Flores para Trump

Por GERARDO MARTÍNEZ MARTÍNEZ

De Biden llegó la era
con aplausos de ilusión,
mientras pasa la emoción
y unos dirán que “ese no era”.
Hubo alegría sincera;
sentimos un no sé qué,
por la cara de ponqué
del nuevo posesionado,
y el aplauso alborozado
por el guache que se fue.

Ese viajó a La Florida
a su refugio ostentoso,
de fanático ampuloso
que del poder no se olvida.
Por mangonear da la vida,
es ese su gran desliz;
parece hacerlo feliz
‘casar y casar peleas’
con expresiones re feas,
como cuando era APRENDIZ.

En cambio, Joe, el abuelo
de setenta y ocho abriles,
exhibe gratos perfiles
que a uno lo dejan lelo.
No estamos tomando el pelo;
es cierto, habla sin afán,
sin ofrecer circo y pan.
Es la ventaja evidente,
de llegar a presidente
sucediendo a un atarván.

En fin, ya ocurrió el relevo
para muchos anhelado,
de destronar al malvado
y colocar a uno nuevo.
A gritarlo no me atrevo,
de nuevo no tiene mucho,
pero prefiero ese ‘cucho’
de experiencia tolerante,
al engreído tunante
que en decencia no es muy ducho.

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