El lánguido balance mundial de los ODS

Por HUMBERTO TOBÓN*

Estamos a menos de diez años de llegar a la fecha fijada por las naciones del mundo para cumplir con las metas contenidas en los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS). Hay mucho discurso, bastantes compromisos y gran cantidad de álbumes fotográficos, pero el balance es decepcionante.

El propio António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, lamentó que “como Estados miembros reconocidos en la Cumbre de los ODS celebrada el pasado septiembre (2020), los esfuerzos mundiales llevados a cabo hasta la fecha han sido insuficientes para lograr el cambio que necesitamos, lo que pone en riesgo el compromiso de la Agenda con las generaciones actuales y futuras”.

El gran acuerdo en torno a los ODS, la denominada Agenda 2030, se inició en 2016, pero las negociaciones para darle continuidad a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015) comenzaron en Rio de Janeiro (2012). Las metas mundiales que se concertaron en esta nueva fase buscan persistir en temas que ya venían avanzando, especialmente aquellos relacionados con la pobreza y la equidad. Además, se insertaron nueve sectores adicionales, lo que hace que el propósito sea más grande, más complejo y más costoso y, sin duda, más difícil de cumplir, especialmente para aquellos países pobres o en un nivel medio de desarrollo.

Todos los temas que se definieron en la nueva agenda de desarrollo mundial son muy importantes, pero por tratar de abarcar tanto se perdió el foco, que se debió concentrar en la lucha contra la pobreza, el hambre y la miseria; la protección ambiental y la prevención y mitigación del cambio climático; la equidad a través del desarrollo humano; y el cierre de brechas entre las naciones.

Los insuficientes avances de los que habla Naciones Unidas, tienen múltiples causas: la crisis económica de los países, la pandemia de la Covid 19, los conflictos armados internos y regionales, los desequilibrios en el comercio mundial, el desinterés del capital privado, la poca conciencia ciudadana, la lenta reacción de los gobiernos en la adopción de decisiones de política pública, la corrupción, la creciente contaminación y la inadecuada focalización de la inversión gubernamental.

Las consecuencias están a la vista: los avances logrados contra la pobreza retrocedieron más de una década; los seres humanos están destruyendo el planeta a pasos agigantados; la acumulación de la riqueza no cede; las brechas de desarrollo frente a los países ricos crece descomunalmente; el hambre sigue inmutable afectando a casi 1.000 millones de personas; el hundimiento de la calidad y la cobertura educativa son evidentes y, las enfermedades, la mayoría de ellas prevenibles, siguen cobrando millones de vidas cada año.

Los frustrantes resultados contenidos en el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles 2020 publicado por Naciones Unidas (ver informe aquí) eclipsan algunos pocos avances en materia de salud materna e infantil, mejoría en el nivel de participación política de las mujeres y mayor acceso de las familias al saneamiento básico y el agua potable.

@humbertotobon

*Estos comentarios no comprometen a la RAP Eje Cafetero, de la que soy Subgerente de Planeación Regional.

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