El viejo ambientalismo y el ambientalismo de Petro

En varios escenarios internacionales el presidente Gustavo Petro ha hecho referencia a la imperiosa necesidad de descarbonizar las economías y emprender acciones de mitigación contra el cambio climático. En este contexto, le propuso al sistema financiero internacional cambiar deuda externa por acciones climáticas como proteger la selva amazónica. Lo anterior obligaría a las naciones del mundo a iniciar discusiones en torno a la soberanía y el control de los ecosistemas, en particular sobre los espejos de agua.

Sin duda, estamos ante un discurso ambientalista de nuevo cuño que los ambientalistas de los años 60 pareciera que no quieren acompañar, por la carga ideológica y política que supone sumarse a las propuestas del primer presidente de izquierda en Colombia.

El discurso ambientalista de Petro deviene con un enfoque sistémico que supera las visiones de los ambientalistas que criticaron en su tiempo el modelo de desarrollo económico, pero fueron aceptando la narrativa fantasiosa del desarrollo sostenible, hasta llegar a acompañar la entonada perspectiva de la sostenibilidad. Es decir, se quedaron en la defensa del “verde”, sin tener en cuenta procesos civilizatorios y las crisis humanas que acompañan a lo que hoy se conoce como el cambio climático.

Petro habla de la posibilidad de la extinción de la humanidad, pero guarda silencio en torno a un asunto que poco se aborda: el control de la natalidad. Creo que es tiempo de que se toque tan espinoso tema, dejando de lado las valoraciones religiosas con las que se consolidó el machismo y la sumisión de la mujer; esto es, la idea masculinizante que le impuso a la mujer el único rol que debería cumplir por mandato divino: ser madre.

En su discurso de instalación del periodo legislativo, volvió el mandatario a tocar el tema del cambio climático y la urgente necesidad de hacer una reforma agraria que conduzca el país a estadios de seguridad y soberanía alimentarias, elementos que entrarán en crisis por cuenta de las altas temperaturas o las temporadas de lluvia intensa que afectarán los ciclos de las cosechas. Habló de dos pilares: justicia ambiental y justicia social, justamente los factores que más despreciaron quienes defienden el modelo de desarrollo económico agro extractivo y también los que se creyeron el cuento de que es posible lograr un desarrollo sostenible y hablar de sostenibilidad.

La congresista María Fernanda Cabal desestimó lo planteado por Petro en términos de una “sexta extinción que se avecina”. Cabal considera que se trata de un discurso tremendista y apocalíptico. La postura de la inefable política resulta explicable porque ella viene de sectores económicos que han aportado al deterioro socio ambiental de la vida en los territorios de su influencia: la ganadería extensiva, la minería a gran escala y el monocultivo de caña de azúcar.

La señora Cabal, que aspira a gobernar al país, es una negacionista del cambio climático que terminará conquistando los corazones de los ambientalistas que hoy, por miedo a darle la razón a Petro, guardan silencio ante las alertas que el presidente viene lanzando de tiempo atrás.

No puede ser que, por un miedo ideológico y político al rechazo de los sectores académicos, políticos y económicos tradicionales, el viejo ambientalismo termine acercándose a los negacionistas. No son tiempos para las medias tintas.

@germanayalaosor

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