Petro y Duque: ¿hablar en inglés o en español?

Por GERMÁN AYALA OSORIO

Nadie niega la importancia de hablar inglés en este mundo globalizado, a pesar del acceso a herramientas tecnológicas que ayudan en tiempo real a traducir mensajes y discursos. Incluso, el dominio de esa lengua se asume como un factor definitivo para mandatarios o candidatos presidenciales. La sobrevaloración de dicha condición lingüística ha permitido ponerla por encima de consideraciones éticas. Es decir, poco importa si al presidente de la República le cabe el país o el mundo en la cabeza, mientras hable inglés, todo le está permitido.

Con motivo de la intervención del presidente Gustavo Petro en la COP27, el tema del inglés afloró nuevamente en las redes sociales por cuenta de que el líder de la Colombia Humana no lo habla, sin desconocer de antemano que habla fluidamente el francés y se desenvuelve con el italiano. Pero varios tuiteros y periodistas cuestionaron que el presidente no domine el inglés, y lo compararon con Iván Duque, quien sí lo entiende y lo habla, gracias a su experiencia en Washington como funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y en su calidad de invitado a la COP27 habló en ese idioma, sin que haya importado mucho la coherencia o la pertinencia de lo que logró expresar sobre temas ambientales.

Digamos entonces que la derecha mediática intenta minimizar las capacidades intelectuales y discursivas de Petro, por cuenta de que no domina el inglés. Olvidan sus críticos que dominar el sistema de sonidos y las reglas gramaticales del inglés o de cualquier otra lengua no necesariamente se traduce en que lo que se logre decir en ese idioma esté soportado en la capacidad argumentativa y en la mirada que desde la complejidad pueda hacer a los problemas del mundo, por ejemplo, en el tema de la descarbonización de la economía mundial y las crisis climáticas que confluyen en lo que se conoce como el cambio climático.

Las figuras literarias, la ilación y la contundencia de los argumentos, entre otros elementos atados a la lengua materna, en este caso el español, conservan su calidad así se traduzcan y se expresen bajo las normas gramaticales del inglés. Es aquí en donde aparecen las diferencias discursivas entre lo que en inglés ha dicho Duque Márquez y lo expresado  por Petro en su lengua materna. Por ejemplo, la conexión que hizo Duque entre los 7 enanitos y los principios de la economía naranja fueron motivo de burla, incluso en los medios masivos que recogieron la hilaridad causada en sus titulares. En su discurso ante la Unesco, dijo: “Y nos remontamos a lo que llamamos las siete íes. ¿Y por qué siete? Porque siete es un número importante para la cultura. Tenemos las siete notas musicales, las siete artes, los siete enanitos. Mejor dicho, hay muchas cosas que empiezan por siete”. Hablar inglés sí, pero no así.

Por más fluido que sea el inglés de Iván Duque, sus ideas en torno a la crisis climática y las relaciones Norte-Sur siempre estarán atadas a su falta de criterio y a sus posturas sumisas frente a multinacionales y a gobiernos de ese norte opulento al que Petro confrontó, en español, en su reciente discurso en la Asamblea 77 de la ONU.

Nadie niega la importancia de hablar inglés, pero más allá de este “requisito” lo que hay que exigirle a un presidente es que gobierne a partir del sentido colectivo con el que debe operar el Estado. Y que, además, dé cuenta de un dominio conceptual lo suficientemente amplio para que el mundo se despabile ante la enorme crisis climática. Y por supuesto, que su proyecto político no esté atado a los intereses mezquinos de una élite que de tiempo atrás sostiene relaciones con estructuras mafiosas de todo pelambre. En todo lo anterior, entre Duque y Petro hay abismales diferencias.

Quizás Duque hable un inglés básico, como lo es él. Al fin y al cabo, cuando escribimos y hablamos nos desnudamos ante los demás. Pero discursivamente hablando, Gustavo Petro sigue demostrando una enorme altura intelectual. Por el contrario, lo dicho y hecho por Iván Duque Márquez le demostraron al mundo su pequeñez, o mejor, su enanismo intelectual.

@germanayalaosor

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