Viaje a las estrellas

Por JORGE SENIOR

Ha estado movida la semana que termina en noticias del espacio exterior.  Como suele suceder, la más llamativa es la menos importante, pero no hay duda de que evoca los sueños juveniles de la generación de los hippies y la guerra de Vietnam. 

El Capitán Kirk de la nave Enterprise volvió al espacio, aunque sin su inseparable compañero vulcano, Mr. Spock.  En efecto, el actor William Shatner de la inolvidable serie Viaje a las estrellas o Star Trek, subió al cielo el pasado miércoles sin que la parca lo haya visitado aún y así se convirtió, a sus 90 años, en la persona de mayor edad que ha trepado a esas alturas. Literalmente.

El hecho es más publicitario que otra cosa, y hace parte de la nueva y polémica industria del turismo espacial, que se ha convertido en la afición favorita de los superricos del planeta.  Leonard Nimoy, que interpretaba al mestizo interplanetario Spock, de orejas puntiagudas y lógica implacable, falleció en 2015 y probablemente nunca imaginó que su compañero de serie algún día viajaría realmente al espacio, por lo menos en vuelo suborbital.

La generación de La guerra de las galaxias y los jóvenes actuales, denominados Generación Marte -en anticipo al pretendido viaje del Homo Sapiens al planeta rojo- no son trekkies, pero conocieron las aventuras de los tripulantes del Enterprise a través de las secuelas de Hollywood. 

En los años 60 la imaginación de millones de personas se encendió con la “conquista del espacio”, como si los viajes interplanetarios e interestelares estuvieran a la vuelta de la esquina.  El globito se desinfló pronto, pese a la asombrosa hazaña de doce hombres que pisaron la Luna. La era espacial, que había reemplazado en la jerga periodística a la era atómica, pronto daría paso a la era digital, que revolucionó el mundo a partir de 1980.  De esos tres avances tecnológicos espectaculares, fue la informática la que tuvo mayor impacto en la sociedad, sin tanta pantalla. 

Claro que la geopolítica tiene gran parte de la culpa de que la “conquista del espacio” ocupara primera plana en la agenda pública en los 60 y se invirtiera tanto dinero en ese rubro. Los soviéticos habían tomado la delantera y estaban derrotando a los gringos, así que el asunto se volvió tema de orgullo nacional.  El nuevo auge del tema espacial tiene que ver con lo mismo. Sólo que ahora es China la que amenaza la hegemonía norteamericana.

El nombre “Lucy” hace referencia al fósil del Australopithecus Afarensis descubierto en Etiopía en 1974 por el paleoantropólogo Donald Johansson. 

Precisamente, este viernes que pasó China lanzó la nave Shenzhou-13 con tres tripulantes a bordo, rumbo a la nueva estación espacial (Tiangong) que están construyendo.  Entre ellos iba una mujer que CNN anunció de manera equívoca, como la primera taikonauta.  Aclaremos que “taikonauta” equivale a lo que en Occidente es “astronauta” y para los rusos “cosmonauta”.  Es la misma vaina, pero con el término se indica la nacionalidad de la misión espacial.  Lo cierto es que la primera taikonauta fue Liu Yang, que el 16 de junio de 2012 entró en órbita como miembro de la misión Shenzhou-9.  Los chinos saben perfectamente que la competencia no es solo tecnológica, por eso el lanzamiento fue un show espectacular, transmitido en vivo y en directo.

No obstante, la NASA es un hueso duro de roer. El sábado 16 de octubre EE.UU. lanzó desde Cabo Cañaveral la sonda Lucy, cuya misión de 12 años es explorar los asteroides Troyanos en la órbita de Júpiter.  A esta hora ya Lucy desplegó los paneles solares y envió señal perfecta. 

El nombre “Lucy” hace referencia al más famoso fósil de Australopithecus Afarensis descubierto en Etiopía en 1974 por el equipo del paleoantropólogo Donald Johansson.  Y su nombre evoca a su vez la canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds (LSD en clave).  Este fósil de hominino bípedo tiene más de 3,2 millones de años de antigüedad y corresponde a una hembra de 110 centímetros de estatura. Forzando un tanto la analogía, los asteroides Troyanos son como una especie de “fósiles” de los inicios del Sistema Solar.  De ahí el nombre de la sonda, que ya se aleja de la Tierra que la vio nacer. 

Mientras tanto, el nuevo supertelescopio James Webb llegó a Suramérica el pasado 12 de octubre. Esta maravilla tecnológica, también conocida por la sigla JWST, será lanzada por fin el 18 de diciembre de 2021 desde la Guayana Francesa, tras múltiples aplazamientos. Es fruto de una alianza de 17 países, incluidas la ESA (Agencia Espacial Europea) y la NASA.  Su lanzamiento bien podría ser la noticia científica del año, pues este telescopio podrá llevar la visión humana hasta donde ninguna mirada ha llegado jamás, en el único viaje a las estrellas realmente posible por ahora. 

El Webb será ubicado a un millón y medio de kilómetros de nuestro planeta, cinco veces más lejano que la Luna y su diámetro casi triplica el del Hubble.  Dicho de manera más técnica, estará en órbita de halo en el segundo punto de Lagrange del sistema Tierra-Sol (L2).  Se espera que revolucione a la cosmología con sus observaciones a partir de 2022.  Por ejemplo, podríamos por fin entender con más detalle cómo se formaron las galaxias en el universo joven.

¿Y Colombia?  Bueno, aquí también hay noticia.  En este fin de semana se celebra el XIX Encuentro Nacional de Astronomía organizado por la Red de Astronomía de Colombia RAC, nacida en 1997 junto a las playas de Salgar en el Caribe. Para más información, ver aquí. Aportaré mi grano de arena con la ponencia Astronomía: protagonista del proyecto educativo Gran Historia, la cual será una versión comprimida de este video.

@jsenior2020

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