El síndrome de Anatolio

Por PUNO ARDILA

—¿Sabe quién es Anatolio? —le pregunté al ilustre profesor Gregorio Montebell.

—Por supuesto —me respondió—; Anatolio es un digno representante del pueblo colombiano.

—¿Le parece digno lo que hizo en el Congreso?

—Hablo de “digno” como “merecedor”, no como alguien de prestigio o alto valor —replicó el profesor—, y Anatolio Hernández merece llamarse “representante de los colombianos”. Le explico: En el Congreso habita una fauna nauseabunda que retrata —o caricaturiza— los sentires y los pensares de los colombianos. Como él actuó en la votación, que ni supo lo que hizo, que ni supo de qué estaban hablando, que ni supo si votó a favor o en contra de qué o de quién, así actúan los colombianos; así opinan los colombianos; así escogen y votan los colombianos.

—La coalición dirá que es disciplina…

—Seguramente lo dirán, porque los partidos, así piensen en hacer cosas buenas (no lo sé; no los he visto), deben ir en una sola dirección, cumplir con unas directrices y actuar como equipo; eso no es malo. Lo malo es que se no se trata de integrantes cualesquiera; se trata de supuestos líderes regionales, puestos ahí (en teoría) por un pueblo que necesita ser representado y tener voz y voto en el planteamiento y en la definición de las leyes en Colombia; pero muchas veces ni todos esos borregos que andan a la pata de quien le diga por quién votar saben cuál es su verdadera función en el Congreso.

—¿No es así como se practica la política en Colombia?

—Tal cual. En este país la gente no sabe por quién vota, ni sabe por qué vota; o ni vota siquiera… Y cuántas veces solo se vota a cambio de un mendrugo de pan.

—Y así es el Congreso…

—El Congreso colombiano es un lote de ganado, arreado por unos cuantos corraleros, que silban, gritan y enlazan reses dentro y fuera de este prostituido recinto; y hay otras bestias, unas que ladran, como Mejía, que toca mantenerlo amarrado para que no contagie su hidrofobia a algún desprevenido; y otras acémilas, como Cabal, Guerra y Paloma, que cargan plata en sus grupas para resolver eventualidades con algunos grados distintos de dificultad y poder echar adelante sus proyectos “estadistas”. Es más, el Congreso hasta bobo tiene, porque Macías también es digno representante del pueblo; porque no me dirá usted que Macías es algo más que un chupamedias…

—Bueno, Macías fue presidente.

—Cualquiera puede serlo; para eso no necesita ser inteligente ni ser propositivo. Mire usted la historia reciente del Congreso y verá que Senado y Cámara han estado presididos por peones que solo obedecen indicaciones para avanzar en un damero que ni ellos mismos entienden. Solo esperan órdenes. ¿Recuerda usted cómo “pensaban y decidían” los del partido de la oposición en tiempos de Santos? ¿Y recuerda cómo “pensaban y decidían” cuando se volvieron partido de gobierno?

—Sí; rodeaban al líder para recibir indicaciones.

—Para recibir órdenes, en realidad. Ya le digo: así como Anatolio solo obedece órdenes, también tantos colombianos, que votan por el que diga el pastor, se dejan arrear, y salen a ladrar en contra de rayos homosexualizadores.

@PunoArdila

(Ampliado de Vanguardia)

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