La comunicación del presidente Petro: riesgos y desafíos

Por FABIO LÓPEZ DE LA ROCHE *

El gobierno de Gustavo Petro ha presentado un programa de reformas y un plan de desarrollo que constituyen la única posibilidad en muchas décadas, de un cambio social que favorezca a las grandes mayorías excluidas del bienestar. El desarrollo exitoso de ese proyecto no es un proceso fácil, tanto por la gravedad de los problemas y los retos que enfrenta cualquier presidente en Colombia, sumado a los intereses de enemigos externos e internos, así como a la inexperiencia política e incapacidad de gestión de una izquierda que ha estado siempre excluida del poder y muchas veces refugiada en discursos y lógicas contestatarias, de denuncia y de oposición.

Petro decidió privilegiar como instrumento de comunicación a Twitter, un medio que en Colombia tiene un poco más de cuatro millones de usuarios, menos del diez por ciento de la población, pero que logra ampliar de manera importante su influencia, por la resonancia de los tweets en la radio, la prensa digital y las redes sociales.

No se ve mayor claridad en la apuesta de comunicación gubernamental y presidencial en cuanto a su disposición y capacidad de construir comunicaciones diferenciadas para los distintos medios y públicos que configuran esa esfera pública híbrida y fragmentada. Ese tipo de comunicación presidencial diferencial exigiría la incursión de la figura, la palabra y la imagen del presidente en diferentes formatos y narrativas: alocuciones presidenciales, entrevistas para radio, televisión y prensa, ruedas de prensa, intervenciones en medios digitales alternativos, participación en pequeñas emisoras regionales y locales (como lo hizo Uribe durante todo un mes en enero y febrero de 2008 para buscar apoyo al plebiscito para su segunda reelección).

Si bien el presidente organizó en una oportunidad una especie de rueda de prensa con medios de comunicación populares y alternativos, mezclados con algunos pocos medios comerciales invitados, podría organizar encuentros regulares con estos medios para fortalecer la visibilidad de lo comunitario campesino, indígena y afro, así como de muchas realidades locales de nuestras regiones, que no logran acceder al juego político comunicativo y a los circuitos de visibilidad nacional.

Un imperdonable descuido ha sido el de los medios público-estatales, que si bien en una democracia no pueden convertirse en caja de resonancia de las políticas gubernamentales y de las declaraciones del presidente, tienen un deber de pluralismo político y cultural como también de dar espacio a las voces de oposición, no es menos cierto que ellos pueden al mismo tiempo ser un espacio clave de comunicación de las políticas gubernamentales y sus logros. El gobierno se demoró 10 meses, hasta finales de mayo de 2023, para nombrar a la actriz y productora audiovisual Nórida Rodríguez como nueva directora de Radio Televisión de Colombia (RTVC) y al periodista Hollman Morris como subdirector para televisión.

El manejo emocional del Twitter y declaraciones apresuradas

El manejo de la comunicación a través de Twitter por parte del presidente se ha caracterizado por su improvisación, apresuramiento y emocionalidad.  El 11 de mayo cuestionó innecesariamente a Noticias Caracol por emitir una nota informativa de medio minuto sobre la movilización de los reservistas de las Fuerzas Militares en la Plaza de Bolívar el día anterior, en contra de su gobierno, manifestación que fue significativa en la medida en que llenó la Plaza de Bolívar y que como hecho político cualquier medio de comunicación que cubra las realidades de la vida nacional y capitalina tenía que reportarlo. El trino puesto por el primer mandatario anotaba lo siguiente:

“Miren este medio de comunicación tratando de dividir a fuerza pública del gobierno. Soy el comandante constitucional de las fuerzas armadas. No hay conflicto entre los uniformados activos y el gobierno nacional”.

