Todo sea por la paz…

Por JORGE SENIOR

El partido Comunes, integrado principalmente por desmovilizados de la antigua guerrilla de las FARC, decidió apoyar la fórmula del Pacto Histórico en las elecciones presidenciales que tendrán lugar el 29 de mayo.  Con apenas 33.000 votos al Senado el 13 de marzo, es poco lo que suma este partido y mucho lo que resta, debido al lastre que significa el pasado fariano de esta nueva organización política.

Este apoyo que resta debe ser asumido como un costo necesario, si es que somos consecuentes con la bandera de la paz.  El plebiscito de 2016 mostró que el respaldo y el rechazo a los acuerdos entre el grupo insurgente y el gobierno de Juan Manuel Santos se repartían casi 50/50 entre los votantes colombianos.  A pesar del triunfo del No, incomprensible para las miradas del extranjero, el proceso se recompuso y logró finalmente llegar a la firma de los acuerdos con carácter vinculante para la legalidad colombiana. El notorio descenso de la violencia en 2017 mostró las bondades del logro que la comunidad internacional respaldó de manera prácticamente unánime, con premio Nobel incluido. 

Con el paso de los años el país nacional se ha ido dando cuenta del vil engaño perpetrado por el uribismo en la campaña del plebiscito.  Primero fue la escandalosa entrevista con el gerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez Uribe, quien contó con lujo de detalles la manipulación orquestada que maquinaron. Luego el propio devenir de la situación nacional ha puesto en evidencia lo absurdo de las mentiras que se esgrimieron como amenazas para suscitar pánico: que Santos le iba a entregar el país a las FARC, que los acuerdos impondrían la “ideología de género” y con ella la homosexualización de las nuevas generaciones.  Locuras que muchos se tragaron entero.  De estas amenazas imaginarias nada se cumplió, ni de cerca.

La victoria uribista de 2016 dio la cuota inicial para la elección “del que diga Uribe” en 2018.  Lo irónico es que este gobierno, encabezado por el inepto Iván Duque Márquez, ha tenido tal rechazo de la gente que hasta en las propias toldas uribistas prima la decepción.  El desengaño producido por el gobierno Duque ha logrado despertar al pueblo colombiano que en 2021 salió masivamente a las calles.  En las elecciones del 13 de marzo al uribismo le fue bien mal, perdió más de 25 curules, no llegó ni a dos millones de votos y quedó en quinto lugar entre las fuerzas políticas.  Según la encuesta Invamer de finales de marzo, apenas el 23% aprueba la gestión del presidente y el 73% la reprueba.  Álvaro Uribe Vélez tiene 69% de imagen desfavorable y sólo 22% a favor.  La vicepresidente, Martha Lucía Ramírez, tiene apenas 14% de opinión favorable.  El declive del uribismo es imparable.  Las elecciones del 29 de mayo pueden ser el puntillazo final.

Como ha sido su táctica en todas las campañas, en 2022 el uribismo apela a la combinación de todas las formas de lucha, recurre a todas las argucias y jugarretas: periodismo mercenario, fake news, desinformación, calumnias, masacres, atentados, fraude, manipulación de emociones como el miedo y la rabia, etc.  El odio irracional a Petro es exacerbado desde su bodegas pagadas para copar las redes y parecen dispuestos a todo para impedir que en Colombia haya un cambio.  Hasta desmontaron su supuesto candidato, el perdedor de 2014, para revelar su auténtico candidato, Federico Gutiérrez, exalcalde de Medellín que gobernó en connivencia con la Oficina de Envigado, utilizando a su secretario Gustavo Villegas como puente.

No es extraño entonces que el apoyo de Comunes al PH les haya caído de perlas y lo aprovechen a fondo para descalificar y sembrar mentiras.  En uno de esos memes embusteros afirmaban que el apoyo a Petro no era sólo del partido Comunes, que está en su pleno derecho, sino de las disidencias de las FARC y del otro grupo alzado en armas, el ELN.  Para sus mentes perversas de fanáticos no hay diferencia entre los desmovilizados que están cumpliendo los acuerdos y los que se salieron de tales acuerdos y regresaron al monte o los que nunca pactaron.  No tienen empacho en soltar mentiras de este calibre con total desfachatez y regarlas por cadenas de WhatsApp y portales de pseudoperiodismo, como “Los Irreverentes” o “El Expediente”, para no mencionar a RCN.  Nuestro deber como ciudadanos es defender la verdad ante el ataque de la propaganda vil y mentirosa.

Mientras medios serios como El Espectador titularon: “Rodrigo Londoño anunció apoyo a Gustavo Petro”, medios inserios, como El Heraldo de Barranquilla, titularon: “Timochenko anuncia respaldo a Petro”.  Se nota el veneno que destilan. Y es que El Heraldo dejó de ser aquel diario respetable que tuvo a periodistas de la talla de Gabriel García Márquez, para convertirse en un pasquín arrodillado al poder económico del clan Char.

Que la ultraderecha explote el asunto con su visión guerrerista de odio visceral no sorprende a nadie.  Pero que lo haga Sergio Fajardo que dice estar por la paz y la reconciliación muestra el desespero de este candidato sin opción, quien ya olvidó que “no todo vale”. ¡Qué incoherencia!

Si las FARC pactaron la paz es precisamente para cambiar las armas por los votos.  En cualquier proceso de paz ese es el objetivo.  El M19 lo hizo con gran éxito en 1990 y fue la lista más votada a la Asamblea Nacional Constituyente.  El caso de las FARC es muy diferente pues no tiene el apoyo popular que sí tenía el Eme.  Las FARC arrastran el repudio de los colombianos por la degradación de su lucha, especialmente a partir de los años 90, cuando cometieron toda clase de barbaridades.  Los acuerdos contemplan verdad, justicia, reparación y no repetición, en un marco de justicia transicional a través de la JEP para abordar esos crímenes de lesa humanidad.  Pero también contemplan la participación política de los desmovilizados. 

El concepto mismo de Pacto Histórico hace referencia a la reconciliación de toda la nación colombiana.  Por tanto, lo ético y consecuente es asumir el costo electoral del apoyo que resta y hacer el sacrificio:  ¡todo sea por la paz! 

@jsenior2020

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