En Chile no ganó la socialdemocracia, sino la izquierda

Por DIEGO OTERO PRADA

Equivocadamente se dice que ganó la socialdemocracia en Chile. Hay cierta ignorancia en torno a lo que es hoy la socialdemocracia y cuáles son las fuerzas detrás de Gabriel Boric, el nuevo presidente de Chile.

La socialdemocracia clásica se creó en la segunda mitad del siglo XIX, en la cual convivían diferentes concepciones, desde las comunistas de Carlos Marx hasta las revisionistas.

Hoy hay dos clases de socialdemocracia. La primera, la que surgió a comienzos del siglo XX, hoy desaparecida, fue producto de una división de las fuerzas progresistas entre comunistas y socialistas. Vladimir Lenin criticó a estas nuevas fuerzas por su apoyo a los gobiernos europeos en su guerra imperialista fratricida de 1914-1918.

La política de Iósif Stalin de guerra a los socialistas llevó a que comunistas y socialistas se pelearan en Alemania y le dieran el paso al nazismo. Luego Stalin dio una voltereta y comenzó a hablar de Frentes Populares para combatir a las fuerzas fascistas y nazistas, cuando ya el daño estaba hecho.

Terminada la II Guerra Mundial, en la mayor parte de los países de Europa ganaron las elecciones los partidos socialistas y socialdemócratas. Se inició la llamada época del bienestar, donde estos partidos crearon sociedades democráticas y las fuerzas obreras obtuvieron muchas ventajas frente a la clase capitalista. Fue una forma de contrarrestar la influencia de los partidos comunistas y el miedo a la Unión Soviética, partidos muy fuertes en Francia, Italia, España, Grecia y otros países.

Fue una socialdemocracia de izquierda, en la que se nacionalizaron los servicios públicos, se implementó la educación pública gratuita, salud pública, pensiones públicas, grandes planes de vivienda popular, seguro de desempleo, reformas tributarias progresistas, planificación, fuerte intervención estatal, defensa del sindicalismo, un estado garante del bienestar social, defensor de los derechos sociales, con gobiernos con participación de la clase obrera. Estos partidos tenían una orientación anticapitalista pero su concepción era reformista, es decir, la transformación del capitalismo mediante reformas, nada de revoluciones.

Clave fue el gobierno de Charles De Gaulle en Francia, que con el apoyo de los comunistas creó el estado de bienestar francés: nacionalizaron empresas, crearon la planificación indicativa y definieron una política internacional contra la OTAN y la influencia de Estados Unidos.

Todo esto cambio a partir de los años 80 del siglo XX, en especial con la disolución de la Unión Soviética por Mikhail Gorbachov el 8 de diciembre de 1991. Los gobiernos de Thatcher, Reagan y Pinochet abrieron el nuevo rumbo neoliberal en los años 70 y 80.

En Francia ganó la izquierda en 1981 a través de  un frente de comunistas y socialistas, que traicionó François Mitterrand en 1983, cuando dio el famoso cambio hacia el neoliberalismo.

Entonces la socialdemocracia se volvió neoliberal, olvidó todos sus vestigios de anticapitalismo, desertó de la clase obrera y se plegó al capitalismo salvaje. Apoyaron las privatizaciones, la globalización, la desregulación de los mercados laboral y financiero, la austeridad económica, atacaron a los obreros y las clases populares, se plegaron a las clases explotadoras, en resumen. Se integraron a la OTAN y defienden todas las posiciones agresivas de Estados Unidos. Y por eso estos partidos perdieron después en casi todas las elecciones, porque la clase obrera y los pobres les dieron la espalda. Ejemplos fueron los gobiernos de Tony Blair en Inglaterra, Lionel Jospin y François Hollande en Francia, Felipe González en España, George Papandreu en Grecia, los socialistas italianos, alemanes, portugueses, daneses, en fin, en casi todos los países. En Latinoamérica, Acción Democrática con Carlos Andrés Pérez, los socialistas chilenos con Bachelet y Lagos, el PRI en México, los socialdemócratas costarricenses. Fue terrible el cambio hacia el neoliberalismo y la defensa de los capitalistas contra los trabajadores.

Esta es la socialdemocracia que Boric derrotó en Chile. En efecto, con la caída de Pinochet llegó al poder la Concertación, una unión de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, que continuaron toda la política económica y aún social del neoliberalismo. Pero antes  de las elecciones presidenciales ya los movimientos sociales, los jóvenes y nuevas fuerzas de izquierda habían derrotado a la Concertación. Primero vinieron las elecciones para la Constituyente, en la que barrieron a todos los partidos tradicionales, incluyendo al Partido Socialista, y luego las parlamentarias.

Con las elecciones presidenciales el Frente Amplio, el partido de Boric (una alianza de las nuevas fuerzas de izquierda creado en 2017) y los comunistas, han ganado la presidencia de Chile. La diferencia con Colombia es enorme, porque en Chile los estudiantes y las clases medias se organizaron como fuerzas políticas nuevas, mientras que en Colombia esto no sucedió. De ahí que en las listas para el Senado y las Cámaras no aparecen por ninguna parte los jóvenes, los obreros, los intelectuales, los profesionales, todos los que produjeron las grandes movilizaciones que vienen desde 2019 en Colombia.

Hay que decirlo con claridad, en Chile las nuevas fuerzas no solamente han derrotado a la derecha sino a lo que representan los expresidentes Lagos y a Michelle Bachelet, miembros ilustres de la Concertación. Da risa ver al primero, apoyando a Boric, pero tratando de vender su presidencia. Estos socialdemócratas neoliberales no han podido entender que ya perdieron, que los cambios van hacia la izquierda y salidas anticapitalistas. Y que la izquierda y la derecha son posiciones ideológicas que perduran y perdurarán, así como la idea del socialismo, mientras exista el capitalismo.

Por eso, es ridículo y equivocado decir que ganó la socialdemocracia en Chile. Fue derrotada, como hay que derrotarla en Colombia, porque es un freno al verdadero cambio.

@DiegoOteroP

* Imagen de portada, tomada de Kradiario.cl

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