Hilary Castro: vidrios violados y mujeres rotas

Por GERMÁN AYALA OSORIO

En la Colombia de la doble moral y de la infame cultura patriarcal, ser mujer significa vivir en medio de amenazas de violación, humillaciones, persecuciones y exclusiones. La violación de Hilary Castro en una estación de Transmilenio en Bogotá y las protestas de un grupo de mujeres por lo sucedido con esta menor de edad, son el corolario de una sociedad machista en la que deambulan, al acecho, machos y depredadores sexuales, protegidos por la cultura dominante y la institucionalidad estatal. Esos mismos machos, de la mano de una parte importante de la sociedad, naturalizaron la idea de que el cuerpo femenino es un territorio de conquista y de disputa, sometido a la lógica del “acceso libre” con la que siguen operando los violadores y el propio sistema de justicia.

Todo juega en contra de las mujeres en Bogotá y en Colombia. Los jueces las revictimizan al emitir juicios y recoger los hechos punibles. Las URI, en lugar de ser un espacio para acoger a las víctimas, los funcionarios que allí atienden se convierten en los nuevos victimarios, por su indolencia y falta de profesionalismo: “aquí no se reciben esas denuncias; usted es menor de edad y quien la violó es mayor de edad. Vuelva más tarde, ya cerramos”.  Así, a Hilary le falló el Estado y le fallamos como sociedad.

Las protestas de anoche derivaron en desmanes y afectaciones a buses y vidrios de las estaciones de Transmilenio. Una infraestructura que cuenta con seguros que cubren esos daños. Pero escandaliza más unos vidrios rotos y buses rayados, que la violación misma de Hilary. Como dijo Miguel Ángel del Río en trino que muchos no entendieron: “El cuerpo de una mujer es más valioso que vidrios rotos”. (Ver trino)

Lo llamativo además es que aparecen en escena periodistas, en particular hombres, a fustigar a las manifestantes por quebrar unos vidrios. A esos supuestos comunicadores que defienden lo material por encima de la vida solo les faltó titular: “Anoche en Bogotá encapuchadas violaron vidrios de estaciones de Transmilenio”. Quizás lo pensaron, porque para ellos y otros cientos de miles de ciudadanos la violación de mujeres se les volvió paisaje, algo que ya forma parte de la rutina informativa.

Al final de la jornada el presidente Gustavo Petro le solicitó “a la policía en la brevedad del tiempo la captura del criminal” (ver trino), a la par que se escuchaban las disculpas de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, y el mea culpa de los funcionarios de las URI. Mientras circulaban esos insustanciales discursos en los medios masivos, en un rincón de su casa Hilary Castro trataba de superar la violación de la que fue víctima.

Hilary deambula destrozada, rota y rasgada por cuenta de una sociedad y un Estado que por décadas validaron la cultura patriarcal y su más infame expresión: la violación de mujeres.

@germanayalaosor

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