La educación virtual sí sirve

Por PUNO ARDILA

Sigue el debate por el regreso a las aulas de manera presencial. Algunos dicen que la educación virtual ha servido para explorar más alternativas, no solo de alcance geográfico, sino de posibilidades económicas, puesto que ha empezado a cuestionarse cuál es la diferencia entre una asignatura cualquiera, dictada en una plataforma educativa, o social, y una clase presencial, dictada en el aula de una universidad cuyas matrículas son inalcanzables para el 90 % del pueblo colombiano. Y hay quienes opinan que definitivamente la virtualidad no sirve como base para la educación.

—¿Y por qué? ¿Quién lo dice? —preguntó de inmediato el profesor Gregorio Montebell.

—Pues mucha gente se ha quejado porque los muchachos no han aprendido nada en estos interminables meses de pandemia —le contesté.

—El problema no es de la virtualidad —replicó el profesor—. La educación, como la comunicación, debe tener un componente de reciprocidad; y debe contar, entonces, con el interés de las partes para que aporten su “granito de arena”, como para explicárselo con una expresión manida. Esto de la educación virtual no es un invento para resolver la urgencia durante la pandemia; es una dinámica que tiene muchos años ya, y tiene a su haber muy buenos resultados.

La educación virtual tiene componentes especializados, a partir de las diferencias en distancias y tiempos de profesores y estudiantes; no necesariamente hay encuentros visuales siempre en un espacio virtual. Pero la pandemia trajo dos clases de respuestas:

Por un lado, con alta responsabilidad, surgió el invento de la “presencialidad remota”, término criticado pero atinado, porque los estudiantes pueden estar “presentes” durante la clase aunque se encuentren en espacios distantes. ¿Cuál es el principio? Mantener la dinámica de la clase común y corriente, con todos a la vista y toda la normalidad posible.

El problema de la virtualidad es creer que estudiar en casa es tener licencia para mamar gallo o sacarle el quite a la responsabilidad. Imagen de Elcolombiano.com

Por otro lado, con baja responsabilidad se inventaron unas carpetas interminables, con “guías” escritas “en chino”, que terminan, como siempre, siendo tareas para los papás, que ni los chicos entienden, ni los profesores revisan. ¿Y cuál es el principio? Mantener la costumbre de siempre: transcribir conceptos de internet, publicados por los “profesores” de rincondelvago.com

El problema de la virtualidad no es la virtualidad misma —concluyó el profesor Montebell—; el problema de la virtualidad es, primero, creer que trabajar o estudiar “en casa” es tener licencia para mamar gallo y sacarle el quite a la responsabilidad, y, segundo, la virtualidad (y, para nuestro caso, la respuesta a la pandemia) ha sido la oportunidad de entender que la sociedad puede virar hacia alternativas distintas, que no obliguen al desplazamiento físico constante ni al consumo irracional de cuanta vaina se produce para exhibir, para oler o para estar a la moda, solo porque la sociedad en que vivimos se ha convertido en un mercado de cachivaches.

Si no somos capaces de entender la virtualidad y nos adaptamos a las nuevas alternativas de la modernidad, apoyados en la tecnología —como lo planteó el maestro Holger—, quiere decir que no hemos aprendido nada.

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@PunoArdila

(Ampliado de Vanguardia)

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