Imagen y letra, unidas para el disfrute del alma

Por OLGA GAYÓN/Bruselas

Ayer fue el retrato pintado y la escritura con pluma de ave y tintes de la naturaleza. Hoy son la fotografía fácil desde los móviles y la escritura elemental a través del teclado de los ordenadores. Pero en el intermedio se encuentra la cámara fotográfica que costaba una fortuna y el estilógrafo que cargábamos con tinta; en mi niñez y adolescencia, de marca Parker.

Gracias a las nuevas tecnologías, todos vamos presumiendo por ahí de fotógrafos y escritores. Y cuanto más nos jactamos, más valiosas se vuelven estas profesiones que millones se atreven a menospreciar «porque todos hacemos fotografías y todos escribimos».

Ser fotógraf@ o escritor@ es ser un@ artesan@ profesional que requiere de quien lo es, mucho trabajo, disciplina, entrega y, sobre todo, poseer un alma sensible que capta tanto en la imagen como en la escritura lo que la mayoría de los mortales ignora o, simplemente, no ve. La fotografía y la escritura son artes ejercidas por artistas. Pocos pueden tener un ojo fotográfico o una pluma escritora.

Cuando estas dos disciplinas se unen es como si los dioses se hubiesen fusionado para elevar a las alturas la belleza y devolverla a la tierra para el disfrute de los mortales. Imaginar letras y escribir imágenes es solo cosa de individu@s ungidos por el arte.

Mis respetos a tod@s los que nos regalan su genio, y además no presumen de ello porque, precisamente, al ser dotad@s por la sensibilidad para transmitir hermosura a través de la imagen y las letras, no necesitan de ninguna clase de aspaviento. Cuando las dos son inseparables, para el alma que las sabe apreciar, es una verdadera fiesta.

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Ilustración de portada, de Christoph Niemann

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