El presidente olvida o seguramente no sabe, pues no tiene por qué ser un experto en temas de comunicación, que una noticia o un mensaje informativo emitido no se gana a la opinión automáticamente, por más directivo que sea, sino que tiene que contar con lógicas de mediación desde la recepción que pueden transformar en muchas direcciones la interpretación del mensaje. Situación que describe muy bien un artículo de El País de España, comentando la movilización de la reserva y las reacciones frente a las declaraciones del coronel John Marulanda:

“El editor de la cadena (W Radio), Juan Pablo Calvás, lo buscó para conocer su opinión sobre la manifestación de cientos de militares retirados en la Plaza de Bolívar el día anterior, y Marulanda empezó diciendo que el objetivo final era “tratar de hacer lo mejor por defenestrar a un tipo que fue guerrillero”. Luego se arrepintió de lo dicho, pero su frase ya le había llegado a miles, incluido el presidente.

Gustavo Petro puso inmediatamente la alarma de un posible golpe de Estado y varios de sus aliados, que temen un ruido de sables desde que él ganó la Presidencia, salieron a defenderlo. Pero no solo sus aliados, sino también varios de sus críticos más activos como Bruce Mac Máster, presidente del principal gremio empresarial, la Asociación Nacional de Industriales (ANDI); políticos de oposición, como su rival Federico Gutiérrez; o miembros retirados de la fuerza pública que convocaron a la protesta, como el coronel Julio César Prieto Rivera. “No compartimos las declaraciones emitidas el día de hoy por el señor coronel John Marulanda”, dijo este último en un video. Incluso la Fiscalía, a cargo de un fiscal general que ha chocado con Petro recientemente hasta tildarlo de “dictador”, aseguró que investigaría si Marulanda está detrás de alguna conspiración.

Sintetizando, los militares de la reserva de las Fuerzas Armadas no salieron muy bien parados en términos de comunicación política democrática, de esa puesta en escena en la Plaza de Bolívar.

Hay una crítica recurrente, en la información de prensa y en las columnas de opinión revisadas para escribir este artículo, de que el presidente se desgasta y pierde autoridad casando todo tipo de peleas menores y respondiendo a cubrimientos periodísticos de sus políticas o actos de gobierno que impliquen críticas o distanciamientos o simplemente a reporterías u opiniones que a él no le gustan. Parte del deber ser o de la deontología del manejo de la comunicación presidencial en ordenamientos democráticos tiene que ver con el deber de tolerancia a críticas y opiniones contrarias a las del propio presidente.

Otro tema que agitó la polémica sobre la comunicación presidencial de Gustavo Petro fue la carta enviada al mandatario por la periodista Camila Zuluaga y leída en su programa “Mañanas Blu con Camila Zuluaga”, a raíz de un tweet inexacto publicado por un influenciador petrista identificado como JulyElProgreOriginal o @JulianProgre.

Utilizando la grabación de un paseo de la periodista, su esposo, su niño de un año y de una señora que les colabora en las labores del hogar,  imágenes tomadas por un @mrperlatinoamerica según la marca inscrita en el video, el influenciador ataca a Camila Zuluaga, supuestamente por aparecer entrevistando a la ex niñera de la Jefa de Gabinete del presidente Petro Laura Sarabia, urdiendo de esa manera una conspiración contra el presidente. El tuitero @JulianProgre introduce así su tweet con unas palabras colocadas sobre el video y leídas por una voz femenina que dicen:

“La periodista y presentadora colombiana, Camila Zuluaga, fue grabada por uno de nuestros paparazzis en plena conversación con la ex niñera del hijo de Laura Sarabia, la jefe de Despacho del gobierno de Gustavo Petro”. Por las razones que sean, por estar preso de visiones ideológicas o por mala fe, el influenciador emitió una noticia falsa, calumniosa, y en un país violento y en unas redes sociales pobladas de comportamientos intolerantes, está atentando con este tipo de tweets abusivos, contra la seguridad física y emocional de la periodista.

Ahora bien, resulta difícil probar la aseveración de la periodista en cuanto a que el tweet mentiroso de @JulianProgre “es consecuencia directa de la actitud que usted mismo [el presidente Petro] ha asumido con los medios y con nosotros los periodistas a través de su cuenta de Twitter”. Muchas de estas intolerancias son producto de una sociedad altamente polarizada, donde por generación propia brota todo tipo de visiones conspirativas e intransigentes frente a quienes piensan distinto, tanto en la extrema derecha como en las extrema izquierda.

