Que se imponga la sensatez

Por HUMBERTO TOBÓN

La única salida, a falta de una vacuna disponible inmediatamente en Colombia para enfrentar la Covid 19, es el confinamiento, que puede ser de iniciativa individual u obligatoria, temporal o permanente. Los ríos humanos transitando por las calles, sin ningún afán y sin ningún motivo, demuestran una indisciplina social aberrante, chocante y desconsiderada.

Las medidas hay que endurecerlas a pesar de algunas voces contrarias, que por fortuna no son la mayoría. 

Quienes están en contra del confinamiento, afirman que va en contravía de la libertad. Y tienen razón. Pero se les olvida ahondar en el análisis de las consecuencias que tiene para la sociedad que unos individuos desafíen la evidencia científica de la existencia de un virus, se expongan a él continuamente, y luego sirvan como vectores propagadores de la enfermedad.

Frente a semejante nivel de indisciplina social, el gobierno no tiene otra alternativa que tomar decisiones drásticas e impopulares, pero necesarias, para evitar que personas indefensas se vean afectadas por la Covid 19, como los ancianos y quienes sufren comorbilidades. Controlar la movilidad es una de esas medidas que se requiere y que demuestran que los gobernantes que las adoptan tienen la entereza moral, la libertad suficiente y la capacidad para actuar, incluso, por encima de mezquinos intereses.

Es inaudito que frente a las exageradas cifras de infectados y de muertes en Colombia, la mayoría de los espacios comerciales parezcan una procesión, para beneplácito de vendedores formales e informales, pero una desgracia para el personal sanitario, que ha tenido que asumir con su vida, su integridad, su salud y su tranquilidad la irresponsabilidad de quienes desobedecen los llamados a autocuidarse y autocontrolarse.

Países con un probado respeto por la libertad individual como Alemania, Inglaterra e Italia, para sólo mencionar tres casos, han preferido someter a la población al aislamiento obligatorio y cerrar todas las actividades no esenciales durante las fases de celebración de navidad y año nuevo, a pesar de las consecuencias económicas que esto conlleva. Una actitud responsable de los gobiernos, que saben que muchos de sus ciudadanos son incapaces de autoprotegerse por sus condiciones de vida y otros que no quieren autorregularse y representan un peligro social inminente.

Algunos mandatarios locales en el país han adoptado medidas que buscan disminuir los riesgos de expansión del contagio, pero su alcance es insuficiente, incluso, inane. Las medidas hay que endurecerlas a pesar de algunas voces contrarias, que por fortuna no son la mayoría.  

En Colombia el nivel de contagios se ha mantenido en un valle alto. Existe el peligro que las cifras generales a nivel nacional puedan crecer debido a nuevas olas de la infección en ciertas regiones del país, si la indisciplina social persiste y si las autoridades no aplican los correctivos que se necesitan.

El gobernador de Risaralda, Víctor Manuel Tamayo y el alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, por ejemplo, han tomado determinaciones serias que pueden servir de guía para otros gobernantes y así evitar que el virus siga matando gente.

*Estos conceptos no comprometen a la RAP Eje Cafetero, entidad de la cual soy Subgerente de Planeación

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