Jhonier: la respuesta de una sociedad enferma

Por PUNO ARDILA

¿Qué tal esto, ah?: el tipo mató a su hermano y a su mamá, y después jura que está muy arrepentido y promete que nunca más lo volverá a hacer.

—Son respuestas que la sociedad tiene dentro de las “posibilidades imposibles” —contestó de inmediato el ilustre profesor Gregorio Montebell—. Cuando alguien se disculpa (que dizque “perdón solo se le pide a dios”), todo queda mágicamente arreglado.

¿Cómo así? —refuté.

—Pues sí; la lógica es esa: «¿Acaso ya no le pedí disculpas?». Se lo explico: para mucha gente de nuestra sociedad lo ‘normal’ es lo que una persona considera ‘normal’, solo porque hay un pretexto. Así que primero niega a pie juntillas que haya sido ella la autora del hecho, y cuando se le demuestra, se defiende con los motivos (que son causas) para hacerlo, y hasta reconoce haber cometido un “error” (no un delito). Y, al final, se disculpa por haber robado esa suma de dinero, o por haberse quedado con el televisor que debía arreglar, o haber averiado el carro, o lo que sea. Y pregunta, además, si se “acepta la disculpa”. Si se le dice que no, dirá entonces que ahí no hay nada que hacer, porque la víctima no quiere aceptar la disculpa. Si se le dice que sí, entonces la respuesta será que «quedamos de amigos, y chao».

«Oiga, oiga, ¿y quién paga los daños?; ¿y quién me devuelve lo robado?; ¿y quién me compensa por el mal causado?». La respuesta del causante del hecho es desconcertante, y es en realidad el fruto de nuestra sociedad: «Pero ya me disculpé; ¿qué más quiere?». Por alguna extraña razón, proveniente de quién sabe qué escondrijos del comportamiento social dentro de la laxitud extrema de la convivencia acomodada, la gente cree que la disculpa es la razón última y el pago total de cualquier deuda, adquirida o accidental.

Y lo mismo ocurre cuando hay algún enfrentamiento causado por un accidente. Cuando se tiene la capacidad de hacerle entender a la otra persona que fue suya la culpa del hecho, porque la señal de “Pare” significa que debe parar, y no seguir pegado al andén, entonces el culpable, con muestras de arrepentimiento y con la cabeza baja, pide disculpas por haberse metido mal y haber causado la pérdida total de los dos vehículos. Y ante el reclamo por los daños, la respuesta es que «pero fue un accidente; yo no tuve la culpa; fue un accidente». Y ya. Para esa persona, reconocer que fue causante del accidente no significa nada más que reconocer que hubo un accidente, y como fue accidente, entonces nadie tiene que pagar. Así de simple.

Lo mismo pasa con este asesino de nombre impronunciable, que sale a prometer que nunca más volverá a asesinar a su propia madre, y que nunca más asesinará a su hermano Mauricio (puede que sí a otro hermano que no se llame Mauricio; pero a Mauricio no, eso sí que nunca más).

@PunoArdila

(Ampliado de Vanguardia)

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