Cuando solo jugamos bajo nuestras reglas

Por PUNO ARDILA

—El terrible enfrentamiento de hoy junto al mar Mediterráneo no es ideológico; no es porque el uno piense de esta manera, como debe ser, y el otro piense de esta otra manera, como también debe ser —dijo Catalina Arana—. Tampoco es un conflicto por religión, que porque el uno cree en este, que es el único dios verdadero, y aquel cree en aquel otro, que también es el único dios verdadero, como todos los dioses de todas las religiones y todas las creencias de los miles de millones de habitantes de este planeta. 

—No, ese sangriento conflicto de hoy, y desde hace muchísimo tiempo, es por territorio; territorio que significa poder, y el poder significa dinero —dijo el ilustre profesor Gregorio Montebell mientras dejaba ver su rostro detrás de un libro de Christopher Hitchens—. A propósito, le leo este enunciado de la página 27: «Mientras escribo estas palabras, y mientras usted las lee, las personas de fe planean cada una a su modo destruirnos a usted y a mí y destruir todas las magníficas realizaciones humanas que he mencionado y que han costado tanto esfuerzo». Entonces ahí tiene usted la prueba de que sí es un conflicto por ideología y por religión. 

—Pero ninguno habla de religión —insistió Catalina Arana. 

—Por supuesto que sí, Catalina. Es más, le voy a citar aquí una secuencia de frases con las que quieren justificar lo que están haciendo, y que están circulando por ahí, en internet, de creyentes de alguna de las religiones que aparecen en el conflicto, y que pueden ilustrarla al respecto:  

—«Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños contra la peña», matándolos, dice Salmos 137:9. La última venganza es contra infantes inocentes. Y luego bendecimos a dios por los alimentos que comimos. 

—Hay que destruir al otro […] Lo que es importante de entender es la lógica de la guerra, basándonos en el plan divino. 

—No existe permiso […] para tener ningún tipo de piedad, en lo absoluto, durante la guerra, ni con los niños, ni con las mujeres, ni con nadie. 

—Es que dios dice: «No tengas piedad con los niños; también mata a sus hijos»; ¿por qué? Porque no hay diferencia entre ellos y sus hijos; en diez años esos niños te atacarán. Dios lo sabe. 

—No jugamos bajo sus reglas; jugamos bajo las nuestras. 

—Mata a todos los hombres y a todas las mujeres, incluso a los bebés de pecho. 

—Salgan victoriosos y acaben con ellos, y no dejen a nadie. Borren su memoria. Bórrenlos, a sus familias, a sus madres y a sus hijos. Estos animales ya no pueden vivir más. Con todas nuestras fuerzas, completa destrucción; entren y destruyan […] Como puedes ver, seremos testigos de cosas que nunca soñamos. Dejen que los bombardeen y los borren. Todas las profecías enviadas por los profetas están a punto de ocurrir. 

@PunoArdila 

(Ampliado de Vanguardia) 

* Imagen de portada, tomada de El País de España

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