Cayó Kabul: derrota para Estados Unidos y la OTAN

Por DIEGO OTERO PRADA

Me tocó vivir la caída de Saigón el 30 de abril de 1975. Estaba en Estados Unidos en mi segundo año de estudios para el doctorado en Economía en la Universidad de Pennsylvania (Filadelfia). Tuve la oportunidad de ver por televisión y enterarme en el New York Times y el Washington Post cómo los soldados americanos y el personal civil huían por la azotea de la embajada en Saigón, esperando que los evacuaran por helicópteros. Fueron días de tristeza y derrota para el imperio.

No imaginé que esto volviera a suceder y sucedió el 15 de agosto de 2021 en Kabul.  Las mismas imágenes de desespero y huida. Pero la derrota de hoy es peor que la de Vietnam, porque en esta oportunidad perdieron los Estados Unidos, la OTAN y todos los países occidentales capitalistas europeos, imperialistas y colonialistas, como Francia e Inglaterra.

No aprenden de las derrotas los imperialistas.  Ya habían sido derrotados en Irak y Siria, acabaron con Libia, y lo están haciendo con Yemen, apoyando a los feudales de Arabia Saudita.

Y están también enredados en Cuba y Venezuela. Tienen a estos países en la quiebra con sus bloqueos bárbaros, que han causado enormes daños económicos, financieros y sociales, pero no han podido derrotar a sus gobiernos y pueblos. Y no lo podrán lograr nunca, por más bloqueos, falsas informaciones, fomento y apoyo a opositores que ellos mismos crean, por más sabotajes que realicen, por más traidores que paguen.

Esta derrota de Afganistán no es solo de los imperios, sino de todas las minorías extremistas de derechas que en Latinoamérica apoyan las intervenciones ilegales de Estados Unidos y sus aliados. Son esas minorías y grupos extremistas de derecha de Cuba, Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador y Brasil, algunos residentes en Miami y España, los centros de las conspiraciones de la extrema derecha, sometidos a Estados Unidos, que se dedica a subvertir a los gobiernos progresistas, traicionando a sus países porque se convierten en la punta de lanza del imperio. Pero el imperio no permite traiciones, a los que lo hagan y son apresados les colocan cadena perpetua o son enviados a la pena capital.

Afganistán siempre ha sido un hueso duro de roer. Primero fue Alejandro Magno, que los derrotó, en la guerra que sostuvo con los nómadas y campesinos afganos entre 330 y 328 A.C., pero después de una lucha larga y dura.

En el siglo XIX los ingleses se enfrascaron en dos guerras, en 1839-1941 y en 1878-1880, en las que fueron derrotados.

En el siglo XX la Unión Soviética intervino en Afganistán el 27 de 1979. Después de diez años de invasión y una dura lucha con los fedayines afganos, se retiró en 1989, con un desgaste muy grande y pérdidas humanas y económicas.

Y ahora es peor: perdió la OTAN, después de 20 años de intervención que comenzó en 2001 como represalia por los atentados del 11 de septiembre. La derrota es impresionante, con pérdidas humanas y un gasto anual de más de 15.000 millones de dólares.

80.000 talibanes derrotaron a un ejército de 300.000 hombres creado y dirigido los Estados Unidos, que resultó ser una farsa, que fue derrotado con pocos combates. Era un ejército falso, sin moral, en quien nadie creía, que defendía a un gobierno corrupto montado por la Casa Blanca. Esto es lo que llaman democracia en el occidente capitalista.

Como dijo Bernard Bajolet en el semanario Marienne el histórico16 de agosto de 2021, el antiguo director de la Dirección General de Seguridad, los servicios secretos franceses, y embajador de Francia en Kabul: “Antes que todo marca el declive de la capacidad de Estados Unidos para ser el gendarme del mundo. Está acabado. La otra enseñanza, a mis ojos, que salta a la vista, es que la OTAN no significa nada más. Después de Siria, hoy Afganistán, y si los europeos no comprenden, es porque no quieren comprender. La OTAN está muerta”.

@DiegoOteroP

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