Sin remordimiento, o el dolor de ser colombiano

Decía Diana Uribe que no hay países condenados. La historia nos ha demostrado que, superados los periodos de crisis, cada sociedad construye su propio camino. Y para sanar las heridas de las horas más oscuras del tejido social, acuden a un sinnúmero de manifestaciones, artísticas incluso.

En Italia, terminada la II guerra mundial se volcaron al cine negro. Allí pudieron mirarse a sí mismos en estado de destrucción y vergüenza, y asimilar lo que habían vivido, para encontrarle algún sentido. Por esos mismos días Inglaterra explotó musicalmente, con una generación huérfana de padre a causa de la guerra. Y ni hablar de lo que ha hecho Argentina con el cine tras superar la feroz dictadura militar.

Colombia, un poco más lentamente, acude también a sus propios recursos para entender este prolongado periodo de crisis. Pero el camino no sólo tiene un solo formato: tenemos películas, música y literatura. Y en este último ámbito está la novela Sin remordimiento, del escritor Blas Zubiría Mutis.

A Blas Zubiría Mutis acudí por recomendación de un amigo, que me insistía en leer esa novela, cuyo autor había sido su profesor de sociología en la universidad. Me bastaron dos sentadas para terminarla. Son 151 páginas divididos en 22 capítulos cortos, lo cual facilita su lectura.

La trama es contada en primera persona por el mayor de tres hermanos de una familia pobre, muy pobre. Jamás conocemos el nombre del muchacho, de quien sabemos que está en la cárcel por homicidio. Crimen que sí cometió, aunque no sabemos contra quien; para averiguarlo debemos recorrer la infancia con sus padres y hermanos, viviendo casi en la miseria y en un país violento llamado Colombia.

La historia se desarrolla en Barranquilla, con más de una referencia geográfica, pero el relato podría ser en cualquier lugar del país. La construcción familiar es el croquis de una gran mayoría de las familias colombianas: un esposo alcohólico, violento y poco proveedor; una madre abnegada que trata de inculcarles a sus hijos la importancia de la educación y la necesidad de salir adelante, aunque eso le signifique a ella sacrificarse. Y, por supuesto, hijos desagradecidos o absorbidos por el medio salvaje, las drogas y el odio que desde niños ven en su barrio, o esa guerra a gran escala que permeó todas las esferas y que directa o indirectamente afectó por generaciones a todos los colombianos.

Blas Zubiría hace un retrato doloroso de nuestra sociedad, desde la familia como célula esencial y yendo hacia lo general, esta Colombia agobiada y doliente. Son sus personajes la balanza diferentes reacciones a un medio agresivo con cualquier individuo: cada hermano en tanto que va creciendo toma un rumbo propio a medidas que son afectados por sus propias decisiones, pese al enorme esfuerzo de su madre, quien, como muchas madres, entrega todo por sus hijos.

Lo valioso del relato es que su protagonista se muestra mucho más centrado que los dos hermanos, sensible al dolor de la madre y más consciente de lo que ocurre a su alrededor. Así logra que el lector olvide que ha cometido un crimen, ese del que nos habló desde el comienzo.

¿A quién mató? ¿Qué fue de él y sus hermanos? ¿Qué sucedió con su madre? No seré la spoiler de mi reseña, sobre todo porque vale la pena leer este gran trabajo literario de Blas Zubiría, que muestra un poco de nosotros mismos y en el que es inevitable verse como colombianos. Aunque no hayamos vivido una situación similar, la hemos visto de cerca.

Así las cosas, Sin remordimiento es una eventual puerta narrativa a la comprensión de nosotros, en la perspectiva de conservar así sea una remora esperanza de tener lo que pedía nuestro Nobel Gabriel García Márquez en su discurso en Estocolmo: “una segunda oportunidad sobre esta tierra”.

@barcelonasilvo1

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