención a la salud humana.

Por sexos, la inequidad es total:11,1 por ciento la tasa de desocupación para los hombres y 19,1 por ciento para las mujeres. La pandemia ha obligado a muchas mujeres a permanecer en los hogares para ayudar a sus hijos menores en las tareas del colegio.

Por edades, en los jóvenes de 10 a 24 años la población ocupada bajo en 206 miles, de los cuales más en los hombres que en las mujeres. La mayor disminución en empleados se dio en el grupo de los de 25 a 54 años, con una cifra de 601 miles, y aquí sí se perjudicaron más las mujeres que los hombres.

Por ciudades, sobresale Bogotá con una tasa de desocupación de 17,6 por ciento, nunca visto, y un salto por encima del 8 por ciento que era lo normal antes de la pandemia, resultado de todos los confinamientos, toques de queda y restricciones a veces sin sentido.

Por posición ocupacional, los obreros y empleados particulares disminuyeron en 1121 miles y los patronos o empleados en 116 mil.

Por nivel educativo siempre se perjudican más los que no tienen ninguna educación, seguidos por los de educación técnica profesional y tecnológica, educación básica primaria y secundarias, educación media y finalmente los de educación universitaria y posgrado

La población inactiva aumentó en 1002 miles, de los cuales 883 miles en oficios del hogar.

La guerra de clases de arriba para abajo

Como siempre, salen los representantes de los gremios y los economistas ortodoxos a pedir una reforma laboral cuyo objetivo es favorecer al capital y desvalorizar el trabajo. Piden que se completen las reformas   que reclaman la OECD, el Banco Mundial, el FMI y las calificadoras de riesgo.

Para estas instituciones y economistas el salario mínimo es muy alto, así como los salarios, de ahí que hay que hacer lo que llaman flexibilidad laboral    y acabar lo que denominan las sobrecargas sobre el salario, como los aportes a las Cajas de Compensación, ICBF, SENA, pensiones y salud.

Esto es lo que se llama una guerra de clases de arriba para abajo, es el efecto del poder del capitalismo financiero, que se ha dedicado a atacar a los trabajadores y a disminuir sus prestaciones y salarios.

Para estos señores, la creación de empleo y la formalización, que es otro caballito de batalla, se resuelve afectando a los trabajadores en sus condiciones de bienestar. Para ellos el problema del desempleo son los trabajadores y en ninguna forma el sistema capitalista explotador y atrasado de Colombia.

Como se ha analizado por muchos investigadores, por ejemplo, el sociólogo italiano Luciano Gallino, la lucha de clases no se acabó, sino que cambió de sujeto a partir de los años ochenta, con el triunfo del capital financiero, cuyo poder se hizo evidente con la crisis financiera de los años 2008-2009. Como dice Gallino: “las clases dominantes se movilizaron y empezaron a llevar una lucha de clase desde arriba para recobrar el terreno perdido” de la posguerra que llevó a una tasa de utilidad decreciente a partir de los años setenta.

Pero esta nueva clase no tiene confines nacionales. Según Gallino la componen de 16 a 20 millones de personas en el mundo, desagregada en cuatro grupos: 1) los individuos que disponen de activos financieros superiores al millón de dólares per cápita que aspiran a hacerlos crecer, 2) los exponentes del capitalismo familiar, los herederos de las grandes familias desde hace generaciones, 3) los altos gerentes de las corporaciones transnacionales y 4) los dirigentes o gerentes de diferentes tipos de inversiones institucionales.

Al lado de estos grupos se encuentran los que dan un soporte ideológico, que son la Cámara de Comercio Internacional, con sede en Paris; las conferencias Bildeberg; la Comisión Trilateral; el Foro Económico Mundial de Davos y, finalmente, el Consejo Económico Mundial para el Desarrollo Sostenible surgido en 2005. Y como entidades operativas el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las agencias de rating, el Banco Central Europeo y la OECD.

El otro cambio surgido en el capitalismo es la transición entre el capitalismo industrial al capitalismo financiero que se centra en el sistema financiero. La diferencia es fundamental, porque el primero acumula el capital con la fórmula D1-M-D2, o sea, con dinero D1 compra materias primas, medios de producción y fuerza de trabajo para producir mercancías M que se venden y reciben D2 que es mayor que D1, mientras que el segundo se basa en la fórmula D1-D2, es decir, evita la etapa intermedia de producción de mercancías, invierte dinero D1 para producir más dinero D2 en el circuito financiero especulativo. Otra característica de esta etapa del capitalismo es que la especulación financiera es más rentable que la producción de mercancías y que es más rabiosamente clasista explotadora.

