Periodismo, eutanasia y algo más

Por GERMÁN AYALA SORIO

En el inesperado reversazo al procedimiento ya autorizado con el que se pondría fin al sufrimiento de Martha Sepúlveda mediante muerte asistida, una sentida nota periodística de Caracol Noticias fue el detonante que hizo que la IPS comprometida, Incodolor, cambiara la decisión que autorizaba la eutanasia.

Hacer pública la decisión de morir con dignidad molestó no solo a la Conferencia Episcopal, sino a quienes vieron en las imágenes y en el discurso de la paciente un reto a sus creencias y certezas sobre la vida y la muerte. Ver sonreír a quien días después recibiría la eutanasia, indignó a quienes asumen la muerte como una tragedia, en contraste con la señora Sepúlveda, que la veía y ve aún como un asunto natural y para su caso, como una salida definitiva a los dolores que padece.

Los miembros de la junta de expertos de la IPS vieron que Sepúlveda se veía muy bien, asunto que pone de presente un elemento clave: las audiencias aún creen a pie juntillas lo que muestra la televisión. Ahora bien, el lenguaje periodístico y el audiovisual pretenden dar cuenta de unos hechos, que arrastran una realidad latente que no necesariamente coincide, por ejemplo, con lo que la paciente realmente siente al interior de su hogar. Si bien la nota está muy bien lograda, esta misma no constituye la realidad misma.

Por qué hacer pública la decisión, es una pregunta que ronda a quienes emitieron juicios a favor y en contra del reversazo y del camino que optó la paciente que sufre la penosa enfermedad, conocida como ELA. Quizás el periodista y los protagonistas de la nota buscaban mandar un mensaje de confianza en las instituciones, en las normas y especialmente en el trabajo que de tiempo atrás viene haciendo la Corte Constitucional, corporación obligada a colegislar, ante la incapacidad del Congreso de asumir su tarea de dar respuesta jurídica a un asunto controversial como lo es la eutanasia.

No vi ni sentí en los protagonistas, mucho menos en el periodista, la intención de retar a una sociedad goda como la nuestra, que suele pasar los hechos y los problemas por el cedazo de la moral religiosa. Por el contrario,  esa parte de la sociedad que sigue instalada en posturas anacrónicas, egoístas, retardatarias y claramente irrespetuosas con los otros, en particular con los que sufren graves e incurables enfermedades, sí se sintió retada.

Quedó claro que la Iglesia Católica miles de colombianos están dispuestos a defender a dentelladas el proyecto hegemónico con el que se defiende la idea de que Dios es el único que nos puede quitar la vida. Y si les toca actuar con profundo egoísmo, estarán dispuestos a hacerlo. Parecieran interponer al derecho a morir con dignidad, el derecho que les asiste solo a ellos, de gozar ante el sufrimiento de los otros. Al parecer, les encanta saber que hay gente aún dispuesta a padecer enfermedades catastróficas y a defender la vida, porque de esa manera aportan a la extensión en el tiempo del proyecto de dominación que representan la Iglesia Católica y otras comunidades religiosas que se oponen a la eutanasia.

La bancada Provida del Congreso fijó su postura a través de un comunicado, aludiendo que defenderán la vida, así sea aquella que deviene en condiciones de indignidad, por cuanto la Corte Constitucional viene promoviendo una “cultura de la muerte”.

Todos los que se oponen a la eutanasia asumen posturas antidemocráticas, pues no respetan a quienes libremente adoptan decisiones contrarias a sus creencias religiosas. Quienes creemos y defendemos la eutanasia no queremos imponer esta práctica a quienes prefieren vivir atados a respiradores artificiales por largo tiempo o padecer dolores, porque esa fue la voluntad de Dios. Por el contrario, las  acciones de sus detractores sí buscan desconocer y violar derechos reconocidos por la Corte Constitucional. Así de claro y de  simple. Se confirma que en Colombia hasta quererse morir es una joda.

@germanayalaosor

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