El genocidio de Barco y el actual: ¿alguna diferencia?

Por JORGE GÓMEZ PINILLA

Son muchos los interrogantes que suscita la columna que publicó el domingo pasado Alberto Donadío en Losdanieles.co (Virgilio Barco y el exterminio de la UP), pero son más preocupantes las certezas que arroja.

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La primera, la más contundente y demoledora certeza nos muestra al hombre que gobernaba a Colombia en 1986, Virgilio Barco Vargas, en apariencia aprobando asesinar a los miembros de la Unión Patriótica, grupo político que como resultado de conversaciones de paz con el gobierno de Belisario Betancur servía de puente para una eventual dejación de las armas por parte de las Farc. Fueron más de 3.000 personas asesinadas según el Centro Nacional de Memoria Histórica, y Donadío nos recuerda que un fallo de la Sala de Justicia y Paz lo calificó de “genocidio político”.

La idea original era encomendarle la tarea a un agente israelí de seguridad amigo suyo, de nombre Rafi Eitan, a quien Barco había conocido en Estados Unidos y cuya propuesta consistía en eliminar a los miembros de la Unión Patriótica (UP). Él mismo se habría ofrecido para encargarse de esa tarea, a cambio de un contrato de honorarios.

La segunda certeza del escabroso relato surge cuando nos enteramos de que el Ejército se habría opuesto “con vehemencia”, pero no por objeción de conciencia a que se les encomendara una misión gansteril, sino porque querían encargarse ellos mismos de tan “patriótica” tarea. Según Donadío, el alto mando amenazó con renunciar en bloque si Eitan era encargado de la misión. En su concepto, debían ejecutarla ellos y no un comando extranjero. “Barco reculó y aceptó que así fuera. Eitan se quedó sin el segundo contrato”.

Si comparásemos la matanza ocurrida durante el gobierno de Barco con la ola actual de masacres, asesinatos de líderes sociales y eliminación selectiva de desmovilizados de las Farc, tanto los métodos de exterminio como el propósito estratégico -desde lo militar- sigue siendo el mismo: la aniquilación sistemática de un grupo poblacional al que se le define como enemigo. Lo único que en apariencia cambia son los autores materiales, antes grupos paramilitares que realizaban sus masacres con la complacencia u omisión -o participación- del Ejército (como está documentado por variadas fuentes), hoy supuestos mafiosos del Cartel de Sinaloa o grupos residuales del paramilitarismo que misteriosamente nunca son apresados. ¿Y por qué no son apresados? Porque más bien parece que fueran instrumentalizados por los verdaderos autores, como cuando el paramilitarismo se apoderó de vastas regiones del país y las fuerzas del Estado fueron impotentes para enfrentarlos.

Con base en lo anterior, es factible colegir que la racha de violencia genocida actual resucita la doctrina de la Seguridad Nacional desarrollada tanto por los ejércitos de varias dictaduras latinoamericanas (Pinochet, Videla, Bordaberry, Stroessner) como por organismos de seguridad colombianos.

Ahora que en Colombia tenemos un gobierno tan proclive a las soluciones autoritarias, no puede ser simple coincidencia que desde la posesión de Iván Duque se haya desatado una racha imparable de asesinatos contra personas más cercanas a la izquierda -por su compromiso con lo social- que a esa extrema derecha encarnada en el gobernante uribismo que lucha por preservar los privilegios de las élites en el poder.

Si la matanza de los más de 3.000 miembros de la Unión Patriótica fue ordenada por un gobierno de estirpe liberal, ¿se imaginan no más todo lo que están dispuestas a hacer (¡y al parecer están haciendo!) las fuerzas oscuras comandadas por un sujeto tan ruin, perverso y criminal como Álvaro Uribe Vélez?

Estamos en las peores manos, es la cruda realidad. Y nadie se quiere dar por enterado, ni siquiera los grandes medios de comunicación. Fíjense no más que a una revelación tan espeluznante como la que trajo Alberto Donadío el domingo pasado, no le dieron ninguna repercusión medios como Semana, El Tiempo, Caracol o RCN. El Espectador, confirmando así que “la excepción hace la regla”.

En conclusión, es inmensa la curiosidad por conocer la fuente que le contó a Donadío las cruciales revelaciones que hizo en su columna, pero mayor intriga despierta saber por qué nunca ha habido un combate entre tropas del Ejército y un grupo paramilitar, o por qué en las regiones con mayor presencia de brigadas o batallones militares se presentan más masacres y asesinatos de líderes sociales. ¿Será que la Inteligencia Militar no les sirve para nada, o será que…?

DE REMATE: Hablando de enemigos internos, al uribismo le conviene como a ninguno que existan las disidencias de las FARC y el ELN, porque les son políticamente rentables. Ahí reside el peligro de que un día se acabe la guerrilla y por fin haya paz. ¡Se acaban también ellos!

@Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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