El golpeteo sinfónico de los artesanos del cobre en Fez

Por OLGA GAYÓN/Fez

Has recorrido grandes callejones y pequeños recovecos de la medina El Bali de Fez, maravillándote con las tiendas, los productos y los vendedores. Has visitado y tomado fotos desde diferentes ángulos a la Puerta Azul, te has enamorado del bullicio reinante y de la exclusiva mezcla de especias que se apropian y conquistan tu sentido del olfato. Has almorzado en un restaurante atendido por un cordial, inteligente y diligente camarero que te ha ofrecido el menú del día, que incluye una sopa de lentejas, un tajín de pollo y un apetitoso postre por una suma muy moderada y que te brinda, además, la oportunidad de ser parte del paisaje y camuflarte dentro de él como cualquier lugareño, porque el lugar está ubicado, literalmente, en medio de un callejón por el que discurren centenares de turistas y compradores locales. 

Tras tres intentos en un cajero automático dentro y fuera de las murallas, por fin consigues tener en tu bolsillo algunos miles de dirhams -moneda local- que necesitas para tu última semana en Marruecos. Has recorrido a pie cientos de callejuelas que se entrelazan con otras, todas ellas comerciales, hasta que tu curiosidad te lleva a caminar por las calles de esta medina en la que habitan los oriundos de esta gran ciudad. En ellas ves niños jugando fútbol en la calle, mujeres llevando a casa la compra del día, grupos de mujeres jóvenes, casi siempre la mitad con velo y la otra mitad con el cabello al aire libre, hombres cargando pesadas cargas de mercancía sobre sus hombros y decenas de pieles de animales ya curtidas, y muchos burros que llevan sobre su lomo también mercancías, la compra del día y piles curtidas para sus distribución entre los marroquineros. En muchos recovecos observas a hombres quitarse los zapatos y lavarse los pies y las manos antes de entrar a orar a las pequeñas mezquitas que se encuentran desperdigadas al interior de la medina.

Esta fotografía del maestro calderero es el resultado de unas quince que tomé, intentando no interrumpir la concentración del artesano.

Tras un día de ensueño, cuando ya estás dispuesta a sentarte en una cafetería para tomarte un delicioso té de menta, escanciado como la sidra en Asturias, y lo único que deseas es darles un merecido descanso a tus ampollados piececitos durante al menos una media hora, comienzas a oír unos golpeteos fuertes sobre el metal. ¡Una sorpresa inesperada a las siete de la tarde del primer día de enero de 2023! Sigues esos martillazos que cada vez se hacen más intensos, hasta que te encuentras de frente con los tradicionales artesanos de los calderos de cobre de la Plaza Meedersa Seffarine.

El sonido de los golpes de martillo sobre los calderos de cobre se convierte en una hermosa sinfonía, cuando ves a los artesanos caldereros moldear este metal de la forma tradicional en que lo han hecho sus predecesores durante siglos. El sonido arrecia  al entrar a la hermosa plaza y yo no sé si escucharlo, mirar a los hombres que llevan el ritmo del golpeteo tradicional, apreciar todas las vajillas y calderos elaborados por ellos que están en una exposición al aire libre en las múltiples tiendas, o dedicarte a sacar fotos para el recuerdo: esto último debes hacerlo con mucho tacto, porque la mayoría de trabajadores de la medina son muy sensibles a que la gente vaya por ahí todos los días y a cada instante tomándoles fotografías.

Esta fotografía del maestro calderero es el resultado de unas quince que tomé, intentando no interrumpir la concentración del artesano; me ubiqué en diferentes ángulos en lo que, suponía, que no distraía para nada a este hermoso artesano. En la plaza nos quedamos muchos minutos escuchando la música de los artesanos y viendo cómo sin descanso y a la vista de todos, moldeaban una obra plástica que en unos días se llevará un lugareño o algún turista para su casa.

El trabajo artesanal del cobre es uno de los más castizos oficios de Fez, junto con la curtiembres y las tintorerías. Las vajillas de cobre que incluyen teteras, platos, tazas, vasos y bandejas, son indispensables en cualquier hogar marroquí: las emplean para agasajar a los invitados y para eventos tan importantes como las bodas. Hasta hace poco, ellas hacían parte fundamental del ajuar de las novias. Actualmente los productos elaborados en cobre se han convertido en una gran industria fuera de la medina, que cuenta con unos 300 talleres y emplean a unos 8.500 trabajadores. Y en la medina, en esta plaza antigua, 250 maestros caldereros y grabadores continúan dándoles forma artística a los elementos que elaboran: a ellos se les reconoce como ‘maestros artesanos antiguos’.

Para terminar la jornada, antes de buscar un restaurante donde cenar, subimos tres plantas a través de unas escaleras empinadas y estrechísimas, para ver desde una bella terraza decorada con hermoso tapices locales, el trabajo de estos maestros y escuchar esa linda música del golpeteo del martillo sobre la pieza que estaban elaborando en plena calle. El espectáculo es precioso. ¡Y solo pagamos la entrada por el precio de tres tés de menta! Privilegios que nos damos todos los que disfrutamos de la cotidianidad de las diversas culturas el mundo.

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