Colombia agobia, atosiga, abruma y cansa

 Por GERMÁN AYALA OSORIO

El registro que diariamente hace la prensa de hechos violentos dice mucho de las realidades que soportamos en Colombia, pero más de nosotros mismos como ciudadanos y, por supuesto, del talante de los medios masivos y de sus periodistas. Por ello, Colombia agobia, cansa, atosiga, abruma, apesadumbra…

En los últimos días el periodismo registró, en varias ciudades del país, la aparición de partes humanas diseminadas en bolsas de basura; cuerpos desmembrados arrojados a sucias canecas que dicen mucho de nuestra condición humana; también, actos de corrupción que a nadie avergüenzan y que poco indignan al grueso de la sociedad: se robaron la plata de la paz, se viene diciendo de tiempo atrás, y fueron pocos los indignados.

Al voltear la página, se lee que una obra pública quedó mal hecha: un puente se cayó; una vía recién entregada, colapsó; y vías que existen en mapas de cualquier oficina de planeación son verdaderas trochas o simplemente no hay trazado alguno que permita pensar que existió o que existirá algún día.

Mientras tanto, las grotescas imágenes de un congresista borracho que orina odios a unos policías, se vuelven virales. Horas después, en un acto teatral, el mismo Macho cabrío, sobrio y sin la evidencia de la micción, ofrece disculpas, mientras que ciertos periodistas interesados en usar su investidura para atacar a la coalición política que gobierna, se ensañan con el alcohólico y putero, en un ejercicio moralizante tan pasajero y efímero como el escándalo mismo. Ya vendrá otro hecho que lo superará en espectacularidad y morbo. Y este llegó, por cuenta de la justicia.

La Fiscalía con sorprendente eficacia informa que la hija de la exsenadora y prófuga de la justicia, Aída Merlano, será condenada por el delito de favorecimiento de fuga por hechos presentados en 2019, cuando se les voló a los “custodios” del INPEC. La hija, Aída Victoria Merlano, usando sus redes sociales, expuso públicamente su drama. El silencio de la misma Fiscalía frente al político Alex Char, denunciado por la excongresista por corrupción electoral y violencia sexual, es enorme, abruma y desdice de la justicia. Es clara su vulgar politización.

Con menos espectacularidad, se conoce que la fiscalía general de la Nación nuevamente pedirá la preclusión del proceso penal que involucra a un expresidente de la República, reseñado bajo el número 1087985. El otrora órgano investigador y acusador hoy funge como defensor de oficio del ladino latifundista, el mismo que la Corte Suprema de Justicia encontró responsable por la comisión de los delitos de fraude procesal y manipulación de testigos.

Los hechos registrados líneas atrás, incluidos los periodistas que de manera selectiva elevan unos hechos a la categoría de noticia, mientras a otros los echan casi en las mismas canecas en las que vienen apareciendo cabezas, brazos y piernas humanas, están atados al ethos mafioso que Colombia naturalizó.

Y aunque en Colombia ya nada sorprende, aún queda tiempo para la indignación, así esta nos lleve a confirmar que efectivamente este país abruma, cansa, agobia, atosiga y nos enferma.

@germanayalaosor

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