Y esta lucha de clases de arriba hacia abajo tiene por objetivo apropiarse de una mayor parte de los resultados del trabajo humano, para lo cual hay que explotar la fuerza el trabajo  a través de trabajo más intenso, y desvaloración con salarios más bajos, para que esta clase mundial dominante no sola haya recuperado su tasa de ganancia, sino que la haga crecer más, para lo cual el capital se entrega a un ataque a todos los niveles del trabajo.

Por qué el modelo no produce riqueza

Para aumentar el empleo hay que crecer. En primer lugar, con tasas de crecimiento por debajo del 4,0 por ciento nunca llegaremos a cifras de desempleo inferiores a 8,0 por ciento y a que cada vez entren más trabajadores informales a empleos formales.

Con las proyecciones de la economía colombiana hasta el 2024, con tasas de crecimiento en 2021 entre 4,0 y 5,0 por ciento, y proyectadas de 2022 a 2024 alrededor de 3,5 por ciento, las tasas de desempleo seguirán de dos dígitos, de 16,0 por ciento en 2021 hasta bajar a 12-13 por ciento en 2024 (ver, por ejemplo, las proyecciones del Banco de Colombia que han sido bastante acertadas). Así, es imposible aumentar el empleo por más misiones de empleo que se creen. Lo que se necesita es un modelo que de lugar a mayor crecimiento económico.

Por otra parte, en un país clientelizado y corrupto, hay drenajes de dineros por los beneficios o subsidios a las élites, bajos impuestos, la evasión fiscal y el robo al erario, lo que se traduce en menos ingresos para el estado.

En tercer lugar, se tiene un modelo de desarrollo que no produce suficiente riqueza y bienestar Es un modelo basado en baja tecnología, rentista, porque depende de recursos naturales no procesados en Colombia, con pocos efectos porque gran parte del equipamiento y consultorías necesarios vienen del exterior.

Es un modelo que sigue las teorías neoliberales que ya han mostrado que son equivocadas, que sirven para favorecer a una minoría, que van contra la mayoría. Es un modelo basado en las teorías de comercio libre, de la supuesta competencia perfecta, que no existe, en la  minimización del estado, en las privatización de las empresas públicas, en el control monopólico de los medios de comunicación por el sector financiero-empresarial oligopólico, por la concentración de los puestos importantes en el sector público por miembros de la élite, por la especulación financiera más que por invertir el poco ahorro existente en la producción manufacturera, servicios de alta tecnología o en la agricultura.

Por un nuevo modelo de crecimiento

El modelo está demostrado no produce crecimiento ni bienestar. Entonces para crear empleo de alto nivel es necesario cambiarlo e ir hacia un sistema poscapitalista, que implica ir creando una sociedad de bienestar, de participación de los empleados y trabajadores en las empresas y en las juntas directivas, de favorecer las formas cooperativas, de tener un  sector financiero estatal, de crear una renta básica, de considerar la salud y la educación en la realidad como derecho de todos los colombianos, con educación gratuita y sistemas de salud público de alta calidad y gratuito y de un sistema de pensiones público.

Implica que debemos pasar a un nuevo modelo energético, producir una revolución en este sector, que implique que los ciudadanos cada vez sean autosuficientes en energía, no que esta sea suministrada por los pulpos energéticos. De crear un sector industrial energético, en que se produzcan en el país la mayoría de los equipos requeridos para los paneles solares, las turbinas eólicas, se defina un plan de arquitectura solar y ambiental, se vaya eliminando el carbón como combustible para generación y producción de calor y los derivados del petróleo vayan siendo sustituidos a medida que avance la tecnología por la movilidad eléctrica. Que se lleve a cabo un plan rural de producción de gas a partir de la biomasa para producción de gas y alumbrado. Que se cree un centro importante y bien financiado de investigación básica y aplicada en las nuevas fuentes y tecnologías de energía.

El cambio de modelo significa, también, que el estado vuelva a tener un papel clave en la inversión pública y en el gasto social para promover el crecimiento y el empleo. Partimos de que la demanda es el factor que mueve la economía, la demanda tanto interna como externa.

Igualmente, en este nuevo modelo las organizaciones sociales, especialmente los sindicatos, deben ser protegidas, estimuladas, fortalecidas, y darles un papel protagónico en la toma de decisiones.

En esta forma, si logramos estos cambios podría aumentar el empleo, sin necesidad de castigar al trabajo para beneficio del capital como quieren los economistas ortodoxos neoliberales y el capital financiero, el sector que predomina en la economía y maneja los gobiernos, tanto al ejecutivo como al legislativo.

Mas que crear misiones de empleo conformada por economistas ortodoxos, lo que se requiere es un cambio del modelo actual, causante del pobre desempeño, generador de empleo escaso, desigual, ineficiente y creador de desigualdades.

@DiegoOteroP

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