Manuel Pérez, el ELN que dejó y el ELN de hoy

Por LUIS EDUARDO CELIS

La vida del sacerdote español Manuel Pérez Martínez estuvo marcada por sus profundas convicciones de justicia y humanismo. Fue un hombre de principios ligados al cambio, a la dignidad, a la idea de la transformación social, a la lucha decidida contra toda injusticia y contra todos los atropellos que se han vivido y se siguen viviendo en las sociedades. Por eso, se compenetró a fondo con las luchas de Colombia y encontró en la rebelión armada un camino para participar y allí ligó su vida, con pasión y compromiso.

Llegó a una Colombia cruzada por los vientos cercanos de unas horribles violencias de finales de los años 40 y buena parte de los 50 y se encontró con otra violencia, la de las nacientes guerrillas. Allí, siguiendo los pasos del también sacerdote Camilo Torres Restrepo, se vinculó al Ejército de Liberación Nacional (ELN) empezando el año de 1969. Y ya no se desvincularía su vida a la vida de esta organización. Hasta su último suspiro, en febrero de 1998, formó parte del ELN. Llegó como un combatiente más y terminó siendo su primer comandante, dejando una huella profunda en esta organización.

Quienes lo conocieron y estuvieron cerca de él coinciden en su liderazgo, su sencillez para sentirse uno más entre el grupo combatiente, su firmeza para criticar lo que no compartía y su permanente apersonamiento de los temas grandes y sencillos de su vida guerrillera.

En estos 23 años desde la partida de Manuel Pérez Martínez, el ELN ha cambiado en aspectos fundamentales, donde mi criterio el más importante es que ya no tiene como propósito ser un factor de poder global, pues nació con la idea de derrotar a su enemigo: “la oligarquía”. Y de manera sensata concluyó que esa tarea, de inmensa envergadura, estaba fuera de sus posibilidades.

Al momento de la muerte de Manuel Pérez, el ELN libraba varias guerras regionales: sur de Bolívar y Magdalena Medio, Catatumbo, Oriente, bajo Cauca y nordeste antioqueño, sur del Cesar, todas esas guerras las perdió y se debilitó de manera impresionante. Entre 1992 y el 2002 el ELN perdió dos terceras partes de sus capacidades, representadas en presencia territorial, mandos, combatientes y acceso a recursos. Esta dura realidad lo disuadió de su proyecto de poder global, de imponerse sobre su enemigo: las elites políticas que han conducido al Estado colombiano y han moldeado el país según sus intereses.

De un proyecto de poder global, con el que nació el ELN, en su IV Congreso en 2005 (que se llamó  “Comandante Manuel Pérez Martínez – Siempre presente!”), pasó a un proyecto no centrado en el futuro sino es un presente concreto, y definió que ahora su proyecto estratégico sería “Resistencia armada”. Es lo que se ejerce todos los días y a toda hora, un proyecto que le ha permitido al ELN dar un sentido a su acción y un proyecto que se ajusta a una organización que desconfía profundamente de las posibilidades de construir un acuerdo con su enemigo histórico.

Un tema que ha cambiado en estos 23 años, es que en vida Manuel Pérez siempre se opuso a cualquier trato con los narcos. Por eso regaño severamente a Milton Hernández, integrante de la dirección del ELN, cuando llevó a un pleno de esta instancia la solicitud que le hacía Pablo Escobar de que el ELN lo protegiera en uno de sus campamentos. Solo por el hecho de ser mensajero de aquella solicitud, fue tal su reacción de enojo que ni siquiera fue considerada. Esto debió ocurrir en 1991.

Cuando los campesinos cultivaban coca en el sur de Bolívar, el bajo Cauca y el nordeste antioqueño, Manuel Pérez orientaba a los frentes guerrilleros para que hablaran con los campesinos y los disuadieran de buena forma a dejar esos cultivos pero la dura realidad mostraba otra cosa, esa economía arrasaba con todo. Es por eso que hoy el ELN lucha a su interior para que el narco con sus cuantiosos recursos no cambie su naturaleza de resistencia armada, con un discurso y un ideario político. Esta lucha está en curso al interior del ELN y entre más tiempo pasa, creo que el vil metal de los pesos va ganando más espacio.

Desde la muerte de Manuel Pérez Martínez, quien estaba de acuerdo con buscar un acuerdo de paz, han pasado varios intentos de diálogos y negociaciones. El ELN lo ha intentado con los presidentes Pastrana, Uribe y Santos. Y nada se ha podido avanzar con el presidente Iván Duque, como no fue posible avanzar con los ya mencionados.

El ELN es una organización que se mantiene en su proyecto de resistencia armada, ha crecido en los últimos cinco años y hoy hace presencia permanente en 140 municipios, a diferentes escalas de presencia. En algunos es muy marginal y en otros su presencia es de mayor impacto, en todos ellos a la escala que le es posible. Y en las regiones donde está ejerce las funciones básicas del precario Estado colombiano: es juez, policía y agente de la DIAN. Y las comunidades lo aprecian, lo respaldan o les temen, o los odian y les toca soportarlos.

El ELN es la última organización que queda de la historia de las guerrillas de los años 60. El M-19 hizo el primer acuerdo de paz en el año 90, lo siguieron el EPL, el PRT y el Movimiento Armado Quintín Lame en el 91, en medio del proceso constituyente. La CRS proveniente del ELN fue a un acuerdo de paz en abril del 94, mientras que las FARC dieron el paso histórico a un acuerdo de paz en 2016, acuerdo que está por implementar en lo fundamental.

Ya vendrá un acuerdo con el ELN, la historia de Colombia va hacia cambios y transformaciones importantes. Allí se dará el anhelado y necesario acuerdo de paz con el ELN, con una amplia participación social y ciudadana y un protagonismo de las comunidades donde el ELN permanece.

@luchoceliscnai

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