Costeños arrodillados

Por JORGE SENIOR

El patriarca octogenario del Clan que en los últimos años ha hegemonizado la política en Barranquilla, Fuad Ricardo Char Abdala, salió de su cómodo retiro para soltar un desesperado clamor público de apoyo al candidato uribista Federico Gutiérrez. Ni siquiera quiso esperar a que su partido, Cambio Radical, tomara una decisión seria al respecto.  Otra evidencia más de que los partidos políticos en Colombia no son auténticos partidos sino carpas de circo bajo las cuales se agrupan toda suerte de maromeros.

El otrora todopoderoso imperio charista viene en declive. Así lo muestran las cifras del 13-M, cuando se ahogaron varios de sus alfiles y el heredero del trono, Alejandro, hizo el ridículo. Se la jugaron a la presidencia y sacaron una cifra no muy lejana de la que sacó Carlos Caicedo en 2018.  El de la cachucha se reveló como un potencial tiktoker, pero no tuvo talla para jugar en la cancha nacional.  La demagogia de la Troja, el Junior y el cemento no le funcionó más allá de lo local.  Se corrió cobardamente de todos los debates, incluso del que se hizo en la propia Barranquilla, en la Universidad del Norte. 

Y es lógico, porque Alejandro no tiene ideas. La única vez que he hablado con él sucedió una anécdota que relato brevemente, porque viene a cuento.  En una época en que estaba sin cargo le dieron una columna en El Heraldo, para que no perdiera vigencia e hiciera política suave.  Para mi sorpresa, una columna trató de manera inteligente un tema de política de ciencia y tecnología.  Así que decidí ir a conversar con el entonces joven político y fracasado constructor, sobre el tema de la columna y le ‘caí’ a Joyería Moderna, un negocio de la familia que le servía de oficina en la calle 72. La breve conversación me reveló que el muchacho no había escrito la columna, ¡alguien la había escrito por él!

En lo que sí ha incursionado con cierto éxito a nivel nacional el clan Char es en los negocios: emisoras, supermercados y jugosos contratos en llave con los Nule, familiares de la esposa de Alex. Al respecto hay algunas investigaciones que probablemente no lleguen a nada, mientras las instituciones colombianas estén sometidas al poder económico de las élites.  Como no llegaron a nada las investigaciones sobre los oscuros orígenes de la fortuna familiar. 

Tras la derrota del 13 de marzo, la familia está temblando, de don Fuad para abajo.  Eso explica el patético discurso del patriarca en su otoño, arrodillándose humildemente ante el poder de la élite paisa y aterrorizado ante el fantasma de Gustavo Petro.  La escena era como si el Nacional le hubiera propinado al Junior una vergonzosa derrota. Pero más grave, porque la política es un asunto serio que define el futuro de un país.

Aún más patética ha sido la humillación del paladín de la Región Caribe, el exgobernador del Atlántico, Eduardo Verano De la Rosa. Su ridículo como pseudocandidato presidencial fue aún mayor que el de Alex Char, pero casi nadie se dio cuenta, porque Verano ni sonó ni tronó.  Salió de la escena por la puerta de atrás.  Con disimulo se montó primero en la cuatro-puertas de Char y luego de la derrota de éste último, pasó a convertirse en peón insignificante en las huestes del candidato uribista Federico Gutiérrez. El gran líder de la regionalización, el que ondeaba la bandera regional, el constituyente de los artículos 306 y 307 sobre ordenamiento territorial, el impulsor de la ley de regiones y la RAP, ahora se pone de rodillas ante los paisas que pronto tendrán el principal puerto en el Caribe.

Debo aclarar que, desde la academia, yo apoyé a Verano en el 2007 para derrotar a José Name Terán en las elecciones a la Gobernación del Atlántico, pues en ese momento Name era el máximo representante de la politiquería y la corrupción.  En particular, apoyé el proceso de reivindicar la costeñidad y configurar un proyecto de región. Y toda esa historia quedó plasmada en un libro, editado en 2012 por la Universidad Libre, que puede obtenerse online aquí.  Vale destacar el capítulo titulado Manifiesto Caribe Siglo XXI cuyas ideas siguen vigentes. 

Pero Verano nunca se atrevió a llenar de pueblo la propuesta de Región Caribe, se opuso o le sacó el cuerpo a la tarea de generar movilización popular. Sus evidentes limitaciones como líder lo llevaron a quedarse en simples gestiones institucionales, trámites en Bogotá, reuniones de gobernadores, contactos con senadores. Y ahora se arrodilla y humilla ante la élite paisa con su candidato, alias Fico, precisamente en las elecciones en que por primera vez parece factible que un líder nacido en el Caribe llegue a la Presidencia de la República.

En síntesis, la clase política de los departamentos de la Costa Caribe y sus “calanchines” abdicaron de la bandera regional y mostraron su catadura centralista y conservadora: es mayor su interés de evitar un cambio progresista en Colombia con fuerte contenido de liberalismo social, que llegar a un histórico pacto de transformación bajo el liderazgo de un caribeño, al que le gusta más el mote de queso que la changua.

Pero una cosa es la élite y otra es el pueblo, que es quien tendrá la palabra el 29 de mayo. 

En el siglo XX la Costa Caribe sufrió un rezago socioeconómico terrible respecto a la zona andina, como producto del orden conservador centralista que se impuso desde 1886 (irónicamente instaurado por un costeño, el cartagenero Rafael Núñez).  En el siglo actual, tras dos décadas de uribismo, la Región Caribe se mantiene como la más paupérrima junto a la Costa Pacífica y la Amazonia.  El pueblo caribeño no quiere más pobreza, hambre y centralismo.  Las multitudes de la Costa no se arrodillarán como Char y Verano, el par de figurones que se quedaron esperando que los escogieran de fórmula Vice: ¡los dejaron en azul!

En el próximo mes de mayo, costeño vota costeño. ¡Eso va!   

@jsenior2020

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