La clave de la fe está en el milagro

Por PUNO ARDILA

¿Supo usted —le pregunté al ilustre profesor Gregorio Montebell— lo que ocurrió la semana pasada con un pastor brasilero?

—No he podido leer la prensa —me respondió— porque en estos días hemos estado sin luz, por exceso de lluvia, o por falta de lluvias, o por lo que sea, que por estos lados se va la luz de todas formas. Cuente a ver…

—Pues que la semana pasada un pastor brasilero les hizo a sus feligreses “la última jugadita”. Les dijo que volvería de entre los muertos, porque había hablado con el supremo, y que este le había confirmado que su carne y su cerebro estarían preparados para resucitar, y volvería del más allá para seguir con su gloriosa campaña evangelizadora en el más acá. Por supuesto, la carreta no pasó de ahí: muerto el tipo, tuvieron que enterrarlo a los tres días porque la descomposición no daba espera.

—Cuando menos por el cañazo no les tumbó sus bienes —replicó el profesor—, como ocurrió en Colombia, que un pastor convenció de la segunda venida de Jesucristo a toda una comunidad, que vendió sus bienes y le entregó todo el dinero —adivine a quién— al pastor, lógicamente, que antes de la fecha propuesta para el milagro puso pies en polvorosa y se les perdió a sus amados feligreses, con todo y enjalma, y con todo el dinero de sus bienes.

—¿Por qué será que la gente se deja engañar de esta manera tan absurda?

—Porque necesita creer en algo. Para la gente es importante que haya magia, que exista el milagro, que pueda dar fe de lo que aparentemente no tiene explicación lógica ni científica. Desde los tiempos bíblicos, fíjese usted que Moisés tuvo que tratar de convencer del poder de su dios a unos incrédulos egipcios que veían solo magia en la transformación del báculo en serpiente; pero “los hijos de Abraham” sí veían aquello como la manifestación de su dios para someter la voluntad del faraón y propiciar por fin la salida hacia la libertad y hacia la tierra prometida, que nada que les aparece todavía por ninguno de los rincones de la Tierra.

Quítele usted los milagros a la peregrinación de Jesús y verá que la historia se torna en un resumen de charlas y parábolas, seguramente sin trascendencia. Precisamente por la necesidad del milagro, a Judas le tocó condenarse ante la historia y ante los hombres, por los siglos de los siglos, para presentar ante el mundo a un ser excepcional, que terminaría en un proceso cruel, injusto y desproporcionado, pero necesario para su “inmortalidad”, y con ello se concibió, entonces, la idea de una nueva Iglesia y el fundamento de una mejor convivencia para los seres humanos. Porque eso es, precisamente, lo que plantea en principio la palabra del cristianismo; lo que pasa es que la Iglesia misma, por sus afanes diversos, ha modificado sustancialmente esa propuesta. Si la Iglesia aprobara por fin abrir la tumba en Cachemira, tal vez pudiera probarse la teoría de Andreas Faber-Kaiser de que Jesucristo existió, pero no resucitó, sino que murió a los ochenta y tantos años. Se probaría así la existencia de Jesús, pero caería el milagro, y eso no les conviene.

@PunoArdila

(Ampliado de Vanguardia)

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