Artemisa: ¿vale la pena regresar a la Luna?

Por JORGE SENIOR

El 14 de diciembre de 1972, hace 50 años, Eugene Cernan, fue el último hombre en pisar la Luna.  El pasado domingo 11 de diciembre de 2022 terminó la misión Artemisa I, primer paso hacia el programado regreso del Homo Sapiens a nuestro satélite en esta década.

Una de las preguntas más irreflexivas que he escuchado en mi vida ha sido: ¿por qué la humanidad no volvió a la Luna? Es como si me preguntaran por qué no he ido al polo sur.  Inmediatamente yo respondería: ¿y por qué habría de ir?  Dame una razón por la cual yo debería gastar dinero, tiempo, esfuerzo y asumir riesgos para ir al polo sur del planeta. Una mínima reflexión sobre el asunto indica que la pregunta es inapropiada y que la pregunta correcta debe ser la contraria: ¿por qué volver a enviar astronautas a la Luna?  Semejante esfuerzo no tiene sentido si no hay una justificación para ello.

Queda claro entonces que la primera pregunta es absurda. Y si acaso se utilizara como supuesto argumento de alguna teoría negacionista de la ida a la Luna hace medio siglo, como hacen algunos loquitos por ahí, entonces merecería un calificativo más contundente (sobre tal conspiranoia ver aquí).

Las decisiones racionales, en especial las que involucran inversiones de dineros públicos, obedecen al análisis de costo / beneficio. Un programa de viajes a nuestra vecina orbital tiene un tremendo costo, pero sus beneficios no están para nada claros. En los años 60, Estados Unidos se gastó el 4% de su presupuesto en el programa Apolo. Una enormidad. Se justificó con algunas razones científicas, pero todos sabemos que el fondo real era geopolítico, pues la Unión Soviética estaba ganando la carrera especial: primer satélite, primer ser vivo al espacio (la perrita Laika), el primer hombre al espacio (Yuri Gagarin), primera mujer al espacio (Valentina Tereshkova) y muchos hitos más. 

Estados Unidos le apostó a opacar todas esas victorias comunistas de un plumazo con la más grande hazaña de la especie humana…  y lo logró.  Sólo que el “plumazo” tuvo un costo astronómico (nunca mejor dicho) y sin embargo mantuvo el apoyo políticamente motivado de los contribuyentes – votantes y de los congresistas y presidentes de los dos partidos. No me cabe duda que sin la guerra fría esa grandiosa hazaña aún no se habría logrado, pues todos los objetivos científicos referentes al estudio de nuestro satélite se pueden alcanzar sin necesidad de enviar personas, como hicieron los soviéticos a un costo muchísimo menor, pero sin el efecto político.

Ahora nuevamente aparecen las razones políticas e ideológicas para compensar la precariedad de las razones científicas.  El viejo truco de la “carrera espacial”, ahora con China, no parece suficiente motivación para el contribuyente gringo. Ya no se trata de la lucha contra los “rojos”, sino del género y la raza, los temas identitarios de moda en Norteamérica. La NASA se lavará la cara en materia de corrección política enviando una mujer y un afroamericano en la tripulación del programa Artemisa que el pasado domingo acaba de concluir su primer viaje de prueba -sin astronautas- al parecer con “éxito”.  ¿Ese hecho simbólico tendrá algún impacto en las condiciones de vida de mujeres y afros estadounidenses? Creer tal cosa por ahora parece bastante lunático. No más un dato: los afros son el 13% de la población gringa, pero representan el 35% de los presos en el país que más presos tiene en el planeta.   

La verdad es que el programa Artemisa, una alianza público – privada, anda bastante enredado y con retrasos. Concluido el periplo de Artemisa I sin mayores repercusiones, todo indica que el segundo viaje, también sin tripulación será en 2025 y el que finalmente llevaría humanos se haría, si acaso, en 2028. ¿Y todo para qué?  ¿para ofrecer un espectáculo incluyente? ¿O hay negocio de por medio?

Mariana Mazzucato, la economista de cabecera del presidente Petro, ha defendido en sus libros la idea de un Estado emprendedor, que no sólo regula la economía sino que además la dinamiza.  Y pone como ejemplo estelar al programa Apolo.  Keynes decía que para escapar de la recesión los gobiernos deben inyectar el gasto público en la economía, así sea cavando huecos y volviéndolos a tapar.  En esa misma línea Mazzucato defiende la organización del gasto público por misiones que involucran y benefician al sector privado.  Pero aunque pone como ejemplo la misión a la Luna, ella deja bien en claro que está hablando de misiones terrestres, por ejemplo en la línea de los ODS (Objetivos de Desarrollo sostenibles).  Y en ese marco el mundo tiene prioridades claras en medio ambiente, salud, lucha contra la pobreza, entre los más acuciantes.

Aunque para mí, en lo personal, sería muy emocionante volver a ver -como en mi niñez- el asombroso espectáculo de primates caminando en un cuerpo celeste, lo cierto es que hasta ahora no veo razones válidas para un retorno humano a la Luna. Es cuestión de prioridades. Por ello comparto la visión crítica de científicos como Daniel Altschuler, exdirector del Observatorio de Arecibo que el gobierno de EEUU dejó destruir por desidia en inversiones.

Los programas espaciales, que ya son protagonizados por muchos países, conllevan notables beneficios directos, sin duda.  El sistema satelital es hoy de vital importancia para las telecomunicaciones, la agricultura, la vigilancia ambiental, el estudio de la Tierra y desde luego para asuntos militares. La exploración robótica del sistema solar brinda nuevos conocimientos a un costo relativamente bajo. Lo mismo podemos decir de los telescopios espaciales, aunque el JWST resultó muy oneroso. Pero el horizonte de beneficios del programa Artemisa luce bastante nublado.

En cuanto a beneficios indirectos se habla del “derrame” de innovaciones tecnológicas que dejó el programa Apolo y algunos programas posteriores en nuevos materiales, software, etc.  Sin embargo, no está claro que un programa como Artemisa, que en cierto sentido repasa un camino ya trillado, vaya a ofrecer tales beneficios. Los que sí van a obtener beneficios y muy directos son las grandes corporaciones: Boeing, Northrop Grumman, SpaceX, etc.

En resumen: hay mucha demagogia en la retórica de la NASA sobre la “generación Artemisa” y la “aventura inspiradora”, pero nada concreto y convincente.

@jsenior2020

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