La provocadora mujer atea

Por SANDRA GARCÍA

En Colombia y en el mundo entero existen muchos colectivos de ateos que en pleno siglo XXI todavía se ven obligados a buscar un reconocimiento, personificado en algo así como el “santo grial” de los escépticos, el anhelado Estado laico.

Aunque todo esto puede sonar prometedor o incluyente, existe otra realidad, atada al sistema patriarcal que habitamos: me refiero a la evidente minoría de mujeres dentro de esos colectivos ateos, y es el motivo por el cual escribo esta columna.

Lilith, la mujer que abandonó a Adán, según la tradición judía. Imagen tomada de Abc.es

Sometidas desde niñas a dogmas religiosos y normas férreas de conducta, nos imponen modelos “virginales” que van desde la manera “correcta” de comportarnos frente al hombre o el modo en que debemos actuar en sociedad, hasta temas más íntimos como nuestra sexualidad, castrando así cualquier posibilidad de expresarnos con entera libertad, como sí ocurre con los hombres. La “pureza” de la mujer como máximo valor intrínseco es lo que nos define como buenas o malas mujeres, dependiendo por supuesto del acatamiento o rechazo a dicha norma.

Las disidentes de esta postura dogmática, cansadas de ser la Eva pecadora frente al inocente Adán, hastiadas del maltrato físico y sexual y de la discriminación por parte de las religiones, nos rebelamos como Lilith, quien según la leyenda abandonó a Adán, se fue del paraíso y se unió con Samael, su amante.

En la práctica, aunque se espera que los movimientos ateos se basen en el sentido común y el conocimiento, muchos hombres tienen incorporada a su psiquis la enseñanza bíblica de Adán y Eva que no acepta la igualdad femenina. Es por eso que las “provocadoras ateas” no solo tenemos que luchar para liberarnos de los dogmas religiosos, sino que además debemos traspasar otro muro, el de un machismo ateísta evidente y muchas veces grupal.

De manera consciente o inconsciente, los ateos machistas persuaden a las mujeres para que acepten como natural una jerarquía masculina, que vuelve a oprimir a la mujer dentro de los colectivos.

Además de lidiar con el ateísmo machista, a las mujeres ateas nos corresponde “salir del closet ateo”, romper con el modelo castrador madre-mujer-hija que nos impone una sociedad mayoritariamente masculina y subliminalmente religiosa, donde asocian los valores y la moral a estructuras míticas, bajo una presión y juzgamiento que ocasiona que muchas mujeres teman expresar libremente su no creencia, por miedo al rechazo de su familia o de sus amistades, incluso a no ser tenidas en cuenta en ofertas laborales.

Es una lucha interna constante y muy dura la que debemos librar para superar los miedos que desde niñas nos introyectan sobre el cuerpo femenino y sobre nuestra propia sexualidad, sumado a que desde posturas religiosas somos agredidas por sus delirios dogmáticos cargados de odio hacia la que piensa y actúa diferente al rebaño. Esta es agredida, encarcelada, latigada y hasta asesinada en países donde ser atea y mujer es doble delito.

Son contadas las mujeres que han enfrentado el rechazo y la opresión patriarcal, mujeres que con orgullo y tenacidad han proclamado su ateísmo como símbolo de libertad y ayudan a causas humanitarias.

Es el caso de la iraní Maryam Namazie, amenazada por grupos religiosos radicales, quien protege a exmusulmanas no creyentes o población LGBTI del Medio Oriente, muchos y muchas de ellas condenadas a muerte, cárcel o flagelaciones por “herejes”.

Shirley Rivera, atea boricua, defensora y promotora del Estado laico. Foto tomada de su Facebook

Otra provocadora -ya del lindero latino- es Shirley Rivera, nacida en Puerto Rico, presidenta del movimiento ateo boricua, defensora y promotora del Estado laico, quien lidera la reivindicación de los derechos femeninos, lo cual no consigue buena acogida dentro del ámbito masculino ateo.

Dos referentes que escogí para reconocer la labor del ateísmo femenino, para motivar a las ateas que en silencio soportan la discriminación desde los púlpitos o desde los ámbitos laborales, para apoyar a las que se enfrentan al machismo social ateo.

Se trata entonces de romper atavismos y proclamar nuestra libertad de no creer, dejando así constancia de que las provocadoras ateas existimos para tratar de hacer más habitable, lúdico y llevadero este planeta.

@ladytron26

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