Colombia está obligada a transformar su economía

Por HUMBERTO TOBÓN

51.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero son depositados a nivel mundial cada año en la atmosfera, a través emisiones de CO2 producidas por el uso de petróleo y carbón. Una situación insostenible, que está afectando gravemente el Planeta.

Reiteradamente se ha pensado y ejecutado la gestión económica nacional bajo la premisa de que el petróleo y carbón eran insustituibles.

Frente a una realidad tan grave, que acelera globalmente el cambio climático, los grandes conglomerados financieros y las más poderosas multinacionales del carbón, se han visto forzadas a abandonar paulatinamente sus inversiones en este sector, y buscar espacio en otras industrias.

El Acuerdo de Paris, las decisiones del gobierno Chino y los anuncios del presidente Biden, relacionados con el control y posterior eliminación de las fuentes de energía contaminante, ya empezaron a tener consecuencias negativas muy notorias en las economías dependientes de los combustibles fósiles, como Colombia.

El abandono de operaciones carboníferas en Colombia por parte de los grandes jugadores mundiales y la devolución de las licencias otorgadas por la autoridad ambiental, le están indicando al país que es necesario cambiar urgentemente de modelo macroeconómico, porque estamos andando el camino equivocado.
Los departamentos y municipios donde se concentra actualmente la explotación de carbón, sienten un aumento descomunal del desempleo y una caída de sus ingresos por regalías e impuestos.

En menos de cinco años verán completamente cerradas las minas, porque en el mundo la demanda cayó en cerca del 40% y las únicas probabilidades de vender es llevando el producto a Asia, con costos que generan pérdidas cada vez mayores para los inversionistas. La cantidad de toneladas demandadas seguirá bajando, porque las termoeléctricas se están apagando.

Es el momento de repensar el futuro de la Nación y entender que el mundo sigue cambiando drásticamente. Ni el Banco Mundial ni los poderosos conglomerados financieros están prestando dinero para la exploración y explotación petrolera y carbonífera, como lo recuerda el exministro de Minas, Amilkar Acosta en El Tiempo. Quién lo creyera!


Las decisiones del gobierno colombiano que garanticen la introducción del país en cadenas de valor de alcance mundial, de las cuales estamos ausentes, son imperativas, para lo que es indispensable, en primer término, priorizar la inversión en ciencia, tecnología e innovación, que tradicionalmente es un sector que ha estado escondido en el fondo del baúl del presupuesto nacional. Lo segundo, es identificar los sectores que tienen posibilidades de competir en los mercados internacionales, basados en las tendencias de desarrollo y atrayendo inversión extranjera productiva. Tercero, modernizar las infraestructuras físicas y cubrir el territorio nacional con conectividad digital. Cuarto, hacer de la educación el epicentro de la política gubernamental, cambiando el modelo decimonónico y trayéndolo al siglo XXI.

Reiteradamente se ha pensado y ejecutado la gestión económica nacional bajo la premisa de que el petróleo y carbón eran insustituibles. La realidad es que ellos no serán el sustento de la economía colombiana, como tampoco lo serán suficientemente flores, aguacate y café.

*Los comentarios no comprometen a la RAP Eje Cafetero, de la que soy Subgerente de Planeación Regional.

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