El tiempo pasa, el tiempo sana

Por FREDDY SÁNCHEZ CABALLERO

Eran otras épocas, los días pasaban tan lentamente que el tiempo parecía no existir; no obstante, en los ratos de profunda tristeza y amargura, podíamos verlo descender sobre nosotros como un cuervo con sus alas negras extendidas… ––No es momento para debilidades––, solían decir los viejos, –––el tiempo cura las heridas. Sin la certeza de haber comprendido a fondo su significado, una íntima convicción ancestral lo estremecía todo: los adultos debían saber algo que nosotros no sabíamos y que llega con la edad. Recogíamos nuestras lágrimas, nuestras angustias, y continuábamos a prisa intentando erguir la mirada.

En busca del equilibrio perfecto, que el racionalismo matemático de entonces exigía, los constructores del ayuntamiento de Saarbrücken parecen haber mediado entre una constante universal y la creencia popular: Die Zeit eilt: el tiempo corre y, Die Zeit heilt: el tiemposana. Así está escrito sobre los dos enormes relojes de péndulo instalados en la torre principal del edificio de cuya fachada gótica penden esculturas de bronce con la representación de algunos de los oficios más característicos de la región: herrero, minero, granjero, cervecero… En alemán la diferencia entre las dos sentencias se hace más indistinta y sobrecogedora, por cuanto solo las separa una letra (H). Correr o ir a prisa es un atributo del movimiento, que fluye, que pasa como un soplo, un instante. Sanar exige una fracción de tiempo indefinida, un dejar ir y esperar.

La construcción tiene más de 300 años pero, irónicamente, con el paso de los días parece rejuvenecer. Desde siempre hemos creído que ni al tiempo ni al envejecimiento, nada hay que pueda detenerlos. Aun así, nada nos ha impedido intentarlo. De manera insensata ingerimos pócimas secretas, probamos brebajes y ungüentos en pos del elixir que procure la sanación para todos los males y garantice la inmortalidad. Con el propósito de dominar al tiempo, creamos artilugios como el reloj de arena o de sol. Para mantenerlo bajo control nos convertimos en su sombra, vigilamos cada uno de sus movimientos durante el día y, por precisar las jornadas de contemplación bajo las estrellas ideamos la clepsidra. El tiempo era y quizá siga siendo el enemigo a vencer. Retrasar el envejecimiento o ralentizar el paso de las horas se convirtió en una obsesión. Gracias a los avances científicos hemos logrado aumentar la expectativa de vida unos años, pero más temprano que tarde, la muerte nos sale al paso. Con la invención de relojes electrónicos o atómicos, pensamos atrapar al tiempo como a la luz de una bombilla, cerrándole todos sus resquicios y rutas de escape, pero solo es una ilusión, un espejismo que merced a las creencias y la costumbre se ha mantenido vigente. El tiempo que percibimos no siempre coincide con el deseado, dice el profesor Román Bayés (El reloj emocional). Las nuevas teorías cuánticas hablan de que el pasado, el presente y el futuro coexisten y por tanto todos los momentos vividos o por vivir, son reales y simultáneos. Todo lo que transcurre responde a una temporalidad constante, cubista, sin fronteras precisas. Si bien Borges refuta la existencia de un solo tiempo, negar la coexistencia no es menos arduo que negar la sucesión, admite. Nada de lo ocurrido ha dejado de pasarnos y, así como el ayer sigue encubierto en el ahora, es presumible que el futuro esté compuesto de presentes perecederos. “Lo que sucede una vez, sucede para siempre”, enfatiza G. Seferis.

Las manecillas de nuestro reloj interno giran hacia atrás, pero lo llamamos recuerdo. ¿En qué momento el augurio y el recuerdo dejaron de ser parte integral del concepto de tiempo? Imagen de Dabielcolombo.co

Pudiéramos seguir bajo esa edificación de piedra indefinidamente, en el mismo atrio, la misma baldosa en que miles de visitantes se han parado y mirado hacia arriba, maravillados con su enigmático anacronismo. La gran mayoría, personas que no conocemos, a no ser por el registro de unos pocos famosos que han pasado por allí (¿Goethe, Chagall, G. Orwell, Baudelaire?) y se han detenido a observar lo mismo y a discurrir quizá sobre la poética del instante. Si nos acogemos a las nuevas hipótesis y escuchamos con detenimiento, podemos acceder a todas esas voces: oiremos a Nietzsche murmurar “estoy a 6.000 pies más allá del hombre y del tiempo”; Baudelaire nos susurrará al oído “el tiempo es un jugador que siempre vence, es destructivo y cruel”; quizá es la voz de Napoleón la que se eleva para decirnos que “una retirada a tiempo es una victoria”. “Todo es relativo”, parece concluir Einstein desde una teoría que aún no atinamos a comprender a plenitud y según la cual no existe la certeza de nada más allá del espacio que ocupamos o, al menos, no puede existir más que en una mente que la perciba, según predijo Berkeley. Pero nadie conoce el rumbo que toman los pensamientos, y en palabras de Mario Benedetti “cinco minutos bastan para soñar toda una vida”, así de relativo es el tiempo.

