Colombia, país exportador de mercenarios

Por: GERARDO FERRO ROJAS

Me enteré del asesinato del presidente de Haití por una colega de trabajo, aquí en Quebec. Ella es haitiana, esa mañana no tenía la habitual alegría en su rostro cuando le di los buenos días. Le pregunté qué le sucedía y me lo contó: unos mercenarios, sin que aún se sepa la razón, habían matado en la madrugada al presidente de su país. «La gente está con miedo», me dijo mi colega, «todo el mundo está encerrado en sus casas sin salir. Si en un país son capaces de matar al propio presidente, quiere decir que pueden matar a cualquiera, que el pueblo está totalmente desprotegido». Su argumento era irrefutable; luego de una pausa y un respiro, Darling —que es como se llama mi colega— lanzó la sentencia definitiva: «J’ai honte de mon pays», tengo vergüenza de mi país, me dijo.

Si en un país son capaces de matar al propio presidente, quiere decir que pueden matar a cualquiera. Foto tomada de El Universal.

La madrugada de ese miércoles 7 de julio, un grupo de hombres no identificados entró a la residencia personal del presidente de Haití, Jovenel Moïse, y lo acribilló. Al día siguiente la noticia dio el vuelco que ya todos conocemos: Moïse había sido asesinado por mercenarios colombianos capturados por el gobierno haitiano. Como si fuera poco, se trataba de militares retirados del Ejército colombiano, dato confirmado por el propio Ministerio de Defensa; y uno de los mercenarios implicados resultó ser primo del Consejero de Seguridad Nacional de la presidencia de la República, Rafael Guarín.

Colombia, ahora más que nunca, y en medio de una de las más grandes violaciones internas de derechos humanos contra la población civil por parte de la fuerza pública, ha dejado en evidencia el nivel de podredumbre que carcome nuestra institucionalidad. La violencia a todo nivel, desde los fácticos hasta los institucionalizados sistémica y simbólicamente, nos ha construido como nación. Nos hemos convertido en exportadores de la propia violencia creada al interior del país. En todos los formatos posibles: exportamos drogas, narcos, exportamos la cultura traqueta, y ahora exportamos nuestra cultura paraca y mercenaria. Colombia es hoy un poderoso cartel de drogas legalizado a la brava a través de mecanismos democráticos corrompidos por la ilegalidad y el fraude. En eso ha terminado de convertir el Uribismo a Colombia. Y si la institucionalidad está corrompida, esa corrupción es la que se extiende a todos los niveles de nuestra cultura. Hemos dejado de ser país, democracia, comunidad, para convertirnos en un circo salvaje de supervivencia diaria.

Te abrazo con estas palabras, querida Darling, y te digo con absoluta tristeza y fraternidad: «yo también siento vergüenza de mí país».

@GFerroRojas

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