No obstante, Camila Zuluaga tiene razón al afirmar que las recurrentes acusaciones y generalizaciones del discurso presidencial respecto a los periodistas, crea climas de opinión que favorecen discursos estigmatizantes por parte de las “barras bravas del petrismo”.

Petro reaccionó públicamente a la comunicación de la periodista Zuluaga con el siguiente tweet: “Ahora tratan de vincular este video con la presidencia. Es un portal también periodístico de paparazzis, ¿qué tiene que ver conmigo?”. Tiene razón en su derecho a defenderse de publicaciones inexactas, pero debería contemplar -antes de responder desde su cuenta personal de Twitter a todo tipo de críticas- la posibilidad de tener una especie de vocero presidencial o speaker, que exprese la posición presidencial, no solo frente a algunas interpretaciones periodísticas de sus políticas, sino también frente a otros temas de interés ciudadano.

Especialmente a los presidentes, se les exige que toleren los cuestionamientos que hace la prensa. Es claro que las críticas de los medios no les gustan a los mandatarios y que, tanto al presidente Petro como a sus antecesores, les incomodan. Todos han rivalizado con la prensa, unos con métodos más sofisticados o agresivos que otros, como el expresidente Uribe, quien llegó a hablar de medios o periodistas “subversivos” o “al servicio de la guerrilla”.

Un segundo tema tiene que ver con la valoración del sistema mediático colombiano como altamente monopólico, excluyente, centralista, endogámico, unanimista y preservador del statu quo neoliberal. Tenemos un sistema de medios altamente concentrado, donde la inmensa mayoría de los medios hegemónicos está en manos de grandes empresarios y dueños de la economía. La situación no difiere de la de Brasil con la hegemonía del Grupo Globo, de México con la dominación del Grupo Televisa y TV Azteca, o de Estados Unidos, Inglaterra y Australia con el Grupo Fox del empresario de medios Rupert Murdoch.

El Tiempo es un periódico al servicio del establecimiento y de los grupos económicos y políticos dominantes, propiedad del empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo, con una orientación actual cada vez más antipetrista, del mismo modo que hay una posición claramente prouribista, antizquierdista y antipetrista por de la revista Semana.

Pero no podemos dejar de mencionar el nacimiento, hace ya más de un año de la revista Cambio en su versión digital, que liderada por la escritora y periodista Patricia Lara y por el reconocido periodista de investigación Daniel Coronell, conforman un vigoroso proyecto periodístico independiente y democrático. En el mismo contexto, no se podría decir de El Espectador como diario impreso, ni mucho menos de Noticias Uno, el informativo de televisión más reconocido y premiado en la última década, que son medios antipetristas.

Desde visiones conspirativas o desde percepciones ideológicas generalizantes al estilo de “la prensa burguesa” o “los medios burgueses”, se construyen interpretaciones que meten a todos los medios o a todos los periodistas en un solo saco, en una supuesta actitud de funcionalidad al mantenimiento del sistema capitalista neoliberal. Presas de la mirada ideológica, tales interpretaciones prestan poca atención a las diferencias de intereses políticos, ideológicos, económicos y culturales existentes entre los distintos medios, incluso entre los hegemónicos.

A manera de gran resumen o conclusión, hay un amplio consenso entre analistas de medios en que el improvisado y descuidado manejo de Twitter por el presidente Gustavo Petro está afectando su credibilidad, la imagen del gobierno y la propia gobernanza. La proliferación de respuestas a críticas y asuntos menores en las redes sociales termina no solo afectando la majestad de la figura presidencial sino distrayendo su propio tiempo de los asuntos más importantes.

@FabioLopezdelaR

* Fabio López de la Roche es Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia, Historiador y Master of Arts en Historia Universal de la Universidad de la Amistad de los Pueblos de Moscú (1984).

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