Parafraseando el mito de la caverna, podemos imaginar un trozo de espejo en el piso para medir la transitoriedad del momento: un grupo de personas pasa frente a él, y uno a la vez ve reflejado su rostro, o fragmentos de sí mismo; el espejo activa la certeza del ahí y el ahora, medio paso al costado en cualquier sentido y ese presente momentáneo desaparecerá. En un desdoblamiento alucinado entre la realidad objetiva y su reflejo, como en un álbum de fotografías pálidas y melancólicas, otras imágenes invadirán ese espacio, otra noción de realidad, otro tiempo; una actividad desconcertante, peregrina, más próxima al territorio de la añoranza: experiencia previamente capturada diría Susan Sontag (Sobre la fotografía), para quien la cámara fotográfica, más que el reloj, funciona como una máquina capaz de detener el tiempo. Pero nada es absolutamente real; una buena dosis de fantasía se superpone en cada instante. Los sueños de hoy solo podrán ser posibles mañana y en el transcurso, nada nos exime de una singularidad. ¿Qué pensaríamos si en lugar de nuestro rostro en el espejo vemos reflejado el de un extraño? Recientemente una pareja china descubrió que había visitado los mismos sitios años antes de conocerse y, aparecían muy cerca uno del otro en sus viejas fotografías. El azar juega un papel importante y, como dice una canción pop, algunas cosas simplemente están destinadas a suceder. Mucho de lo que definirá nuestro rumbo dependerá de ello. Seguimos regresando a los mismos lugares una y otra vez, y quizá solo una anomalía nos acerca o distancia de un visitante pasado o por-venir. Como en el cuento de Murakami sobre encontrarse a una muchacha cien por ciento perfecta una bella mañana de abril: si vamos de oeste a este y ese visitante viene de este a oeste, necesariamente deberíamos cruzarnos en algún momento, pero esa ligera barrera espaciotemporal puede echarlo todo al traste. Los físicos hablan de una ambigüedad, pero es probable que tal como ocurre a las aves migratorias, el secreto radique en responder adecuadamente a los antojos de la naturaleza, seguir el curso de las nubes, el rumor del mar, ponderar las fases de la luna, las tormentas de sol y rastrear nuestro nombre en la memoria del viento; acaso así advirtamos que la línea que separa al pasado del presente y el futuro, es tan amplia como la que separa a las estaciones; tan fina que bien pudiéramos traspasarla en un instante de clarividencia o de perturbación, por un accidente o por efectos de algún alucinógeno, como sucede con los chamanes que pueden predecir lo humano y lo divino, lo vivido y lo por vivir. Si nuestra percepción del tiempo es subjetiva, un estado alterado de la mente puede variar la precisión geométrica conque percibimos el paso progresivo de los segundos a un sentido alterno o regresivo. Continuamente lo hacemos y sin darnos cuenta las manecillas de nuestro reloj interno giran hacia atrás, pero lo llamamos recuerdo. En sentido inverso, un buen jugador de ajedrez puede avizorar siete, ocho o más pasos antes de hacer el siguiente movimiento, en un pequeño ir al futuro y volver sin sobresaltos. ¿En qué momento el augurio y el recuerdo dejaron de ser parte integral del concepto de tiempo? Por un efecto mecánico, el reloj debe atenerse estrictamente a cumplir una función progresiva, un viaje hacia adelante, pero ¿se puede o no manosear el tiempo, volver sobre lo andado y cambiar el rumbo de los acontecimientos? ¿Existe realmente el tiempo? “Mañana no es más que un adverbio”, opina Graham Green. ¿El tiempo puede curarnos de verdad, o solo es una argucia de la inventiva popular para anudarnos a la tentadora idea del olvido?

Cuando escuchábamos decir a los viejos que el tiempo cura, solíamos imaginar a un chamán indio danzando a nuestro alrededor entre una espesa cortina de humo con olor a hierbas. Si bien la imagen era tranquilizadora, la alegoría sigue siendo confusa. Ni los mayores ni la ciencia ni el idioma español nos dieron una respuesta satisfactoria entonces, pero el azar nos confronta bajo este escueto aforismo que por trescientos años ha estado allí, dogmatizando, como una vieja fotografía, siempre en presente: Die Zeit eilt – Die Zeit heilt. No obstante, debido a ese ingenio lleno de fantasías y presagios, en la infancia nunca nos equivocamos del todo. Que ‘el tiempo sana’, puede sonar controversial; pero la etimología latina en este caso carece de la magia y contundencia que hallamos en esta antigua torre. Una ligera búsqueda nos dice que posiblemente su origen sea nórdico y la palabra en cuestión venga de una desusada raíz germana “heill”, atribuible a la mujer sacerdotisa, conocedora y sabia, remediadora y sanadora, portadora de lo sagrado y lo divino. Sin embargo, existen condicionantes: la ansiedad es una de ellas; no es conveniente estar alerta al paso del tiempo, el hastío o la prisa lo hacen más lento; vivir a destajo es más aconsejable. Es previsible, pues, que si reducimos al mínimo el margen de incertidumbre que entraña su misterio y le damos menos vueltas a los asuntos que nos atribulan, más flexible y amplio sea el umbral del dolor en nuestra mente y en nuestro corazón, y más posibilidades de sanación tendrán las heridas. (F)

www.fsanchezcaballero.net

T: @FFscaballero

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