Así ‘vivió’ un hermano mío el paseo de la muerte

El contenido de este artículo busca que las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) reflexionen sobre cómo mejorar y preparar a sus empleados para ejercer su labor con sentido protector del derecho fundamental de los Derechos Humanos en salud.

Por ANGELA TOBÓN PUERTA*

La muerte de mi hermano el 26 de mayo de 2023, adulto mayor de 74 años en condición de discapacidad (trastorno cognitivo y otros), produjo en mí emociones y opiniones encontradas. Esto me alienta a ponerle palabras de denuncia al PASEO DE LA MUERTE, de por sí doloroso, así como al PASEO POST MORTEM que padecimos sus parientes tras su deceso.

El paseo de la muerte alude a aquellas EPS que convierten al paciente en una mercancía de oferta y demanda y lo someten a ir de puerta en puerta suplicando una atención adecuada.

El paseo de la muerte de mi hermano, José Aníbal Tobón Puerta, no se puede reducir al transitar de hospital en hospital buscando una atención. En la descripción de esta tragedia familiar quiero demostrar que además hubo maltrato, discriminación e inequidad en el abordaje de su enfermedad.  

Mi hermano vivenció las siguientes situaciones deplorables:

1. Llega el día 5 de mayo del 2023 a la ESE Marco Fidel Suárez del barrio Niquía de Bello con varias complicaciones de salud, entre esas una fractura de cadera producto de una caída que acababa de tener, pero no lo reciben, sino que lo remiten a su gemela ESE Marco Fidel Suarez, ubicada en el barrio Manchester del mismo municipio.

2. Allí es ubicado en un espacio deprimente de Urgencias, a donde llega acompañado de un hermano también adulto mayor, pero menor que él. A pesar de su fractura, se hace una necesidad fisiológica y mi otro hermano no sabe ni tiene las condiciones para hacerle la labor higiénica que corresponde. Así permaneció en un sanitario hasta que una enfermera, luego de haberse negado por hora y media, se compadece y le hacerle la higiene, quizá movida por una nueva caída al piso de mi hermano en ese sitio.

3. Yo llego hora y media después de este suceso y encuentro a José Aníbal en el piso, con la enfermera haciendo su labor y él tendido ahí, no muy a gusto. Ante esta deplorable situación, como su agente cuidadora decido quedarme con él toda la noche, en ese denigrante espacio de urgencias hasta que tres horas después es ubicado en una camilla. Imaginen no más el dolor de mi hermano al tener que permanecer sentado en una silla con una fractura en la cadera…

Asignada una camilla, procedieron a colocarle una sonda vesical y a tomarle una radiografía de cadera, que permite corroborar la fractura.

4. Mi hermano es trasladado al día siguiente al hospital ESE marco Fidel Suarez de Niquia, a donde había sido llevado inicialmente pero no lo quisieron recibir. Allí permaneció del 6 al 15 de mayo, mientras le buscaban remisión a un hospital que contara con los especialistas requeridos.

5. Y es cuando asistimos al tercer paseo de la muerte: en las horas del mediodía del 15 de mayo se decide su traslado al hospital General de Medellín (ESE) por decisión de la EPS SAVIA SALUD, que nunca lo atendió oportuna y adecuadamente.

6. Cuando voy a hacer los pagos de los gastos de la hospitalización en el Hospital marco Fidel Suarez del que va a salir, me acerco a la encargada de la liquidación y le hablo de las condiciones económicas de mi hermano, así como de su condición de discapacidad, y la forma como estaba clasificado en el SISBEN. Por lo tanto, le solicito que revise el monto de la liquidación que pretenden cobrarle. Pero ella en forma altanera me contesta “esta no es una tienda en donde se pide rebaja”. Ofendida, luego de hacerle caer en cuenta de su maltrato, procedo a abonar a la factura en otra oficina.

Es así que el traslado a la ESE Hospital General se concreta a las 11 de la noche del mismo día. Pero lo más preocupante es que llega nuevamente a Urgencias, donde es de nuevo valorado por varios profesionales, entre ellos un internista y un ortopedista.

7. El día 18 de mayo llego allá, a acompañar a mi hermano desde las 6:30 a.m., y puedo corroborar varios asuntos: pocas veces se sabe cuál médico llega a atender a los pacientes, porque ese curubito del poder en el que los galenos se sitúan no les permite ni siquiera presentarse ante los familiares de los pacientes. La relación más cercana y de mayor confianza para preguntar sobre el familiar se aproxima a enfermeros-enfermeras auxiliares.

8. Y llega la hora del maltrato explícito: a las 2:30 de la tarde pregunto al auxiliar si el internista no va a pasar para conocer el estado de salud de mi hermano. Es de aclarar que ya el ortopedista había manifestado que la fractura no sería intervenida (por argumentos médicos cuyos comentarios me reservo) por lo tanto se enviaría a casa fracturado.

