Con Petro comienza la alternancia

Por JORGE SENIOR

Las encuestas de Invamer y Guarumo han causado revuelo por los datos sobre intención de voto de cara al 2022.  Pero hay otro aspecto interesante y más de fondo. Se trata de cómo se reconocen las personas en el espectro político de izquierda – derecha más allá de candidaturas.   

La historia política electoral de Colombia mostró a lo largo del siglo XX una presencia marginal de la izquierda que a lo mucho elegía uno o dos senadores y jamás era opción viable en las presidenciales.  Sobra decir que en 200 años de vida republicana la izquierda nunca ha gobernado y que, a lo mucho, ha tenido experiencia con gobiernos locales, los cuales en un país centralista no tienen mucho margen de maniobra para implementar un proyecto político verdaderamente alternativo. 

Actualmente, no sólo el candidato más opcionado según las dos encuestas es de izquierda (con gran aceptación en el centro), sino que además, tanto en Invamer como en Guarumo, la izquierda consolida un porcentaje sólido por encima del 18% de un total de personas definidas que oscila entre 62,8% (Guarumo) y 76,8% (Invamer).  Es decir, que ese 18% equivale a un 25-30% de las personas definidas políticamente.

Pero el asunto va más allá.  En la encuesta Guarumo se diferencia entre centro-izquierda y centro-derecha, cosa que Invamer no hace, ocultando esa diferencia fundamental, pues es allí donde está la frontera sustantiva.  Por tanto Guarumo tiene más resolución que Invamer en este tema.  Pues bien, resulta que si sumamos izquierda más centro-izquierda en la de Guarumo obtenemos 32,7% frente a 30,1% de la derecha sumada con centro-derecha. Este resultado es clave, pues significa que la izquierda en general es mayoría relativa frente a la derecha en general, por primera vez en la historia de este país tan conservador: ¡Hay una nueva realidad política!

Cambio versus continuismo, es el signo del debate electoral.  El progresismo se enfrenta al vetusto conservatismo de aureola uribista. 

¿Cómo se compagina este hecho -la mayoría de izquierda- con el dato histórico de que la izquierda nunca ha gobernado en Colombia? ¿Significa que por fin el país está maduro para la alternancia en los gobiernos como corresponde a una auténtica democracia?

La extrema derecha uribista, que hemos denominado el fascismo azul por su raíz conservadora, acostumbra manipular la opinión pública con emociones como el miedo y la rabia.  Este sector minoritario vende la idea de que la izquierda gobierna es el acabose del país. Y utilizan la situación venezolana para corroborarlo, pero nunca mencionan los resultados económicos positivos de diversos gobiernos de izquierda en el continente, por ejemplo Uruguay, Chile, Bolivia o Ecuador.  Ni mencionan que la socialdemocracia fue el actor principal en la construcción del Estado de Bienestar en la Europa de la posguerra, Canadá y otros países del mundo, generando las sociedades que mejor han combinado igualdad, libertad y desarrollo económico y que por ende, han ofrecido la mejor calidad de vida en la historia de la humanidad.

En el caso de Colombia Humana hay un hecho contundente: la experiencia de Bogotá Humana.  Gustavo Petro gobernó en la capital y la ciudad no sólo no se acabó, sino que tuvo notables logros sociales, económicos, ambientales y de calidad de vida, que explican los resultados que Petro saca en Bogotá en las dos encuestas.  Si hubiera sido mal gobernante, la ciudadanía lo castigaría en vez de respaldarlo.  Gobernó cercado y hostigado por la derecha atrincherada en todas las “ías” y en el gobierno nacional y con los medios de comunicación en contra, que intentaron a toda costa crear una imagen negativa de esa experiencia. Pero han perdido todas las batallas jurídicas y están perdiendo la de comunicación, pues con el paso de los años la imagen real de la Bogotá Humana se va imponiendo, sobre todo por contraste con el peñalosismo de los dos gobiernos posteriores.

El viejo truco mentiroso de igualar izquierda con comunismo no les está funcionando.  Ya la gente no se come ese cuento chimbo del castrochavismo y el “coco” de Venezuela.  Las élites siempre han procurado infantilizar a la población, obstaculizando su crecimiento intelectual hacia la mayoría de edad, es decir, hacia la verdadera ciudadanía libre y autónoma.  Por ello socavan el sistema educativo público y fortalecen el privado, controlan la prensa, instrumentalizan la religión y aunque no ofrecen mucho pan, sí que dan circo. Y lo peor: matan a los líderes sociales en un genocidio a cuentagotas, debilitan y destruyen sistemáticamente las organizaciones sociales.

No obstante, hay que reconocer que la izquierda sigue deficiente en la tarea de organización y formación política; por ello carece de partidos, instituciones y medios fuertes. Se salva por algunos liderazgos, el boom de las redes sociales que rompió el cerco comunicativo y, sobre todo, porque el mundo sigue evolucionando y Colombia se quedó anclada en el siglo XIX por una élite obsoleta, premoderna.  Entonces, las nuevas generaciones que están mucho más conectadas con el mundo no se someten mansamente a ese atraso ideológico e intelectual y se apropian de las ideas que circulan a escala planetaria.

Cambio versus continuismo, es el signo del debate electoral de 2022.  El progresismo futurista se enfrenta al vetusto conservatismo de aureola uribista.  Dos modelos de capitalismo se dirimen en las elecciones legislativas y presidenciales. En esta esquina tenemos el Pacto Histórico vertebrado por un concepto de capitalismo productivo, innovador, moderno, incluyente, decidido a combatir el cambio climático y sustentado en el Estado Social de Derecho, como lo concibió la Constitución del 91. Del otro lado se halla el capitalismo rentista, especulador, excluyente, extractivista, depredador, mafioso y corrupto que ha imperado con mínimas fluctuaciones desde el Siglo XIX.

Los electores decidirán (mientras no se dejen tumbar de la Registraduría) si con el gobierno del Pacto Histórico empieza la alternancia y con ella la verdadera democracia en Colombia.  Porque sin alternancia no hay democracia.    

@jsenior2020

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