Los huesos, cada vez más en alza para modelar

Por OLGA GAYÓN/Bruselas

A esta top model la alimentan sus enemigos. Poco o nada de comida nutriente le lanzan sobre la mesa en cada jornada. Sus carceleros la privan de todo porque la ley no escrita dice que los huesos, cuanto más se vean, más rentables son. El armazón debe estar rodeado de la mínima cantidad de carne, por ello hay que arrebatar a la víctima toda clase de bocado que no sea el permitido si quiere lucir un esqueleto perfecto.

Ella, ante el público que aplaude el contoneo de sus huesos, fingirá que es feliz con su languidez; se hará la indiferente ante las ovaciones y los flashes de las cámaras, ya que su objetivo es salir imponente en las fotografías. Esos huesos diseñados para modelar caminan por la pasarela encaramados sobre unos tacones de aguja de 20 centímetros, por lo menos. Vamos, todo placer para la maniquí que ha entregado su adolescencia y juventud a la anhelada meta de poder pisar este salón de la alta cultura de París que se realiza cada año: son miles las que pagarían oro por no probar alimentos más de los necesarios para no morir en el intento de conservar sus huesos seductores ante los compradores. Ellas, que también se han privado de todo, se tienen que conformar con desfilar sus esqueletos en certámenes inferiores.

El saco de huesos que cada una de ellas porta por diferentes ciudades del mundo presume de clavículas filudas, fémures descarnados, talles tan rectos que han perdido su cintura, y unos pechos que de no ser por la existencia del pezón se diría que es el torso de una niña en la pre pubertad.

Foto: Anne-Christine Poujolat, AFP. Semana de la alta cultura de París, 2023

Siempre que veo modelos como las de esta fotografía pienso en los cuerpos de las víctimas liberadas de los campos de concentración nazis: algunas de ellas quizás tenían más carne que esas mujeres que marchan sobre tarimas angostas, luciendo trajes que diseñan otros, cada vez con menos centímetros de tela. ¿Alguien ha visto alguna vez a una de estas modelos sin maquillaje, sin peinados hechos por peluqueros y sin la ropa de pasarela? Yo sí; he visto varias. De verdad que generan lástima e incluso un poco de miedo. Son desagradables al ojo humano, dan ganas de llevarlas para nuestra casa, prepararles un buen plato de comida y, una vez alimentadas, llamar al servicio de urgencias. Pareciera que se van a quebrar y, acto seguido, perderán el conocimiento.  

Hace algunos años leí en un diario muy importantes del mundo hispano, El País de Madrid, un extenso reportaje que logró estremecerme: varias modelos que habían logrado salir del mundillo de las grandes pasarelas, denunciaban no solo la falta de alimentación a la que eran sometidas, sino la presión que ejercían sobre ellas los dueños de las empresas de modelaje, empresarios de las grandes marcas y los poderosos que giran alrededor de la industria de la moda: las drogaban para servir como damas de compañía en grandes fiestas, obligándolas a prestar toda clase de servicios sexuales. Lograban que se engancharan a diferentes drogas; entonces, la dependencia a los alucinógenos las convertía en sumisas y las mantenía muy… pero muy delgadas.

Pero de lo que quería hablar, viendo esta fotografía, es la crueldad que la alta costura ejerce sobre el cuerpo de sus modelos. Aquí yo únicamente veo un cuerpo listo para ser vendido y comprado, así los clientes no se lo lleven literalmente para su casa. Un cuerpo que debe tener muy poca carne para que el vestido ‘luzca mejor’. A través del sacrificio de miles de mujeres, quienes dictan lo que se debe llevar cada temporada, engrosan sus cuentas bancarias sin importarles que su mercancía para lucir los diseños muy pronto desparezca; hay suficiente ‘material’ de repuesto; miles haciendo cola para que les brinden la oportunidad de exponer sus esqueletos a los ojos de los consumidores y de las cámaras.

Más allá del sacrificio de miles de mujeres que desean ser top model, lo más dañino de esto es la influencia que su extrema delgadez produce sobre niñas y adolescentes. Trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia, propios de nuestra época, y que son una enfermedad mental, cada vez se están haciendo más frecuentes. Y las edades más propicias para padecerlas se encuentran entre los 12 y los 19 años. En Francia, el país más destacado de la alta costura, hay casi 50.000 adolescentes diagnosticadas. Y en el mundo han saltado las alarmas porque ahora es frecuente que niñas incluso de siete años ya estén siendo tratadas como anoréxicas.

Ante las fuertes críticas por promocionar la extrema delgadez en las niñas y mujeres, los representantes de casas de moda de destacadas marcas argumentan que “el problema del mundo actual está en la obesidad y no en la delgadez”; cosa que es verdad en parte. Por supuesto que en el mundo hay un grave problema de obesidad. Pero eso no quita que la alta costura sea en gran parte responsable de la desnutrición ‘voluntaria’ de niñas y adolescentes: un 6% de las diagnosticadas por anorexia muere y el 100% de ellas y sus familias sufre un verdadero calvario. Algo debemos estar haciendo como sociedad, cuando en medio de su abundancia millones de niñas y adolescentes deciden apostar por no alimentarse.

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