Las deudas de la humanidad con Judas

Por PUNO ARDILA AMAYA

Dijo Aura Lucía Mera en El Espectador que tiene mucho que agradecer a Judas, y estoy de acuerdo con el mensaje central de la columnista, pero no en otras arandelas que contiene el texto. Dice ella que «Sin ese beso delator no hubiera existido crucifixión, ni muerte, ni resurrección, ni cristianismo, ni luteranismo, ni catolicismo ni nada.

»Sin Judas, el mensaje de amor, de igualdad, de perdón, ese legado de Jesús, no hubiera trascendido ni marcado toda la historia de la humanidad en dos: Antes de Cristo/Después de Cristo. No tendríamos Vaticano, ni papa, ni iglesias, ni santos ni pecadores. No hubieran existido las cruzadas, no existiría la Semana Santa».

El acuerdo entre Jesús y Judas exigía sendos sacrificios enormes; uno, someterse a un tormento físico descomunal, el otro, convertirse en la imagen sempiterna del traidor.

El acuerdo entre Jesús y Judas exigía sendos sacrificios enormes: uno, someterse a un tormento físico descomunal, el otro, convertirse en la imagen sempiterna del traidor. Jesús se convertiría en la figura central de una religión que venía a reemplazar dictados tiránicos y misóginos por unos principios humanistas, racionales e igualitarios; y Judas puso el cuero para que la humanidad lo odiara por los siglos de los siglos. Y los dos, Jesús y Judas, se pusieron de acuerdo para ofrecerse en sacrificio.

Bien hasta ahí; y es por Judas que se conoce ese mensaje de amor que propuso Jesús. Pero en lo que no estoy de acuerdo —y que, por cierto, no debe culparse de ello al Iscariote— es por toda la sarta de males que vienen después, y que son enunciadas en el texto.

No es por Judas que exista el Vaticano, un Estado diminuto y multimillonario que ha amasado su fortuna a punta de empresas no tan santas como se supone que debieran ser sus iniciativas y sus emprendimientos. Sus ingresos van desde vender indulgencias en este mundo, como si se tuviera poder en el otro mundo (es más, como si se supiera que existe ese otro mundo), hasta recoger herencias y dotes por la inclusión en sus filas de miembros de familias adineradas, cuyas riquezas han venido siendo transferidas a las cuentas gordas de la Iglesia.

No es por Judas ni por Jesús que hay papas, ni iglesias, ni santos, ni pecadores. Las Iglesias son las creadoras de santos y pecados y jerarquías, que se han constituido a lo largo de la historia en un poder descomunal debido especialmente a la ignorancia del pueblo, y así como ha habido papas ateos y corrompidos, también han sido canonizados, y hoy se les rinde culto, en estas religiones que —quiérase o no— son abiertamente politeístas, como que tienen el Dios (santo) de los rayos, el de los pobres, la que cuida los ojos, la que protege de accidentes, y así. Y los pecados —cosa curiosa— cambian con el tiempo y con el temperamento o los ojos desorbitados del prelado de turno.

Tampoco es por ellos dos -Jesús y Judas- que hubo las cruzadas criminales, que a nombre de Cristo mataron al que rindiera culto a otra religión y a otro dios; y no es tampoco por ellos dos que la Iglesia se inventó la Inquisición (dizque “Santa”) para hacerse a más riquezas y poder, por medio de crímenes y torturas horrendas, y quitar a algunos estorbos del camino de toda su santa avaricia. No alcanzará la historia de la humanidad para que la “Santa Madre Iglesia” pida perdón por todos los males que ha causado al mundo.

Y, de acuerdo, si no fuera por Judas no existiría la Semana Santa, esos días en que los pecadores que temen a su dios descansan y se hincan de rodillas; esos días en que los vecinos ruidosos dejan descansar de su bochinche para dedicarse al rezo, porque precisamente la misma Iglesia los ha acostumbrado a ello: “El que peca y reza, empata”. La cagan todo el año, y la descagan con tres días de silencio y oración. Hasta los políticos dejan descansar sus uñas en los días de Semana Santa. Algo es algo.

Esos actos terribles contra los semejantes no se los inventó Jesús, ni los secundó Judas; esos tantos hechos abominables que hemos visto a lo largo de la historia de la humanidad han sido inventos de los hombres, no de Judas, y menos de Cristo. Ojalá la humanidad viviera de verdad en la armonía planteada en la palabra de Jesucristo, pero lo que hacen es cometer pecados y crímenes en su nombre. En realidad, convirtieron la palabra de Jesús, precisamente, en religiones tiránicas y misóginas.

@PunoArdila

(Ampliado de Vanguardia)

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