Me responde otro médico desde el puesto de enfermería, en voz alta, que ya el internista había pasado. Yo le respondo “qué pena, es la palabra suya contra la mía, porque yo de acá no me he movido durante 8 horas, esperando”. A los 15 minutos llega el internista, con una actitud incómoda y me dice que él había estado todo el día trabajando. Yo le respondo que cuestionar ese asunto no era el motivo de mi pregunta. Me dice que a mi hermano lo van a enviar para la casa con oxígeno las 24 horas. Yo le solicito que él desde su situación medica le solicite a la EPS SAVIA SALUD, me lo envié con el servicio “médico en casa”. Él responde que no decide eso. Pero yo le replico que sé que es la EPS, pero por su intermedio.

Me asaltaba la intención de echar mano de un derecho de petición o de tutela y se lo manifesté, que por favor me ayudara a no tener que acudir a este recurso legal. La respuesta fue: “los abogados no saben nada de medicina, yo los pateo”. Y hacía la mímica del pateo y gritaba. Todo mundo callado (pacientes, enfermeros-as…), ante esta manifestación de autoritarismo, como si buscara con esto y sus gritos en el puesto de enfermería amedrentar a quien se atreviera a discutirle. Yo desde el sitio de Urgencias, que quedaba a cuatro metros del puesto, le manifiesto que tranquilo, que yo no soy abogada.

Ta actitud de este “científico de la salud” me hizo preguntar: ¿Qué inseguridad puede estar carcomiendo a este médico? ¿Qué habrá hecho la entidad para atender la salud emocional de quienes tienen tanta carga laboral en estos sitios? ¿Qué estará pasando para tener que utilizar el grito y el miedo como recurso de legitimación de su autoridad? ¿Cuántas veces lo habrá hecho para que sus “subalternos” guarden silencio?

Le pregunté al enfermero jefe sobre esa situación quien me dijo que para ellos no quedaba bien hablar de sus compañeros de trabajo. No obstante, indagué por su nombre, el cual no lo señalo acá porque, como dije al comienzo, se trata es de enviar un mensaje a las ESE para que cambien su manera de implementar los protocolos de atención a los “pacientes”. ¿Es mejor callar que criticar sanamente?

Lo cierto es que proceden a pedir a la EPS el oxígeno, para poder enviar al paciente víctima a su humilde vivienda, con su fractura y demás quebrantos. Y mientras esta EPS -que parece un fantasma para la tramitología- hace efectivo el mandato (que ocurre el viernes 19 en la noche), fue enviado el causante de la ira del internista a una habitación.

Al día siguiente, 20 de mayo, en las horas de la tarde sale mi hermano para su casa, conmigo como su agente oficiosa, pero silenciada, sin médico en casa, para sobrellevar la tragedia de manejar un paciente que ni sentarse podía, con un medicamente derivado de la morfina para adormecer el dolor. Mientras tanto José Aníbal, que siempre fue mal atendido en la EPS SAVIA SALUD por ser militante del SISBEN (al cual yo contribuí con mi trabajo, económicamente de forma solidaria según la ley, engrosando los recursos a ADRES como administradora de los recursos del SGSS), iba muriendo lentamente, hasta que el 26 de mayo a las 4:18 minutos de la mañana dejó este mundo, despidiéndose de mí, con su mirada apagada pero agradecido de encontrar en la familia el amor y la empatía que no encontró en muchos de los empleados de esos hospitales del Estado controversialmente llamados ESE (Empresa Social del Estado).

9. Como si no fuera suficiente, en esa misma mañana del 26 de mayo, con el cadáver en el coche fúnebre, recorrí dos de los mismos hospitales donde estuvo en vida, para que certificaran sobre su pacifica muerte, hasta que al fin en el Hospital Marco Fidel de Manchester donde Ingresó, un médico sensible, amable, diligente, que estaba de turno en esta labor, me dio la certificación de su deceso.

Y cierro así este relato sobre el paseo de la muerte y el posterior paseo post mortem.

Descansa en paz, querido hermano mío. Tú mueres en un país donde el sistema de salud es HUERFANO DE SENSIBILIDAD, EMPATÍA Y EQUIDAD.

ADENDA: Luego de escritas estas palabras desde lo más profundo de mi CORAZÓN, me llaman de la Fundación CORAXON de Medellín a preguntar por qué mi hermano no asistió a la cita con el internista que tenía programada para este 2 de junio. Cita que esperó como buen paciente siete meses para que Savia Salud se la asignara, solicitada desde noviembre del 22 por el internista. ¿Esto acaso no hace parte del paseo de la muerte?

@AngelaTOPU

* Ángela Tobón es docente, psicóloga, especialista en Educación Sexual y Magister en Educación. Con reconocida experiencia en formación de mujeres en torno a sus derechos humanos y violencia intrafamiliar, sexual y de género.

Sobre el autor o autora

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