La filosofía humanista de Carl Sagan

Por JORGE SENIOR

Es satisfactorio observar que muchos jóvenes conocen y admiran a Carl Sagan, el gran divulgador científico fallecido en 1996.  Los que tenemos edad suficiente para haber visto Cosmos en los años ochenta no podemos olvidar el impacto que nos causó y cómo luego nos llevó a leer sus libros, entre los cuales se destaca El mundo y sus demonios.  En especial donde narra la historia de “un dragón en el garaje”.  Gente de todas las edades ha visto Contacto, la película protagonizada por Jodie Foster, basada en la novela del mismo nombre.  Una parte fue rodada en el Observatorio de Arecibo, tristemente destruido el año pasado por la desidia anticiencia del gobierno Trump.  En la última década se han emitido dos secuelas de Cosmos con Neil DeGrasse Tyson y la producción de Ann Druyan.

El humanismo tiene raíces filosóficas profundas, pues viene desde la Grecia clásica, el Renacimiento y el siglo de las luces.

Sagan fue un destacado astrónomo y quizás el más importante divulgador de la ciencia en el siglo XX.  Pero, ¿podemos considerarlo un filósofo?  Desde luego que el neoyorkino no encaja en las características del típico filósofo.  Sin embargo, como el propio Sagan nos recuerda, “la ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos, es una manera de pensar”.  Es difícil exagerar la profundidad y certeza de esta afirmación, que debería ser la columna vertebral de la educación.  Y nuestro divulgador estrella se caracterizaba precisamente por enseñar toda una cosmovisión moderna a través de su obra escrita y audiovisual, acorde a la ciencia actual.

La filosofía de Carl Sagan es naturalista, humanista, escéptica y romántica.  Y se puede resumir resumir en 6 puntos.

1. Somos una especie exploradora, esa es nuestra naturaleza, producto de la evolución. La ciencia es la forma cumbre de la exploración y junto con la tecnología nos lleva a nuevas fronteras.

2. Somos una especie curiosa. La ciencia es aventura del conocimiento, no debe ser una actividad mercenaria.  Pero la ciencia pura o básica puede llegar a ser ciencia aplicada, práctica y útil.

3. Nuestro cerebro, capaz de reconocer patrones, de simular la realidad, de anticipar el futuro, de resolver problemas y de adaptar la naturaleza a la especie, es nuestra arma o herramienta por antonomasia. El pensamiento científico es crítico y se fundamenta en lógica y evidencia.  De aquí se desprende la actitud escéptica bien dosificada y sus conclusiones: no hay dios ni padre protector; no hay “más allá”, ni cielo, ni infierno, ni alma, ni espíritu. Todos son “dragones en el garaje”.

4. Estamos librados a nuestras propias fuerzas, como adultos (esto guarda similitud con la mayoría de edad de Kant, pues Sagan es también un ilustrado).  El peligro de extinción es real. El equilibrio dinámico del Sistema Tierra es relativamente estable, pero existen amenazas y la más peligrosa es antropogénica (el propio ser humano).  La responsabilidad de nuestra especie para mantener ese equilibrio dinámico de la vida es un imperativo condicional de supervivencia.

5. Es preciso democratizar la ciencia, el conocimiento, el pensamiento crítico, mediante la educación en su más amplio sentido, para estar a la altura de tamaña responsabilidad y tomar las decisiones correctas.  Educación, ciencia, conocimiento son “una luz en la oscuridad”.

6. Principio cosmológico: no somos nada especial en la naturaleza.  El universo es indiferente a las necesidades y deseos humanos.  El cosmos probablemente está pletórico de vida. Por ende, es probable que exista vida inteligente en muchas partes del universo (algunas no lo suficiente para evitar la extinción). Cosmopolitismo cósmico: necesitamos contactar a otras civilizaciones que puedan existir (proyecto SETI).

No soy tan optimista sobre la existencia de vida extraterrestre inteligente, pero coincido con su visión que encaja perfecto en lo que se conoce como humanismo secular.  El humanismo es una filosofía de vida para adultos no infantilizados, apropiada para un universo sin dioses, capaz de fundamentar la moral social en una época de cambio climático, disrupción tecnológica y neoliberalismo implacable.

El humanismo tiene raíces filosóficas profundas, pues viene desde la Grecia clásica, el Renacimiento y el siglo de las luces.  El humanismo secular es expuesto por Mario Bunge en el primer capítulo de Crisis y reconstrucción de la filosofía, y por Steven Pinker en el último capítulo de En defensa de la Ilustración.  La declaración humanista de 1980 puede leerse aquí.

La más reciente declaración humanista resume esta visión en seis tesis. (a) El conocimiento del mundo se deriva de la observación, la experimentación y el análisis racional. (b) Los humanos son una parte integral de la naturaleza, el resultado de un cambio evolutivo no guiado. (c) Los valores éticos se derivan de la necesidad y el interés humano, como se ha comprobado por la experiencia. (d) La realización de la vida surge de la participación individual al servicio de los ideales humanos. (e) Los humanos son sociales por naturaleza y encuentran significado en las relaciones. (f) Trabajar para beneficiar a la sociedad maximiza la felicidad individual.

@jsenior2020

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