Otro Tino, otra monja, otro Varito

Todos somos Pedro en la víspera de la Crucifixión, o por lo menos, la mayoría de nosotros, hombres terrenales. Confrontados con un peligro inminente, negamos 3 veces lo que somos para salvar el pellejo, antes de que el gallo cante. La Iglesia Católica está basada en un Dios que no es de este mundo, pero, aquí, en el planeta tierra, todos somos de este mundo, todos somos bastante predecibles y susceptibles al miedo.

Como el miedo del Tino Asprilla, por ejemplo.


Hace cosa de 22 años trabajé como ingeniero de ventas para una compañía petrolera de presencia global. En Cali, tuve un colega vendedor que manejaba la zona de ventas del norte Del Valle del Cauca quien me aseguró que había conocido al Tino antes de hacerse futbolista. Según mi colega, el Tino era un muchacho de 14 o 15 años, simpático, que lavaba carros en una estación de servicio de Tuluá.


Pero, luego, su talento futbolístico lo llevó a la gloria y el Tino se hizo famoso. Como futbolista de élite, recorrió Europa jugando en clubes de prestigio, en donde hizo mucho dinero. Con esa plata ganada a punta de zancadas de crack regreso a su nativa Tuluá y se instaló como un rey. Compró casas, fincas y autos de lujo, y se volvió un referente del “cuatro-puertas-set” que lidera a Colombia socialmente (en Colombia no existe el verdadero jet-set con jets).


Hoy en día, el Tino, finquero y caballista consumado, es un acérrimo uribista, y por razones obvias: tiene finca, propiedades, dinero. Su inclinación política está dictaminada por su DEFENSA DE LA PROPIEDAD, es decir, el Tino se volvió un burgués apasionado.

El Uribismo, como ideología, solo tiene una directriz: la defensa de la propiedad, eso es lo único que lo define. Todo el que tiene un patrimonio significativo, es uribista, pues Varito es el candidato que defiende la propiedad, en especial, la tierra. Se trata de un partido desprovisto de ideología política en donde lo único que importa es el dinero y quién lo proteja. Y en pos de proteger el dinero y la propiedad, todo está permitido: masacres, exterminios, mutilados, corrupción, saqueó del erario público, paramilitares, mocha cabezas, etc. Para los uribistas, cualquiera que cuide la propiedad de los colombianos burgueses, tiene libertad absoluta para lograr su objetivo, punto.

Y el Tino, que pasó de lavador de carros a millonario, ahora se junta con quien le cuida la finca: Uribe.
Si el Tino nunca se hubiera convertido en estrella del fútbol internacional, lo más probable es que, de haber tenido una vida honesta, hubiera acabado en las toldas petristas, tal como los cientos de miles de afro-colombianos que siguen a Petro por todo el país como su única esperanza.
El “otro Tino”, el lavador de carros, sería hoy, tal vez, un líder social, un afro más que aspira a educación pública de calidad para sus hijos, buena salud y un mejor salario, y no el ex-futbolista de gustos traquetos en el que se ha convertido.

Igual con “Sor Megáfono”. Quizá, hoy, fuera una pía y tierna abuela si aquel mocito de su pueblo del cual estaba enamorada no la hubiera dejado metida.


Tal vez hubiera tenido hijos, y luego nietos, y hoy se dedicara a ellos todos los fines de semana, como lo hacen todos los buenos abuelos.


Tal vez reiría con gusto, y, de vez en cuando, se acordaría de las interminables noches de placer que su marido le daba en sus años mozos y soltaría una mueca pícara de esas que sueltan las mujeres maduras con buenos recuerdos de alcoba. Quizá sería otra cosa distinta de ese mostrico como salido de una novela de Stephen King en el se ha convertido: una estafadora, racista y mala clase que no vacila a la hora de atribuirse unos hábitos que nunca se hubo ganado.

Dos vidas muy distintas, dos senderos diferentes que conducen al mismo lugar: Alvaro Uribe Vélez, un hombre de una duplicidad patológica descomunal. “Belle de jour”, debería ser el apodo de Varito. De día, es un político sobrio, con voz de cura, un amansador de caballos, como el mismo se define. Pero de noche, es un monstruo que ordena masacres, cuadra corrupción y desaparece testigos. De día dice respetar la ley, pero de noche la corrompe. Y su fidelidad es efímera. Habla con esa solidez de los antioqueños embaucadores, pero actúa con la duplicidad de los paisas traquetos.
Ayer, tan sólo salir de la audiencia en la Corte Suprema, negó de inmediato a Cadena. Él no sabía nada de la ayuda “humanitaria” que Cadena le dio al testigo Monsalve, él no sabía nada de eso.
Se salva él, cae Cadena, eso estaba escrito.


Y todo esto lo hizo antes de que el gallo cantara. Ante la inminencia de la justicia, todos somos Pedro antes de la Crucifixión, hasta Varito.

Yo sé que Varito es el Diablo por gestos como ese. Si hubiera sido un santo, como cree “Sor Megáfono”, se hubiera sacrificado por Cadena, quien sí se inmoló por él.
En cambio, Varito se desmarca, condena el pago “humanitario” de Cadena, y se lo tira a la Corte para que esta se lo coman vivo.

Ese es el otro Varito: “un diable a la nuit”, un traidor con espuelas.

Otro que ingresa a la cárcel por cuenta de Varito.
¿Alguien sabe cuántos van?

@priast

Un comentario sobre «Otro Tino, otra monja, otro Varito»

  1. La cultura traqueta es atractiva, se metió POT todas las endijas de nuestra sociedad y su mayor exponente hoy goza de amplia aceptación entre los que adoran a Pablo Escobar, porque saben que ese que adoran es el verdadero capo de tutti los capos.

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