Discurso de Petro generó urticaria en la derecha

Por GERMÁN AYALA OSORIO

La urticaria que generó el discurso de Petro en la casi impenetrable piel de la derecha (entiéndase figuras públicas del Centro Democrático) se explica por el carácter sumiso de los integrantes de esa élite política, históricamente obsecuente con las relaciones de dominación planteadas entre un Norte opulento y un Sur empobrecido.

Son molestias comprensibles porque los militantes del CD siempre han estado cómodos en sus minúsculas e infatuas realidades. No entienden que el discurso de Petro además de poético fue de corte universal, como lo es Cien Años de Soledad o el propio García Márquez. Jamás han cuestionado las relaciones Norte-Sur porque ellos mismos son los encargados de extender en el tiempo esa relación de dominación. Mansos con sus patrones del Norte y violentos con los connacionales que no solo asumen como sus subalternos, sino como materia desechable.

Su incapacidad para asumir responsabilidades por los efectos negativos que ha dejado esa perversa relación de sometimiento es supina. Y lo es porque su codicia está atada a la avidez con que multinacionales y empresas al servicio de las potencias llegaron a una América Latina resignada, a explotar los recursos naturales y a debilitar procesos de emancipación liderados por indígenas, campesinos y afros.

Las reacciones de María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Andrés Pastrana Arango y Miguel Uribe Turbay -entre otros- sirven para comprender la pequeñez del mundo en que viven. A esos cuatro jinetes del desarrollo extractivo no solo los une los valores de una derecha mezquina, violenta y torpe, sino el desprecio por la lectura, la poesía, la literatura, la ciencia y la filosofía. Lo de ellos es el discurso polarizador a rajatabla. Ese mismo discurso le sirve para tratar de llevar el planeta a sus propios límites de resiliencia. Por no leer y por su afán de concentrar poder y riqueza, olvidaron que la Tierra se comporta como un sistema único y autorregulado, formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos (Lovelock, 2007, p. 51).

No creen en lo dicho por cientos de científicos sobre la necesidad de ponerle límites al desarrollo extractivo (megaminería y ganadería extensiva), al consumo y en general a la emisión de gases de efecto invernadero. Quizás por vivir en el trópico sea mayúscula su indolencia, ignorancia e incapacidad para entender el discurso del decrecimiento económico en los países del Norte.

Su consigna de vida está sujeta al poder del dinero y a la posibilidad de que, con este, todo es posible de comprar. Creerán incluso que ante un colapso de la vida en el planeta, queda la opción de vivir en cápsulas bajo el agua o en estaciones como las que se expusieron en la película Elysium.

No cabe duda de que se recuperarán de la siempre incómoda urticaria. Y lo harán en la comodidad de sus mezquinas realidades donde jamás tiene cabida la idea universal de la Casa Común.

Adenda: lo dicho por Francisco Santos contra el discurso de Petro (“una sarta de pendejadas, de estupideces”) hace pensar en que el odio que siente hacia el presidente de la Colombia Humana y del Pacto Histórico lo lleva a rechazar todo lo que de él provenga, incluso hasta el punto de parecer -él sí- como un completo estúpido.

@germanayalaosor

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